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El refranero otoñal

Son muchos los refranes meteorológicos que aluden al tiempo otoñal. La gran variedad de situaciones atmosféricas que se dan en otoño, tiene su reflejo en el refranero, donde encontramos numerosas referencias a los tipos de tiempo y singularidades de septiembre, octubre y noviembre.

Lluvia otoñal
Estampa otoñal en un parque, un día de lluvia.

El otoño, con sus vaivenes atmosféricos, es una de las estaciones del año en la que pueden darse más tipos de situaciones meteorológicas; desde fuertes temporales de lluvia y viento, entradas de aire frío de origen polar de cierta enjundia, calores post-veraniegos y tardíos (los famosos veranillos), así como alternancia de días nublados y frescos o fríos, con otros de cielos despejados y ambiente agradable. Toda esta variedad queda bien reflejada en el refranero meteorológico y climático, donde el tiempo otoñal queda bien descrito. Merece la pena recordar algunos de esos refranes y comentarlos.

Las dos caras de septiembre

Septiembre es un mes muy traicionero. Hay días que nos recuerdan que seguimos en verano y otros que son típicamente otoñales. Un primer y conocido refrán afirma que Septiembre o seca las fuentes o arrastra los puentes. Se emplea sobre todo en la zona mediterránea, donde podemos tener un septiembre caluroso y seco o, por el contrario, puede desatarse un episodio de lluvias torrenciales de consecuencias catastróficas.

Sigue la misma línea el siguiente dicho popular: Del mes que entra con abad y sale con fraile, Dios nos guarde. Se refiere también al mes de septiembre y a su carácter cambiante, ocasionalmente con fuertes aguaceros tormentosos. El abad es San Gil, que se celebra el 1 de septiembre, y el fraile es San Jerónimo, que si miramos el calendario se corresponde con el día 30, el último del mes. El refranero también nos recuerda que Septiembre es bueno, si del uno al treinta pasa sereno, sin sobresaltos.

Membrillos
Membrillos maduros en las ramas del árbol a finales de septiembre. El veranillo de San Miguel se conoce también como veranillo del membrillo.

No suelo faltar a su cita el famoso veranillo de San Miguel. De forma indirecta, lo apunta el siguiente refrán: Septiembre a fin de mes, el calor vuelve otra vez. Es habitual que después de unos días con el tiempo más revuelto, con tormentas, la atmósfera se estabilice y apriete el calor hacia el 29 de septiembre, aunque esto no es una regla matemática y hay años en que ocurre un poco antes y otros algo después. Estos calores del principios del otoño aseguran una buena vendimia (Por San Miguel mucho calor, gran valor). Al veranillo de San Miguel también se le conoce como el “veranillo del membrillo”, por coincidir con las fechas en que suele madurar ese fruto.

Octubre es otoño de verdad

La entrada en escena del tiempo puramente otoñal varía de unos años a otros, con una tendencia a atrasarse, debido al estiramiento de los días de verano provocado por el calentamiento global. Un primer refrán, todavía alusivo al primer mes del otoño, afirma que Si en septiembre comienza a llover, otoño seguro es. La llegada de los primeros frentes de lluvia es el primer signo de que el verano llega a su fin. Esa primera situación otoñal no tiene una fecha fija de aparición. Otro refrán indica que El otoño verdadero, por San Miguel el primer aguacero, lo que entra en contradicción con la aparición del veranillo de San Miguel en la misma fecha.

Dos refranes anticipan la fecha en la que el imaginario popular sitúa el cambio definitivo al período de tiempo otoñal: El cordonazo de San Francisco se hace notar, tanto en la tierra como en el mar, y La otoñada segura, San Francisco la asegura. El día de San Francisco de Asís es el 4 de octubre. Por esas fechas, suele acontecer en la Península Ibérica la primera entrada “seria” de frío polar con lluvias y vientos fríos del noroeste, que hacen bajar acusadamente las temperaturas. Esas lluvias son muy bien recibidas por las gentes del campo, de ahí el dicho: Octubre lluvioso, año copioso.

Nieve otoñal en las montañas
Bella estampa otoñal en el Parque Nacional Jasper, en Canadá, con las cumbres nevadas al fondo

En noviembre el invierno asoma la cabeza

Si bien noviembre es el tercer mes que completa el trimestre otoñal (otoño climatológico o meteorológico), lo empezamos a asociar al frío y al tiempo pre-invernal, que a lo largo de ese mes suele hacer acto de aparición. El refrán meteorológico más conocido de este mes es el famoso: Por los Santos, nieve en los altos. Esta es una de sus versiones cortas; otra sustituye los altos por los campos; y también está la versión larga, que dice: Por todos los Santos, nieve en los altos; por San Andrés, nieve en los pies. El dicho deja a las claras que según avanza noviembre el frío va siendo cada vez más evidente, convirtiéndose el tiempo en invernal a finales de mes. Dicha circunstancia la corrobora ese otro refrán que afirma que De los Santos a Navidad es invierno de verdad.

Algo menos conocida es otra versión del refrán antes referido, que de manera muy expresiva dice: Noviembre, ¡qué lata de mes!, empieza por Todos los Santos y acaba por San Andrés. La afirmación es una obviedad, ya que todo el mundo sabe que noviembre tiene 30 días. El primero es el Día de Todos los Santos, y el último –el día 30– la festividad de San Andrés. La alusión al tiempo viene implícita en el calificativo de latoso, ya que esa es la sensación que provocan en nosotros las continuas idas y venidas del tiempo que tienen lugar en noviembre. Lo que casi todos los años podemos dar por seguro es que Noviembre acabado, invierno empezado, si bien la crudeza de los inviernos de ahora poco tiene que ver con la de antaño.