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Crónica de una ola de calor anunciada: datos y algunos precedentes

La ola de calor que hemos tenido esta semana ha sido excepcional, tanto por su larga duración (una semana) como por las fechas tan tempranas en las que se ha producido y por la magnitud alcanzada por las altas temperaturas.

olas de calor junio
La ola de calor ocurrida en junio de 2022 ha puesto de manifiesto nuestra vulnerabilidad a este tipo de fenómenos cada vez más frecuentes, intensos y duraderos.

Escribo estas líneas al término de una semana de calor sofocante en la mayor parte de España, como consecuencia de una ola de calor temprana que ha tenido una magnitud de la que apenas encontramos precedentes al bucear en los registros climatológicos. Los datos provisionales de AEMET de las máximas alcanzadas el sábado 18 de junio hablan por sí mismos de su excepcionalidad: 43,5 ºC en Hondarribia (en el aeropuerto de San Sebastián), 42,6 ºC en La Almunia de Doña Godina (Zaragoza) y 42 ºC en Irurita, en el valle del Baztan (Navarra).

A falta del estudio final de la ola de calor, en el que se analizarán con detalle todos los registros, se han batido muchos récords, tanto de temperaturas máximas como de mínimas altas, registrándose noches tropicales por toda la geografía española, y no pocas noches tórridas o ecuatoriales, que es el nombre que se da a las madrugadas en que la temperatura no baja de los 25 ºC. La temperatura más alta registrada en la red de estaciones de AEMET durante la ola de calor fueron los 44,5 ºC de Andújar (Jaén) del 17 de junio. En cuanto a las mínimas altas, destacan los 27,4 ºC medidos en Osuna (Sevilla) el día 13.

Un episodio extraordinario previsto por los modelos

Esta ola de calor fue anunciada por partida doble. Por un lado, con varios días de antelación (comenzó el domingo 12 de junio, aunque hay que esperar si tras la revisión de los datos, se adelanta su inicio al sábado 11), el modelo del Centro Europeo –con el que trabajamos en Meteored– apuntaba ya a un episodio de altas temperaturas muy destacado, siendo varios los indicadores que señalaban que tendría un carácter excepcional.

Por otro lado, la predicción estacional para el verano, disponible a principios de mayo, señalaba anomalías muy cálidas en la Península y en otras zonas de Europa occidental para el mes de junio, lo que invitaba a pensar también en que tendríamos alguna ola de calor.

Olas de calor más frecuentes, intensas y a destiempo

Ahí no queda la cosa, ya que su extensión y magnitud es insólita en esta época del año. Hemos vivido una ola de calor comparable a algunas que hemos tenido otros años en plena canícula (entre mediados de julio y mediados de agosto), sin olvidarnos tampoco de la “casi ola” que tuvimos el pasado mes de mayo, en la que también se pulverizaron algunos récords de altas temperaturas. Todo apunta a que asistiremos cada vez más a este tipo de situaciones en las que el calor extremo irrumpe o bien en primavera o bien en otoño, aparte de la magnitud que puedan alcanzar las olas de calor plenamente veraniegas.

El IPCC en su Sexto Informe (AR6), publicado en su totalidad este mismo año (2022), afirma que es prácticamente seguro que los extremos cálidos (donde incluimos las olas de calor) se han vuelto más frecuentes e intensos en la mayoría de las regiones terrestres desde la década de 1950, en contraposición a los fríos, cuya frecuencia es significativamente menor.

Con la vista puesta en el futuro, se proyecta (con un nivel de confianza alto) que en muchas regiones de la Tierra, las olas de calor y las sequías simultáneas serán más frecuentes. Dicha frecuencia y su magnitud variarán en función de lo que vaya subiendo la temperatura a lo largo del presente siglo.

La ola de calor de junio de 1981

La ola de calor que acabamos de tener ha ocurrido prácticamente en las mismas fechas que otra también muy destacada ocurrida en junio de 1981, cuando nadie (salvo algunos científicos) hablaba todavía del cambio climático. Aquella ola fue excepcional, aunque menos duradera y extrema que la actual. No obstante, se batieron numerosos récords, incluido uno que no ha llegado a superarse estos días: los 44,8 ºC de temperatura máxima alcanzados en Morón de la Frontera (Sevilla) el 13 de junio de 1981.

Se ha comparado esta ola de calor con la de junio de 1981, aunque la que acabamos de dejar atrás ha sido más duradera, extensa y extrema.

La situación sinóptica que propició ambas olas fue similar: una dorsal de aire muy cálido procedente del norte de África, que abrazó la Península, con una notable subida de las temperaturas, reforzada en distintos momentos y zonas por factores dinámicos y locales.

Ola de calor de junio de 1981
Mapa de reanálisis ERA de los campos de temperatura a 850 hPa y presión en superficie correspondiente al 13 de junio de 1981 a las 18Z. Fuente: www.wetterzentrale.de

Hay más olas de calor documentadas en meses de junio. Desde 1975 (año desde el que AEMET contabiliza las olas de calor), se han producido 9 olas de calor en dicho mes, 7 de las cuáles han ocurrido en lo que llevamos de siglo. El aumento en la frecuencia de aparición de olas de calor tempranas (en junio y, probablemente pronto también en mayo) es incuestionable, está avalado por los datos y va a más, según lo apuntado por el IPCC.

Esta circunstancia no se puede desligar del calentamiento global. Tal y como recordaba hace unos días el meteorólogo Ángel Rivera: “en la mayor parte de los estudios de atribución llevados a cabo en relación con estas situaciones de olas de calor en distintas partes del mundo, aparece con bastante claridad la relación con el cambio climático.”