De Barcelona a Córdoba (Argentina): estudiando las tormentas más grandes del mundo con el proyecto RELAMPAGO. Parte I

Se presenta la experiencia personal de Anna del Moral cuando participó en el período de observación intensiva del proyecto RELAMPAGO (Remote sensing of Electrification, Lightning, And Mesoscale/microscale Processes with Adaptive Ground Observations

Colaboración Francisco Martín Colaboración Francisco Martín 03 Feb 2019 - 22:23 UTC

RAM. El artículo ha sido dividido en dos partes por su extensión.

Mi nombre es Anna del Moral, estudiante de doctorado e investigadora del Grupo de Análisis de situaciones Meteorológicas Adversas (GAMA, https://gamariesgos.wordpress.com ) de la Universidad de Barcelona. El pasado otoño tuve la oportunidad de unirme al período de observación intensiva del proyecto RELAMPAGO (Remote sensing of Electrification, Lightning, And Mesoscale/microscale Processes with Adaptive Ground Observations, https://sites.google.com/illinois.edu/relampago/home ) que se llevó a cabo del 1 de noviembre al 16 de diciembre de 2018, para estudiar las tormentas convectivas que producen episodios meteorológicos de alto impacto (piedra, rachas de viento fuertes, inundaciones, etc.) al pie de los Andes, en Argentina.

Me dieron la oportunidad de narrar un poco mi experiencia aquí, y como no sabía muy bien cómo enfocar mi relato, he decidido basarlo en las preguntas frecuentes que compañeros, amigos y familia, me han ido haciendo desde que estoy de vuelta. ¡Así que allá voy, espero que os interese!

¿Con quién he trabajado?

Desde que llegué, me incorporé al grupo de trabajo del Center for Severe Weather Research (CSWR, http://cswr.org ), dirigido por Joshua Wurman y Karen Kosiba, del que formé parte durante el mes y medio que duró la campaña intensiva. El equipo se encargaba de operar los diferentes radares y estaciones móviles (Doppler on Wheels, DOWs, y Mesonets), y de realizar algunos de los muchos radiosondeos que se hicieron durante la campaña. El equipo del CSWR estaba formado por unas 30 personas, contando los propios investigadores del grupo más los colaboradores que veníamos de diferentes centros de investigación o universidades del mundo, entre ellas, de Estados Unidos, Brasil, Argentina y España.

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Foto de grupo del CSWR y colaboradores con el DOW 8. Autor: Miguel Ottaviano.

¿Qué es un DOW? ¿Y un Mesonet?

Un DOW, del inglés Doppler on Wheels (radar sobre ruedas), es un radar meteorológico montado sobre un camión, que permite que el radar sea móvil y, por lo tanto, podamos escanear las tormentas objetivo desde cerca. El equipo del CSWR tiene tres radares móviles o DOWs y un C-band DOW (o amigablemente COW). Los DOWs son radares Doppler de banda X () y el COW es de banda C (). Todos ellos son capaces de medir velocidades radiales Doppler a partir del cambio de fase en la onda electromagnética retornada (eco), mostrándonos si el “objetivo” que escaneamos se acerca o se aleja. Además, todos son polarimétricos o de doble polarización, con lo que transmitiendo y recibiendo la onda electromagnética tanto en el plano horizontal como en el vertical, permiten saber la forma, el tamaño y el tipo de hidrometeoro, ayudándonos en la detección de granizo, por ejemplo, y salvo uno de los DOWs, todos son de doble frecuencia, con lo que permite tener muchos más datos en el mismo tiempo que uno de frecuencia simple.

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DOW 8 i 6 estacionados en el Servicio Meteorológico Nacional de Argentina. Foto: Anna del Moral

Un Mesonet es una estación meteorológica móvil que va montada sobre una camioneta. En la parte delantera tiene un mástil donde van los anemómetros y otro instrumental, y en la parte trasera lleva guardados los PODs y disdrómetros que se colocan en las diferentes localizaciones en cada misión. Los disdrómetros sirven para medir distribución de gotas, tamaño y velocidad de caída, cuando llueve, y los PODS son estaciones meteorológicas de rápido montaje sobre el terreno, para medir velocidad y dirección del viento, temperatura y humedad.

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Scout o Mesonet con anemómetro en el mástil delantero. Foto: Anna del Moral
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Izquierda: Disdrómetros Parsivel para la medición de distribución de gotas. Derecha: PODs. Foto: Anna del Moral

La mayor diferencia física entre los DOWs y el COW es el tamaño de la antena, debido a que trabajan con longitudes de onda diferentes, y consecuentemente las antenas son de diferente diámetro. En los DOWs la antena es de menor diámetro y los hace más fácilmente transportables, pero, en consecuencia, la atenuación es mayor y el rango de alcance es menor. Por ese motivo son diseñados para estudiar tormentas concretas y desde cerca. Por el contrario, el COW tiene una antena mayor, la atenuación es menor y el alcance mayor, pero consecuentemente no es tan fácilmente transportable y durante la campaña se instaló en una localización para operar siempre desde allí. Este último, el COW, fue mi radar durante toda la campaña, bueno el mío y el de mi compañero Tom Gowan, de la Universidad de Utah, con lo que mientras los demás equipos debían transportar el radar a las localizaciones que se les indicaban, el nuestro nos esperaba siempre en el mismo sitio y la puesta en marcha era más rápida.

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C-band DOW escaneando la atmósfera en una misión de iniciación de convección. Foto: Anna del Moral

¿Y bien, cómo era el COW por dentro?

Pues un laboratorio pequeñito, con ordenadores potentes y un montón de material electrónico para controlar el radar. Fue mi loft particular durante toda la campaña, en el que pasé horas y horas sentada y mirando las tormentas que se nos venían encima o que se paseaban alrededor. En resumen, un lujo para aquellos que trabajamos o investigamos tormentas a partir de radar, porque con la mejor y última tecnología, estar ahí analizándolas en tiempo real y con dicha instrumentación fue una de las mejores experiencias de mi carrera.

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Panel de control del C-band DOW durante un día de misión, con el campo de reflectividad y viento radial Doppler visible en los paneles. Foto: Anna del Moral

¿Cómo era un día de misión?

La campaña RELAMPAGO tenía principalmente tres tipos de misión: iniciación de convección (CI), severidad y crecimiento a mayor escala (upscale growth), con lo que se intentaba que cada misión fuera para obtener datos de uno o de varios tipos combinados.

Cada día, a las 12 y las 19 UTC (9 y 18 hora local de allí), hubiera o no posibilidad de IOP (Intensive Observation Period), se hacía un breafing o discusión del tiempo, para todos los participantes del proyecto. Se presentaba la situación meteorológica pasada y del momento, y se hacía un pronóstico para los 3 días siguientes. Luego, los diferentes investigadores principales se reunían para determinar qué tipo de IOP se iba a llevar a cabo, cuales iban a ser las horas operativas y dónde se iban a emplazar los diferentes instrumentos móviles.

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Sesión breafing de tarde en el centro de operaciones uno de los primeros días del proyecto. Foto: Anna del Moral

A partir de ahí, empezaba el preparativo de todos los del equipo: comprobar la presión en las ruedas de todos los vehículos, que el material electrónico estuviera cargado y a punto, mirar en nivel de aceite de motores, combustible, cargar bombonas de helio en las camionetas, poner a punto el material de radiosondeo, etc. También, por supuesto, preparar comida y comprar provisiones para la misión; ¡las galletas y el café no podían faltar para los días de misión (jeje)!

Una vez nos indicaban que había misión, se nos convocaba a una reunión a todo el equipo, para explicarnos el área a dónde íbamos, qué tipo de misión, a qué hora había que empezar a recoger datos (hora oficial de misión), cuánto iba a durar, qué se esperaba ver, etc.

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Ejemplo de mapa de localizaciones de todos los sistemas y equipos de observación durante una IOP. Foto: CSWR.

Cada equipo cogíamos nuestra tableta de navegación, las localizaciones que nos enviaban, y un montón de gadchets para mantenernos comunicados con el resto de equipo, para que el centro de operaciones nos pudiera seguir la localización en directo y por si había alguna emergencia. Estos aparatos eran de vital importancia. Por un lado, evidentemente, para el buen funcionamiento de la campaña y de la recogida de datos, ya que desde el centro de operaciones podían decidir cambiar los puntos de medición de los diferentes instrumentos, dependiendo de cómo variaba la meteorología. Realmente era muy emocionante estar en el “campo”, moviéndose al son de la meteorología real y salirse de lo que comúnmente hacemos los que trabajamos en este campo; modelos y/o tratar datos de instrumentación una vez ya se han recogido por un sistema de estaciones o un instrumental estático. Cuántas veces habré dicho: “¡ojalá hubiera tenido justo el radar debajo de esta tormenta!”. Por otro lado, y muy importante, la localización a tiempo real, y los walkie-talkies o radios satélites, eran el punto clave para nuestra seguridad. Tanto Karen como Josh, velaban por nuestra seguridad en todo momento des del centro de operaciones.

Los datos que se iban recogiendo en tiempo real, se enviaban al centro de operaciones, donde se mostraban junto con las localizaciones de todos los vehículos que salíamos a medir. De este modo, si una tormenta parecía cambiar de dirección, intensificarse con piedra o algún otro fenómeno severo que pudiera interceptarnos, nos podían avisar para movernos y quitarnos de su paso.

Continúa en Parte II: https://www.tiempo.com/ram/501831/de-barcelona-a-cordoba-argentina-estudiando-las-tormentas-mas-grandes-del-mundo-con-el-proyecto-relampago-parte-ii/

Anna del Moral Méndez

Esta entrada se publicó en Reportajes y está etiquetada con tormenta, tormenta severa, Argentina, Relámpago, en 03 Feb 2019 por Francisco Martín León
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