¿Por qué el aire sahariano tiene tan mala prensa?

Ni todos los episodios de calor proceden del Sahara, ni todo lo que procede del Sahara es sólo "calor seco". Conviene repasar las características de estas peculiares masas de aire que tanto nos preocupan en verano.

Victor González Victor González 22 Jun 2019 - 08:14 UTC
Sahara
Polvo y arena levantados por el viento en una duna del Desierto del Sahara.

En la Península Ibérica, como en buena parte de Europa occidental y meridional, estamos acostumbrados a las visitas de masas de aire de distinta naturaleza prácticamente en cualquier estación. Es en cierto modo una de las características climáticas principales de muchas regiones de latitudes medias. Entre ellas destacan especialmente las masas de aire continental tropical, cuya procedencia en el caso de nuestro país es, por proximidad, el desierto del Sahara y regiones adyacentes.

Una masa de aire tropical continental es casi por definición una masa de aire cálido y seco. El escaso o nulo recorrido marítimo que acumulan hasta la llegada a la Peninsula Ibérica, impide que su contenido en humedad sea rico y, por tanto, las precipitaciones son muy escasas bajo la influencia de estas advecciones. De la misma forma, al proceder de regiones situadas a menor latitud y con mayor radiación solar, garantiza que las temperaturas suelan ser elevadas, efecto que se acentúa precisamente por su escaso contacto con la humedad del océano.

Aunque nos llaman la atención en verano por las elevadas temperaturas que pueden llegar a acompañarlas, las masas de aire sahariano pueden hacer acto de presencia en cualquier momento del año. De hecho, es relativamente frecuente que las borrascas formadas durante el otoño e invierno arrastren aire del desierto en su flanco delantero. Pero es evidente que en verano son bastante más “temidas” por ser importantes aliadas de la sequía y los incendios forestales. Esto es debido a que la baja humedad, las altas temperaturas y el viento que en ocasiones las acompañan, aumentan mucho la evapotranspiración facilitando la perdida de agua de las capas más superficiales del suelo, así como de la vegetación.

Imagen de satélite (Terra-MODIS) de una advección sahariana desplazando abundante polvo sobre Las Canarias.

¿Todos los episodios de calor proceden del Sahara?

Lo cierto es que no. Aunque las masas de aire procedente del Sahara son indudablemente cálidas, la Península Ibérica es una masa continental capaz de generar su propia masa de aire cálido y seco en los meses de mayor insolación. De hecho, muchos de los episodios de calor que nos afectan durante el verano están gestados a partir de masas de aire que apenas se han movido de nuestra región y que no necesariamente proceden del desierto. La abundante radiación solar de los meses estivales sobre el suelo peninsular se encarga de ir calentando, progresivamente, la masa de aire estancada sobre él.

Algo parecido sucede en los meses de invierno, pero en este caso con las bajas temperaturas. En ocasiones en las que predomina un extenso anticiclón sin movimientos significativos de las masas de aire, se producen episodios de heladas significativas asociados a una masa de aire frío y seco que ha ido gestándose sobre la Península pese a no tener una procedencia necesariamente polar continental.

No todo es calor y sequía: Hay mucho más...

Una particularidad que tienen las masas de aire sahariano es la abundante presencia de partículas sólidas suspendidas en el aire que traen consigo, dando lugar a la calima cuando aparecen en grandes concentraciones. Este particular litometeoro tiende a disminuir la visibilidad y atenúa ligeramente la radiación solar que llega a la superficie. En ocasiones, si se desarrollan chubascos en un área de abundante calima, pueden llegar a producirse precipitaciones en forma de barro, ya que las gotas de lluvia arrastran las partículas de polvo que encuentran en su camino.

Atardecer con abundante calima en Valladolid, tras una advección sahariana en junio de 2012.

Un detalle importante a destacar, es que las advecciones de aire sahariano son en ocasiones las principales responsables de hacer saltar las alarmas de mala calidad del aire. Esto se debe a que disparan los niveles de “pm10”, es decir, de partículas cuyo diámetro es inferior a 10 micrómetros y que quedan registradas por las estaciones de control de calidad del aire. No obstante, y aunque en ciertas circunstancias pueden llegar a ser perjudiciales, no deben confundirse con partículas más pequeñas (inferiores a 2,5 e incluso a 1 micrómetro) de origen artificial y cuyo impacto en la salud es mayor.

Pero no todo son desventajas, es más, estas advecciones desérticas tienen un papel fundamental en la naturaleza. No hay que olvidarse de que ese polvo sahariano también contribuye en gran medida a la dispersión de fertilizantes una vez que se deposita en el suelo. El polvo que procede de este desierto y en especial en la región de la Cubeta del Chad, tiene un alto contenido en fósforo. De hecho, un estudio de 2015 publicado en la revista científica “Geophysical Research Letters” concluía que la circulación de vientos tropicales del este arrastra una gran cantidad de material desde el desierto del Sahara hasta el continente americano, depositándolo sobre el amazonas y enriqueciendo sus suelos.

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