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Resumen anual 2019, el año de los extremos: invierno y primavera

El invierno y la primavera de 2019 se caracterizaron por ser cálidos y secos, con una ola de calor extrema y numerosos records meteorológicos batidos. Veamos con detalle todas estas cosas.

Plaza de España de Sevilla y murallas de Ávila nevadas, ejemplo de los contrates en mayo de 2019
La primera parte del año 2019 se caracterizó por sus enormes contrastes, por ejemplo en mayo se del verano al invierno en pocos días. Fuente: Fernando Llorente Martínez.

No es tarea fácil resumir este año tan movido, por eso vamos a dividirlo en cuatro trimestres, que podrían coincidir con las cuatro estaciones del año y dentro de cada una de ellas hablaré de los fenómenos más significativos, las temperaturas, la precipitación y la superación de los umbrales absolutos en los valores diurnos, nocturnos y la precipitación diaria.

Características climáticas del invierno

Durante los meses de enero, febrero y marzo nos afectaron cuatro borrascas con gran impacto: Gabriel, Helena, Isaias y Laura, con fuertes vientos e importantes precipitaciones, aunque mal repartidas espacial y temporalmente.

Este período del año en conjunto fue cálido; normal o algo frío en enero, y cálidos febrero y marzo. Destacando en el segundo mes del año la anomalía térmica, con valores próximos a 3,0 ºC en zonas de la mitad norte peninsular. En marzo la media de las temperaturas máximas fue la más alta de lo que llevamos de siglo XXI. En observatorios principales de AEMET, la máxima y la mínima más alta y baja, durante este período, correspondieron a Valencia con 29,8 ºC en marzo y a Molina de Aragón, Guadalajara, con -11,3 ºC en enero.

Respecto a las precipitaciones, el invierno fue muy seco en comparación a los valores normales, salvándose solo enero que se puede considerar como normal, aunque los aportes hídricos estuvieran desigualmente repartidos. Hubo dos períodos de precipitaciones importantes, uno en enero que aportó valores de 300 l/m2 en el área del Cantábrico oriental y otro en marzo, con valores cercanos a los 100 l/m2 que afectaron a Galicia y el área levantina. En los archipiélagos solo las islas de Tenerife, Gran Canaria y Menorca tuvieron lluvias ligeramente por encima de lo normal.

Durante el invierno se superaron numerosos valores extremos en las variables de temperatura y precipitación. En el caso de las temperaturas máximas absolutas destacó el período cálido de la última decena de febrero, en el que trece estaciones principales de la red de AEMET, situadas todas en la mitad norte de la Península, superaron el valor más alto de su serie, destacando el aeropuerto de Zaragoza, con 25,5 ºC, tres grados más alta que el valor anterior que databa de 1978.

Refiriéndome a las precipitaciones, pese a ser un invierno seco, se superó la precipitación máxima diaria en los observatorios principales de Pontevedra y de Oviedo, con 91,5 l/m2 y 76,5 l/m2.

Características climáticas de la primavera

Durante los meses de abril, mayo y junio nos afectó una DANA en Semana Santa, una borrasca con gran impacto, Miguel y justo a continuación una ola de calor muy importante, con records de temperatura máxima absoluta en muchas regiones españolas.

Este período del año, en conjunto, fue cálido; normal en abril, extremadamente cálido en mayo y cálido en junio. Destacando en este último mes la anomalía térmica, con valores próximos a 2,0 ºC en zonas del nordeste y sudeste peninsulares. En observatorios principales de AEMET, la máxima y la mínima más alta y baja durante este período corresponden a Lérida, con 43,4 ºC en la ola de calor de junio y a Burgos aeropuerto, con -5,2 ºC en abril.

Respecto a las precipitaciones, la primavera fue muy variable y en conjunto seca en comparación a los valores normales. Abril sí fue muy húmedo, siendo el segundo más húmedo en lo que llevamos de siglo, con episodios de precipitaciones muy importantes en Galicia, en la sierra de Grazalema, con valores de entre 150 a 200 l/m2 y en puntos del área mediterránea alcanzando los 300 l/m2. En cambio, los dos siguientes meses fueron de secos a extremadamente secos, siendo mayo el segundo con menos precipitaciones de este siglo.

Durante la primavera se superaron numerosos valores extremos en las variables de temperatura y precipitación. En el caso de las temperaturas máximas absolutas destacaron dos períodos cálidos, uno a finales de mayo, cuando en La Coruña se alcanzaron los 33,6 ºC; y el otro en la ola de calor de los últimos días de junio, con la llegada de una masa de aire tropical continental muy cálida y seca procedente del norte de África, que afectó a gran parte de la Península y a Baleares. Dieciocho capitales de provincia superaron el valor más alto de su serie, destacando Lérida con 43,4 ºC, máxima de todo el año 2019 y en nuestra porra para esa ola de calor. Gerona, con 43,0 ºC, fue la ganadora superando en 3,3 ºC el valor anterior.

Catedral de Gerona, Juego de Tronos, ola de calor junio de 2019 temperatura máxima más alta de su historia.
El observatorio de Gerona, durante la ola de calor de junio, superó su máxima absoluta en más de 3 ºC. En la imagen su catedral.

Junio fue un mes de grandes contrastes, incluso hubo dos estaciones en las que se registró la temperatura mínima absoluta más baja de su serie, Logroño aeropuerto con 2,7 ºC y Teruel, con 0,7 ºC.

Refiriéndome a las precipitaciones, pese a ser una primavera seca, se superó la precipitación máxima diaria en el mes de abril en seis observatorios principales, destacando Alicante aeropuerto con 98,9 l/m2, superando en más de 60 l/m2 el valor anterior. En este observatorio también se superó la precipitación mensual más alta, con 185,9 l/m2.

Dejo para un siguiente artículo lo que falta de este 2019 tan extremado y que ha conseguido que los registros absolutos hayan sido pulverizados en muchos observatorios principales de la red de AEMET.