Si alguien pensaba que el cambio climático solo tenía que ver con osos polares en lugares lejanos o frío y calor....conviene mirar al plato. El impacto no es solo ambiental o económico: también es sensorial y cada vez lo notaremos más.
Licenciada en Farmacia con especialidad en I+D+i e Industria, y con máster en biotecnología, innovación y seguridad alimentaria. Trabaja desde hace 10 años en la industria alimentaria, tanto en departamento de calidad, como directora de I+D+i y actualmente como directora técnica, teniendo formación como auditora en BRC, IFS, ISO 22000 e ISO 9001.
Es profesora asociada en el Grado de Nutrición y Dietética de la Universidad Europea Miguel de Cervantes en las asignaturas Legislación alimentaria y Política alimentaria.
También como Miembro del equipo docente en el Máster en Biotecnología, Innovación y Seguridad Alimentaria y en el Curso Universitario Especializado en Cocina Industrial.
Entre sus actividades divulgativas están la colaboración con la plataforma de divulgación científica: Naukas, Desgranando Ciencia, Salud sin Bulos, así como en diferentes medios de prensa escrita como Atresmedia y Revista Mía. Radio con una sección sobre alimentación y seguridad alimentaria en Radio Nacional de España en el programa Gente Despierta y televisión en TV CyL 8 dentro del programa “Vamos a ver”.
Autora del libro “No comemos como antes, y menos mal” de Ed. Paidós.
Si alguien pensaba que el cambio climático solo tenía que ver con osos polares en lugares lejanos o frío y calor....conviene mirar al plato. El impacto no es solo ambiental o económico: también es sensorial y cada vez lo notaremos más.
Proponen aprovechar los compuestos naturales de las hojas de olivo para crear envases activos que alargan la vida útil de los alimentos, reduciendo plástico y desperdicio.
Abril engaña. Mucho. Sales a la calle, notas el aire fresco, incluso una ligera brisa, y tu cerebro lanza un mensaje tranquilizador: “no pasa nada, esto no queda”. Y esto es un grave error.
Si algo tenemos claro de las misiones espaciales es que no hay margen para el error. Ni en los sistemas, ni en las decisiones… ni en la comida. La comida allí tiene mucha tecnología que llega aquí.
No es sugestión ni mal humor gratuito. La ciencia explica cómo el viento foehn altera tu serotonina a través de la ionización positiva del aire y por qué nos afecta tanto.
Ninguna Semana Santa es igual a la otra, pero todas tienen en común las torrijas. Eso sí, no es lo mismo en Sevilla que en Valladolid y es por la termodinámica.
¿Te duele la cabeza cuando cambia el tiempo? No es sugestión: la ciencia explica cómo la presión barométrica altera tus senos paranasales y vasos sanguíneos. Descubre por qué tu tía es un barómetro viviente.
La guerra no termina cuando cesan los disparos. Explosivos, metales pesados y combustibles permanecen décadas en el suelo, y algunos acaban entrando (silenciosamente) en cultivos, agua y alimentos.
Cuando el cielo se tiñe de marrón no es solo una rareza meteorológica: la calima cambia lo que respiramos y puede afectar seriamente a la salud. Veamos qué hay detrás.
Seguro que has oído mil veces eso de que "los tomates de ahora no saben como antes" (como si supiéramos cómo sabían antes). Pues prepárate que, por culpa del cambio climático, además tendrán menos nutrientes.
España deja atrás un tren de borrascas histórico que ha provocado que el sol apenas se haya visto en muchas comunidades en el último mes: por qué no es necesario que vayas corriendo a por suplementos de vitamina D.
Las lluvias de las últimas semanas, sumadas a un comportamiento inusual del aliso, han creado el caldo de cultivo perfecto para una explosión de alérgenos en este final del invierno en España.
La humedad persistente no solo cambia el paisaje. También influye en cómo respiramos, dormimos y nos sentimos cuando la lluvia se instala durante días, como está sucediendo estas semanas en España.
En invierno la seda se esconde bajo el abrigo, pero la necesidad de agua no desaparece: el frío engaña al cuerpo y beber menos puede pasarnos factura sin avisar.
Escalofríos persistentes, torpeza, confusión o un cansancio que invita a “cerrar los ojos un momento” no son sólo molestias invernales: son señales de alerta. La hipotermia no aparece de golpe: el cuerpo avisa, pero hay que saber escucharlo.
Llega de nuevo el frío y te cuesta más levantarte, sueño a deshoras, estás más irritable, menos brillante, y la manta es tu objeto de referencia. No es pereza, tampoco falta de fuerza de voluntad.
Hay un momento muy concreto en el que decidimos que un alimento no nos gusta: cuando lo miramos. Antes de olerlo, antes de probarlo. El color manda, ¿o no?
Navidad es ese momento del año en el que aparecen en casa alimentos que no recordábamos haber comprado, pero que siguen ahí semanas después, imperturbables, como si el tiempo no pasara por ellos.
Hay un momento del año en el que coinciden tres clásicos en la mesa: langostinos, conservas y vino: Navidad. Manteles bonitos, copas llenas… y, sin enterarnos, un mismo protagonista pasando de plato en plato: los sulfitos.
Las Navidades son esa maravillosa época del año en la que la mesa se llena de comida, la familia de opiniones no solicitadas y el frigorífico de “esto me lo guardas, que mañana aún está bueno”.