La guerra no termina cuando cesan los disparos. Explosivos, metales pesados y combustibles permanecen décadas en el suelo, y algunos acaban entrando (silenciosamente) en cultivos, agua y alimentos.
La guerra no termina cuando cesan los disparos. Explosivos, metales pesados y combustibles permanecen décadas en el suelo, y algunos acaban entrando (silenciosamente) en cultivos, agua y alimentos.
Cuando el cielo se tiñe de marrón no es solo una rareza meteorológica: la calima cambia lo que respiramos y puede afectar seriamente a la salud. Veamos qué hay detrás.
Seguro que has oído mil veces eso de que "los tomates de ahora no saben como antes" (como si supiéramos cómo sabían antes). Pues prepárate que, por culpa del cambio climático, además tendrán menos nutrientes.
España deja atrás un tren de borrascas histórico que ha provocado que el sol apenas se haya visto en muchas comunidades en el último mes: por qué no es necesario que vayas corriendo a por suplementos de vitamina D.
Las lluvias de las últimas semanas, sumadas a un comportamiento inusual del aliso, han creado el caldo de cultivo perfecto para una explosión de alérgenos en este final del invierno en España.
La humedad persistente no solo cambia el paisaje. También influye en cómo respiramos, dormimos y nos sentimos cuando la lluvia se instala durante días, como está sucediendo estas semanas en España.
En invierno la seda se esconde bajo el abrigo, pero la necesidad de agua no desaparece: el frío engaña al cuerpo y beber menos puede pasarnos factura sin avisar.
Escalofríos persistentes, torpeza, confusión o un cansancio que invita a “cerrar los ojos un momento” no son sólo molestias invernales: son señales de alerta. La hipotermia no aparece de golpe: el cuerpo avisa, pero hay que saber escucharlo.
Llega de nuevo el frío y te cuesta más levantarte, sueño a deshoras, estás más irritable, menos brillante, y la manta es tu objeto de referencia. No es pereza, tampoco falta de fuerza de voluntad.
Hay un momento muy concreto en el que decidimos que un alimento no nos gusta: cuando lo miramos. Antes de olerlo, antes de probarlo. El color manda, ¿o no?
Navidad es ese momento del año en el que aparecen en casa alimentos que no recordábamos haber comprado, pero que siguen ahí semanas después, imperturbables, como si el tiempo no pasara por ellos.
Hay un momento del año en el que coinciden tres clásicos en la mesa: langostinos, conservas y vino: Navidad. Manteles bonitos, copas llenas… y, sin enterarnos, un mismo protagonista pasando de plato en plato: los sulfitos.
Las Navidades son esa maravillosa época del año en la que la mesa se llena de comida, la familia de opiniones no solicitadas y el frigorífico de “esto me lo guardas, que mañana aún está bueno”.
Hay días en los que te despiertas después de dormir 8 horas y aun así piensas: “no me ha dado la vida”. Y cuando sales de casa y entras en la oficina empieza el segundo clásico: “¿y este frío?” No eres tú, es la biología.
A veces la ciencia encuentra situaciones que parecen una broma, hasta que dejan de serlo. La reaparición de la Peste Porcina Africana en Cataluña ha señalado un origen que suena a titular sensacionalista: un bocadillo con embutido en una zona donde hay jabalíes.
Cada año pasa lo mismo: llega diciembre, suben los precios, los supermercados se llenan de gente que parece estar abasteciéndose para una guerra, y tú acabas pagando el marisco a precio de oro. Pero no tiene por qué ser así.
Si este invierno quieres conservar el calor sin caer en mitos, vamos con esta guía práctica y científica sobre ropa, alimentación y trucos domésticos que realmente funcionan contra el frío.
Imagina que te viene un bocadillo de atún o unas anchoas que sobraron de la fiesta del otro día y, al rato, empiezas con picor, sarpullido o dolor de cabeza. Parece una alergia, pero podría ser otra cosa.
Cada cierto tiempo, los titulares vuelven a llenarse de palabras que asustan: virus, brotes, sacrificios masivos, contagio, riesgo. Y entre ellas aparece un viejo conocido: la gripe aviar. ¿Qué está pasando en España y qué consecuencias puede tener?
Estás en un bar, te sirven una cerveza “sin alcohol”, la bebes… te sientes relajado y un poco aturdido. No estás borracho, pero “algo pasa”. Si no ves el riesgo, sigue leyendo.