Loa nitratos arrastran mala fama en el imaginario colectivo. No son veneno rociado por un agricultor malvado, son compuestos de nitrógeno que se encuentran en el suelo... y se acumulan en la hoja si el día está nublado.
Loa nitratos arrastran mala fama en el imaginario colectivo. No son veneno rociado por un agricultor malvado, son compuestos de nitrógeno que se encuentran en el suelo... y se acumulan en la hoja si el día está nublado.
El Ártico está acelerando. Y cuando hablamos de anomalías térmicas “brutales”, no es exagerado. Pero el peligro no es sólo la desaparición del hielo, es dejar libres virus... zombis.
Elegir entre papel o secador no es trivial: influye en la higiene, la dispersión de microorganismos y el impacto ambiental en baños públicos y entornos de uso colectivo.
Estos alimentos de moda que asociamos a salud esconden un elevado consumo de agua y recursos, especialmente cuando su producción choca con la realidad climática española.
Si alguien pensaba que el cambio climático solo tenía que ver con osos polares en lugares lejanos o frío y calor....conviene mirar al plato. El impacto no es solo ambiental o económico: también es sensorial y cada vez lo notaremos más.
Proponen aprovechar los compuestos naturales de las hojas de olivo para crear envases activos que alargan la vida útil de los alimentos, reduciendo plástico y desperdicio.
Abril engaña. Mucho. Sales a la calle, notas el aire fresco, incluso una ligera brisa, y tu cerebro lanza un mensaje tranquilizador: “no pasa nada, esto no queda”. Y esto es un grave error.
Si algo tenemos claro de las misiones espaciales es que no hay margen para el error. Ni en los sistemas, ni en las decisiones… ni en la comida. La comida allí tiene mucha tecnología que llega aquí.
No es sugestión ni mal humor gratuito. La ciencia explica cómo el viento foehn altera tu serotonina a través de la ionización positiva del aire y por qué nos afecta tanto.
Ninguna Semana Santa es igual a la otra, pero todas tienen en común las torrijas. Eso sí, no es lo mismo en Sevilla que en Valladolid y es por la termodinámica.
¿Te duele la cabeza cuando cambia el tiempo? No es sugestión: la ciencia explica cómo la presión barométrica altera tus senos paranasales y vasos sanguíneos. Descubre por qué tu tía es un barómetro viviente.
La guerra no termina cuando cesan los disparos. Explosivos, metales pesados y combustibles permanecen décadas en el suelo, y algunos acaban entrando (silenciosamente) en cultivos, agua y alimentos.
Cuando el cielo se tiñe de marrón no es solo una rareza meteorológica: la calima cambia lo que respiramos y puede afectar seriamente a la salud. Veamos qué hay detrás.
Seguro que has oído mil veces eso de que "los tomates de ahora no saben como antes" (como si supiéramos cómo sabían antes). Pues prepárate que, por culpa del cambio climático, además tendrán menos nutrientes.
España deja atrás un tren de borrascas histórico que ha provocado que el sol apenas se haya visto en muchas comunidades en el último mes: por qué no es necesario que vayas corriendo a por suplementos de vitamina D.
Las lluvias de las últimas semanas, sumadas a un comportamiento inusual del aliso, han creado el caldo de cultivo perfecto para una explosión de alérgenos en este final del invierno en España.
La humedad persistente no solo cambia el paisaje. También influye en cómo respiramos, dormimos y nos sentimos cuando la lluvia se instala durante días, como está sucediendo estas semanas en España.
En invierno la seda se esconde bajo el abrigo, pero la necesidad de agua no desaparece: el frío engaña al cuerpo y beber menos puede pasarnos factura sin avisar.
Escalofríos persistentes, torpeza, confusión o un cansancio que invita a “cerrar los ojos un momento” no son sólo molestias invernales: son señales de alerta. La hipotermia no aparece de golpe: el cuerpo avisa, pero hay que saber escucharlo.
Llega de nuevo el frío y te cuesta más levantarte, sueño a deshoras, estás más irritable, menos brillante, y la manta es tu objeto de referencia. No es pereza, tampoco falta de fuerza de voluntad.