La mayor ola de frío del siglo XXI en España

DICIEMBRE DE 2001: RADIOGRAFÍA DE LA MAYOR OLA DE FRÍO DEL SIGLO XXI EN ESPAÑAVicente Aupí*

Colaboración Francisco Martín Colaboración Francisco Martín 23 Dic 2016 - 10:59 UTC

Se cumplen 15 años de la gran ola de frío de diciembre de 2001 en España, probablemente la más importante de lo que llevamos del siglo XXI. Las intensas heladas por irradiación sobre el suelo nevado propiciaron temperaturas inferiores a los -20 ºC en amplias zonas del noreste de la Península Ibérica, con puntos en los que el termómetro no subió de los 0 ºC entre los días 22 y 29, y nevó al nivel del mar en el litoral mediterráneo. Numerosos observatorios de la red principal de Aemet marcaron mínimas récord para el mes de diciembre.

 

Es probable que la ola de frío de diciembre de 2001 sea la más notable de lo que llevamos de siglo XXI en España. Lo avalan tres aspectos: los mínimos de temperatura alcanzados son comparables a los de las grandes efemérides del siglo XX, la nieve llegó al nivel del mar y hubo una persistencia muy notable, con dos oleadas intensísimas, una a mediados de mes y la segunda durante la última semana del año, en la que hubo zonas a altitudes inferiores a los 1.000 metros en las que los termómetros no superaron en ningún momento los 0 ºC durante varios días seguidos. Quizá la magnitud de las olas de frío más importantes de nuestra historia reciente, como las de febrero de 1956 y las navidades de 1970-71, fuese mayor, en especial por haber afectado en aquellos dos casos a la práctica totalidad de España, pero hecha esa precisión los datos de diciembre de 2001 hablan de un episodio extraordinario que, además, vino a romper un largo periodo con inviernos anormalmente cálidos.

En estos quince años transcurridos no se han vuelto a alcanzar temperaturas tan bajas como las de diciembre de 2001, hasta el punto de que muchos observatorios de la red principal de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) mantienen desde entonces su efeméride de temperatura mínima absoluta para el mes de diciembre. En las series climatológicas más largas hay otros hitos, como los de diciembre de 1962, 1963 y 1970, pero si nos atenemos al periodo climatológico de referencia actual (1981-2010), encontramos dicha efeméride en numerosos puntos, incluidas muchas capitales de provincia y observatorios muy cercanos a ellas. Es el caso de Madrid-Aeropuerto, con los -10,5 ºC del día 16; Salamanca, donde se observaron -9,6 ºC el día 25, y Zaragoza-Aeropuerto, con -9,5 ºC ese mismo día de Navidad. Son sólo tres ejemplos de la lista que puede verse en la Tabla 1.

Asimismo, en numerosos observatorios de la red termopluviométrica de Aemet se registraron temperaturas por debajo de los -20 ºC, destacando los -25 ºC de Alfambra y Torremocha (Tabla 2), ambas en la provincia de Teruel, que fue la que sufrió con mayor crudeza los fríos de aquel mes de diciembre junto a la comarca castellano-manchega del Alto Tajo y la catalana de la Cerdanya. En la primera de estas dos comarcas Molina de Aragón (Guadalajara) llegó a -24,0 ºC el día de nochebuena de 2001, y en la segunda Das (Girona) registró una mínima de -22,6 ºC el día de navidad.

La primera acometida de la ola de frío se produjo el 14 y el 15 de diciembre. Un gran anticiclón de más de 1.040 hPA centrado al norte del Reino Unido y una borrasca en las proximidades del Golfo de Génova generaron una advección de aire polar que llevó nevadas a amplias zonas del cuadrante noreste de la Península Ibérica (Figura 1). Los días previos había reinado la estabilidad sobre España, pero con heladas intensas por la noche en muchas zonas, con un ambiente muy frío en los cortos días de la semana previa al solsticio de invierno. La nieve alcanzó el nivel del mar en muchas zonas del Mediterráneo, como Cataluña y la Comunidad Valenciana, tapizando de blanco capitales como Tarragona (Figura 3) y Barcelona, así como muchas poblaciones costeras famosas por su suave clima invernal. Los litorales catalán y valenciano se vistieron de blanco después de una larga etapa sin este acontecimiento, y en el interior la anécdota de las postales navideñas dejó paso a los problemas causados por copiosas nevadas que bloquearon la red viaria, ya que en poblaciones como Manresa se acumularon más de 30 cm. de nieve.

Las nevadas también llegaron a capitales de provincia del interior situadas a escasa altitud, como Lleida y Zaragoza. Las dos, al igual que otras muchas poblaciones del valle del Ebro, quedaron sumergidas en un ambiente glacial durante varios días, ya que el aire frío acabó formando espesas nieblas en los días posteriores a la nevada. Así, el 17 de diciembre de 2001 se observaron máximas de -0,1 ºC en Zaragoza y de -5,5 ºC en Lleida. Aunque de madrugada las mínimas no bajaron de los -10 ºC, dichos valores máximos son extraordinarios y dan una idea de la magnitud del frío de aquellos días, con valores más propios de los crudos inviernos que se dan en las ciudades centroeuropeas.

La segunda oleada, que se inició entre los días 22 y 23, fue más intensa. Además de traer nuevas nevadas, lo fundamental es que tras depositarse un buen manto blanco en amplias zonas de Aragón, Castilla-La Mancha y Cataluña (Figura 5), la atmósfera se estabilizó en toda España y los cielos despejados, junto a las calmas nocturnas, hicieron desplomarse los termómetros. Se alcanzaron mínimas no registradas en diciembre desde las navidades de 1970-71, no sólo en esas tres comunidades, sino muchas zonas de España. En poblaciones situadas al pie de los Pirineos, las parameras de Molina de Aragón (Guadalajara) y los valles turolenses del Alfambra y el Jiloca las temperaturas cayeron por debajo de los -20 ºC varias noches seguidas y las máximas diurnas no superaron los 0 ºC prácticamente durante una semana, con una persistencia que no se vivía desde las navidades de 1970-71 o, en todo caso, desde la ola de frío de enero de 1985.

La Tabla 2 recoge los datos de estaciones de la provincia de Teruel, en la que se registraron las temperaturas más bajas, destacando el hecho de que en algunas de ellas hubo 19 días con mínima inferior a los -10 ºC, de los cuales en 10 de los casos se bajó de los -15 ºC. Tanto en esta zona como en el resto de España la inversión térmica fue patente durante la última semana de diciembre de 2001. Los registros de estaciones situadas por debajo o en el entorno de los 1.000 metros de altitud fueron notablemente más bajos que en otras por encima de los 1.500, donde el frío fue notable también, pero sin alcanzarse valores tan extremos. La Figura 6 muestra el registro del termógrafo mensual del Observatorio de Torremocha del Jiloca (Teruel), con la curva real de temperatura a lo largo de diciembre de 2001, reflejando muy bien las dos oleadas del episodio, la primera de ellas entre los días 15 y 18, y la segunda entre el 22 y el 30.

En el episodio de diciembre de 2001 los grandes fríos fueron por irradiación sobre el suelo nevado. Es el proceso característico en el que se han dado las mínimas absolutas en la mayor parte de los observatorios, pero que en el caso de la provincia de Teruel y las cercanas parameras de Molina de Aragón adquieren una evidente singularidad por la recurrencia con la que se han producido. El caso que nos ocupa ilustra muy bien que en esta zona de España tienen menor incidencia en los fríos extremos aquellas olas de frío caracterizadas por intensas advecciones de aire polar, de las que la más importante fue, sin duda, la de febrero de 1956. En ésta se alcanzaron los -32 ºC en la estación pirenaica de Estany Gento, a más de 2.000 metros de altitud, récord absoluto de frío reconocido oficialmente por Aemet en España. En cambio, en ese mismo episodio, estaciones como Calamocha-Fuentes Claras y Monreal del Campo no bajaron de los -17 ºC, mientras que en diciembre de 2001 los registros fueron inferiores a los -20 ºC, al igual que en el famoso episodio de diciembre de 1963, en el que el observatorio de Calamocha-Fuentes Claras midió los -30 ºC del récord oficial en zonas pobladas.

Aunque la incidencia fue mayor en las comunidades orientales y el centro peninsular, Baleares y el resto de España también sufrieron de lleno la ola de frío a excepción de gran parte de Andalucía y de Canarias. Ciudades bañadas por el Atlántico y el Cantábrico como A Coruña, Gijón y Santander registraron su temperatura mínima absoluta en varias décadas, al igual que otras del interior de Galicia y Castilla y León, como Ourense y Salamanca.

Durante los últimos 100 años España ha vivido olas de frío  que causaron un gran impacto en la sociedad y permanecen en la memoria colectiva. En un repaso cronológico destacan, entre otras, la de diciembre de 1917-enero de 1918 (Daroca, -24,2 ºC); las del invierno 1937-38, que coincidieron con la terrible Batalla de Teruel en la Guerra Civil; las del trienio 1945-47 (-10 ºC en Madrid-Retiro), con tres inviernos seguidos en los que se alcanzaron los -20 ºC en muchas zonas del país; el mes siberiano de febrero de 1956 (-32 ºC en Estany Gento), el más frío del siglo XX en gran parte de Europa; la navidad de 1962 (-21 ºC en Vitoria), con copiosas nevadas que llegaron al litoral mediterráneo; el episodio de diciembre de 1963, con -30 ºC en Calamocha-Fuentes Claras y -28 ºC en Molina de Aragón; las navidades de 1970-71 (-28 ºC en Monreal del Campo), seguramente la más importante junto a la del 56, así como la de enero de 1985, quizá la última gran ola de frío del siglo XX. El episodio de diciembre de 2001, del que se cumplen ahora 15 años, comparte junto a todas ellas los patrones que caracterizan a las grandes invasiones de aire polar acaecidas en España en la historia reciente.

*Escritor. Observatorio de Torremocha del Jiloca (Teruel).

www.estrellasyborrascas.com. @VicenteAupi
Esta entrada se publicó en Reportajes en 23 Dic 2016 por Francisco Martín León
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