Los últimos testigos de la Pequeña Edad de Hielo

Aunque el frío de estos últimos días sea el protagonista, ya hubo una época donde las bajas temperaturas eran el pan de cada día. Parece extraño pero, ¿sabías que en España el comercio de la nieve tuvo mucha repercusión?

Natacha Payà Natacha Payà 12 Ene 2019 - 02:11 UTC
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Imagen microscópica de un copo de nieve. ¿Alguna vez te han dicho que un copo de nieve es único y no hay dos iguales?

Hubo un período en la historia del planeta donde los inviernos parecían interminables y las nieves perpetuas. Por cierto, no como el frío polar de estos días, que a medida que pase el fin de semana poco a poco irá retirándose. Muchos ya habrán oído hablar de la Pequeña Edad del Hielo, ese período de tiempo que abarcó desde el final de la Edad Media hasta entrado el siglo XIX. La Tierra sufrió un enfriamiento de manera natural y tal reducción de temperaturas fue clave para el desarrollo del comercio de la nieve en muchos puntos de España.

Enfriamiento del clima bien aprovechado

Los neveros artificiales o pozos de nieve, también denominados de esta manera, son testigos, o podría decirse, los últimos testigos de la Pequeña Edad del Hielo en España. Este 'corto' período pensado como un fenómeno global acarreó al hemisferio norte y sobretodo a Europa con un modesto enfriamiento de entre 1 ºC y 2 ºC. Fue hasta aproximadamente 1850 cuando la PEH, llamémosla así, tuvo su esplendor con episodios climáticos que recalcan muchas personas.

En muchos puntos de España se puede observar el vestigio que ha dejado el comercio de la nieve durante esos siglos. Nos ha regalado estructuras que hablan por sí solas de inviernos gélidos y de nieve perpetua. Fue en mayor medida en el territorio levantino, concretamente en las sierras de la Comunidad Valenciana, donde tuvo mucha repercusión. Un modo de vida que pondría su fin con la llegada de la electricidad durante la Revolución Industrial y con el posterior calentamiento del clima.

Los pozos de nieve o neveros naturales

Durante este enfriamiento, el ser humano optó por aprovechar la nieve, que no era poca, y convertirla en hielo para abastecerse durante el resto del año. Este período frío favoreció la construcción y el uso de una amplia gama de instalaciones destinadas al almacenamiento de la nieve y del hielo. Con un carácter estacional, el comercio de la nieve tuvo mucha importancia a nivel nacional, ya que después de su fabricación se transportaba hielo a muchas comunidades y municipios de España. Las nevadas, se daban principalmente en los meses de diciembre, enero y febrero, precipitaciones copiosas que ocasionalmente hasta se podían dar en los meses cercanos a la primavera.

Los pozos de nieve, estaban situados en los lugares donde la acumulación del blanco meteoro era mayor, es decir, en las cotas más altas de las montañas. En la Comunidad Valenciana se calculan en torno a 400 pozos distribuidos entre sus montañas. Eran construcciones sencillas, podían ser de planta octogonal o circular y en ellas se podían encontrar varias puertas de acceso y ventanas, todo ello cubierto por una cúpula hemisférica de mampostería. Cuando se almacenaba la nieve, se pisaba y se cubría con paja, de manera que se aislaba del calor externo. Una vez fabricado el hielo, se esperaba al verano para poder extraerlo y así distribuirlo por los municipios cercanos.

Acabada la PEH y con las crecientes dificultades de almacenaje de nieve en los pozos, el comercio del hielo puso fin a su actividad a finales del siglo XIX. Si a esto le sumas la creación de las fábricas de hielo con la Revolución Industrial, se dejó de depender de la meteorología para su elaboración. Ahora bien, ¿fue el calentamiento del clima el culpable de esta desaparición o fue la misma industria frigorífica la que eliminó por completo la elaboración del hielo de manera artesanal?

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