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¿Por qué en invierno siempre tenemos frío en los pies?

Pasar frío es habitual en invierno, pero a menudo percibimos el frío de forma distinta en función de la parte del cuerpo o de la superficie dónde estemos andando. Y sí, tiene explicación.

Senderimo en invierno
Andar por la nieve implica que nuestros pies se enfrien aún mucho más.

El invierno ha tardado en llegar, pero lo ha hecho de forma contundente en nuestro país, con temperaturas incluso por debajo de la media "habitual". Las chaquetas, bufandas, anoraks y jerséis marcan la vestimenta en la calle de muchas regiones de España.

¿Os habéis preguntado alguna vez por qué podéis tener los pies helados (a pesar de llevar bambas y calcetines gruesos) y, sin embargo, tener las manos calientes?La respuesta es fácil y se basa, principalmente, en la temperatura en la superficie terrestre. El valor térmico a ras de suelo, justo en el asfalto de la calle, puede estar 8ºC por debajo de los termómetros "oficiales", que se encuentran a 1,5 metros de distancia respeto el suelo.

El aire más frio, al ser más denso y pesar más, tiende a bajar y a depositarse en las zonas más bajas.

Podríamos afirmar que existe una inversión térmica en nuestro cuerpo en invierno, con más frio en las suelas de los zapatos que a medida que subimos por el torso y la cara.

Lo mismo sucede entre los valles y las montañas en días de estancamiento anticiclónico: el aire frío se concentra y acumula en noches despejadas en zonas deprimidas, mientras que en capas medias y alta montaña encontramos una masa de aire un poco más templada.

A escala humana, pasaría algo similar entre la relación de nuestro cuerpo y el aire que nos rodea: la humedad y el aire frío los encontramos abajo del todo, rozando la superficie mediante las bambas o zapatos, mientras que el torso y la cara se encuentran en una cierta capa de "inversión térmica" algo menos fría. A pesar de ello, a menudo nos sucede que tenemos la nariz extremadamente fría: por ahí nuestro cuerpo va "cediendo" calor al aire.

Con el viento, todo cambia

El viento remueve las masas de aire y rompe la "inversión térmica", de tal modo que el frío concentrado en los pies pasa a "generalizarse" en todo el cuerpo. El llamado "wind-chill" es la sensación térmica que percibimos cuando se combinan la temperatura real con la velocidad del viento. A más viento, más sensación de frío. Eso se produce por la pérdida de calor del cuerpo humano.

La paradoja se encuentra en el hecho que el viento impide que pueda bajar el termómetro pero ya lo compensa con incrementar la sensación de frío. Es decir, puede haber más temperatura pero notar cinco veces más de frío.

Pantunflas
El aire frío pesa más y se posa junto al suelo.

La superficie: vital para tener más o menos frío en los pies

Andar por un camino, por nieve o por asfalto de ciudad no tiene el mismo efecto sobre nuestros pies ni sobre la sensación térmica o de confort que tenemos en el cuerpo. Obviamente, una superficie helada o nevada implica una transferencia de frío más evidente en los pies que se traduce en más incomodidad. Tendremos más frío en los pies, sí, pero nos pondremos más morenos por el efecto albedo.

Precisamente, esa capacidad de reflexión de la radiación que tienen las superficies condiciona el confort de los excursionistas o personas que vayan a caminar. Una tonalidad del terreno de montaña estará más frío que el asfalto de la ciudad en un día soleado. El tejido urbano, al ser más oscuro, absorbe más la radiación solar y en efecto, se calienta más.

Efecto albedo: importante para capturar calor corporal

El color de nuestra vestimenta también es vital para rescatar el calor de la radiación solar. Así pues, desde Meteored os recomendamos piezas más bien oscuras para pasar menos frío en días gélidos. Eso sí, esa fórmula funcionará solamente los días soleados. Un día de nubosidad compacta implicará que no haya efecto albedo entre nuestra prenda de ropa y la radiación solar.