Efecto albedo: las superficies que absorben o rebotan la energía solar

El efecto albedo es un fenómeno desconocido para muchas personas pero que incide de una forma muy directa en muchos aspectos de la vida cuotidiana: sudar cuando llevas ropa oscura o no ponerte moreno si tienes la piel muy blanca son dos ejemplos significativos.

Albedo
Las distintas superficies retinen mayor o menor calor según sus propiedades, entre ellas el color y la "rugosidad" u orografía.

¿Por qué las casas del mediterráneo son blancas? ¿A qué se debe que dentro de los coches negros hace mucho más calor después de aparcarlos al sol? ¿Por qué la nieve no se derrite como esperaríamos en primavera con temperaturas claramente positivas?

Esta respuesta tiene una causa científica con nombre y apellidos: os presentamos el efecto albedo. Se trata de la capacidad de reflexión de la radiación solar que tienen las superficies. A más efecto albedo, más energía es rebotada hacia la atmósfera y por el objeto o terreno en concreto. En cambio, a menos efecto albedo, más radiación solar es absorbida por esa superficie y con lo cual, se calienta más.

Factores que determinan el efecto albedo

Hay cinco factores que condicionan ese efecto albedo: el color, la orografía o el relieve, brillantez, el ángulo de incidencia y el tejido urbano.

El color

Es el elemento más importante que condiciona ese balance energético entre el planeta tierra y el astro rey. Los colores oscuros tienen un efecto albedo muy bajo, es decir, poca capacidad de reflexión de la energía solar incidente y con lo cual, mucho potencial para absorber ese calor. Sin embargo, los colores claros tienen un efecto albedo muy alto: mucha capacidad de rebote de esa energía solar incidente, con lo cual, no absorben el calor y 'mantienen', en cierto modo, su temperatura.

Las casas del mediterráneo son blancas porque en verano rebotan el calor y mantienen un ambiente más confortable dentro de los compartimentos. Los coches negros expuestos en pleno sol absorben mucho más calor que si fueran blancos y con lo cual, dentro del vehículo la temperatura puede subir a los 50 ºC en verano. La nieve no se derrite con temperaturas positivas porque es blanca (y además brilla) y rebota la energía calorífica incidente.

Y lo último, los morenos y las morenas tenéis un efecto albedo muy bajo: absorbéis la radiación solar y eso implica que os haga subir más la temperatura corporal y además, el moreno de piel se incremente. Los de pieles pálidas o más blanquecinas, en cambio, tenéis un efecto albedo muy alto: mucha capacidad para reflejar esa radiación solar y eso implica que os cueste más coger ese color bronceado.

Efecto albedo encima del mar
El mar tiene parece un espejo en determinados momentos del día: tiene una capacidad moderada de reflexión de la radiación solar

La orografía o el relieve

El pliegue de las superficies o el hecho que sean totalmente lisas como las mesetas, las depresiones o las desembocaduras de los ríos también influye en ese balance energético. Un terreno totalmente liso tiene más albedo que una superficie rugosa. Por ejemplo, el Pirineo tiene un efecto albedo más bajo en verano que en invierno, porque en verano 'manda' la rugosidad y su orografía que hace disminuir ese efecto albedo, mientras que en invierno tiene una alta capacidad de reflexión de la radiación (las partes innivadas, eso sí).

La convección de verano viene determinada por el calentamiento superficial y, a su vez, está condicionada por el efecto albedo de esa superficie.

Brillantez

Las superficies más brillantes reflejan más la radiación que los terrenos más mates u opacos. La nieve y el agua de los ríos, el mar o los lagos tienen cierto efecto albedo. Además, si el mar está plano, su superficie lisa aún reflejará más la radiación solar.

¿No os habéis fijado nunca como se refleja el sol en el mar en el ocaso o atardecer cuándo vais en avión?

Ángulo de incidencia

La perpendicularidad u oblicuidad de los rayos solares también modifica el aporte energético que se absorbe o se rebota. Un sol más directo (perpendicular) tiene un efecto albedo más bajo y la superficie absorbe más calor. Sin embargo, los rayos del sol de invierno, más oblicuos y tenues, tienen un efecto albedo más alto y reflejan más la radiación. En definitiva: en verano la superficie absorbe más calor y en invierno, mucho menos.

Nuestras ciudades tienen su isla de calor y un efecto albedo bastante bajo. Si tuviéramos ciudades más verdes y naturalizadas, haríamos subir esa capacidad de reflexión de la radiación solar hacia la atmósfera.

Tejido urbano

Este factor del efecto albedo está relacionado con la isla de calor que contábamos la semana anterior. Los edificios, las calles, el asfalto, el cemento.... tienen más capacidad de absorber la radiación solar, con lo cual, retienen más calor y hacen subir la temperatura.