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¿Qué es el borde urbano? Te puede librar de incendios e inundaciones

Los bordes urbanos, también llamados zonas buffer o de amortiguamiento, tienen funciones importantes en la gestión de las grandes urbes. ¿Qué relación hay entre los usos lúdicos, la regulación térmica o la descongestión de los espacios naturales? Os lo desciframos.

Los espacios verdes pueden ser un ejemplo de borde urbano
Actúan como zonas de transición entre el campo y la ciudad.

El asfalto y el verde no están tan lejos como parece. La relación entre las zonas urbanas y la naturaleza se establece a partir de los llamados "bordes urbanos", que actúan como espacios de transición que protegen los espacios naturales y apaciguan las posibles perturbaciones.

Estos espacios de transición, también llamados periurbanos o "zonas buffer", son sitios ideales para adaptarnos al calentamiento global, porque normalmente suelen presentar zonas verdes que tienen la función de refugios climáticos.

Además, son espacios abiertos que apaciguan un poco la isla de calor urbana porque tienen superficies más verdes y con menos asfalto o edificios. Esta circunstancia implica una aumento del efecto albedo.

Según José Luis Lalana, autor de "Las Zonas de Amortiguamiento" (Centro Ciudades Patrimonio Mundial), estos espacios son como un "escudo" que actúa separando dos usos considerados incompatibles. Estos bordes difusos entre lo urbano y lo rural pueden ejercer funciones sociales, económicas y ambientales muy importantes. Son los conocidos servicios ecosistémicos, un conjunto de beneficios de abastecimiento, socioculturales, de regulación y de biodiversidad.

Los expertos hablan de los espacios de borde o zonas periurbanas como sectores del territorio que ejercen un mecanismo de conexión con la ciudad. En áreas metropolitanas densas, como Madrid o Barcelona, los bordes urbanos son vitales para regular la temperatura, establecer usos sociales del espacio público (caminar, coorrer, ir a pasear, etc.) y para evitar la penetración de los efectos negativos del seno de las ciudades en los espacios naturales de alrededor (contaminación, ruido, masificación, etc.).

“Fractal Cities”, Batty y Longley, 1994.
Los bordes transmiten y controlan el intercambio entre los distintos territorios. Son el campo de juego de los descubrimientos y de las conquistas".

Históricamente, la sociedad y los gobiernos han vivido de espaldas a estos bordes urbanos y se convirtieron en espacios residuales, marginales y con usos poco deseables. Con el paso de los años y con la consciencia de la renaturalización urbana, los espacios funcionales juegan un papel más importante y central en el territorio. Por ese motivo, muchas administraciones están recosiendo y reconstruyendo el paisaje para revitalizar estos espacios y darles unos usos que equilibren la combinación entre el ocio y la conservación ambiental.

Resiliencia y adaptación a la emergencia climática

Los bordes urbanos son imprescindibles para la adaptación y mitigación al cambio climático. Se trata de un territorio mejor gestionado que da resiliencia a las ciudades y apacigua fenómenos meteorológicos adversos y otros riesgos naturales, como aludes o incendios.

La mayoría de los fuegos se producen en estas zonas de transición. Si el espacio no está gestionado, es más difícil prevenir y minimizar el riesgo de incendios. Sin embargo, unos cinturones verdes recuperados y reconstruidos permiten disminuir ese riesgo.

Un segundo punto importante es la regulación del ciclo del agua y la inundabilidad en las ciudades. La presencia de espacios verdes implica una mayor absorción del agua en caso de precipitaciones y en efecto, disminuye el riesgo de inundaciones o avenidas en las zonas urbanas.