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La Antártida se cubre de flores: ¿por qué no es una buena noticia?

Una revista especializada publica los resultados de una investigación sobre la floración acelerada de especies autóctonas en el “continente blanco”. ¿Por qué son malas noticias? Aquí te lo contamos.

Deschampsia antarctica
En los últimos años ha crecido rápidamente el número de plantas autóctonas en la Antártica. En la imagen, se observa la especie vegetal "Deschampsia antarctica".

La revista Current Biology publicaba hace unos días los resultados de una investigación realizada por grupo de científicos de las universidades italianas de Insubria y Torino y el British Antarctic Survey.

En el estudio se documenta la aceleración de la presencia y floración de la Deschampsia antarctica (D. antarctica) y Colobanthus quitensis (C. quitensis), las dos especies angiospermas autóctonas antárticas, presentes en la isla de Signy del Archipiélago de las Islas Orcadas del Sur en la Antártida, durante la década comprendida entre 2009 y 2018.

La tendencia al calentamiento del aire en esta región, que se reanudó tras un 2012 caracterizado por un fuerte enfriamiento (según la hipótesis desarrollada por estos investigadores), ha provocado una dinámica vegetal donde predomina la expansión de estas plantas.

Los datos arrojados por el muestreo en Signy revelan que entre 1960 y 2009 la D. antarctica aumentó el número de sitios de ocurrencia de 147 a 300, mientras que sólo entre 2009 y 2018 esta cifra prácticamente se duplicó, alcanzando los 635. La C. quitensis en la década a partir de 2009 aumentó en 54 el número de lugares donde se detectó, a diferencia de lo ocurrido entre 1960 y 2009, en que pasó de ocupar de 26 a 35 sitios.

Entre 2009 y 2018 estas especies tuvieron una floración y expansión de récord, especialmente a partir de 2012.

Al expresar estos datos en metros cuadrados (m²), y teniendo en cuenta que un ejemplar de D. antarctica ocupa 0,01 m² y uno de C. quitensis sólo 0,005 m², es notable que en Signy para el período de estudio comprendido entre 2009 y 2018 la primera aumentó en 346 m² el área ocupada. La C. quintesis por su parte en 2018 llego a ocupar 10,7 m², en contraste con los 2,23 m² que ocupaba en 1960.

¿Por qué hay más flores en la Antártida?

La disminución de las colonias de lobos marinos en esta zona —que se estima que ha ocurrido por la falta de alimentos disponibles— parece contribuir a que estas plantas se expandan aceleradamente en los últimos años. Pero esta no es la única causa del fenómeno.

Teniendo en cuenta que la actividad humana en el “continente blanco” está regulada por el Sistema del Tratado Antártico, hoy se puede afirmar que es el entorno más puro de nuestro planeta, en el que el calentamiento por causas antropogénicas es prácticamente nulo. Sin embargo, el comportamiento de las especies botánicas autóctonas están alertando del ascenso constante de la temperatura en el último decenio en la Antártida.

El calentamiento global detrás de esta “explosión” de colores

La floración acelerada que se está produciendo en la Antártica provocará cambios en la acidez del suelo, y por tanto en su composición química. Esto tendrá consecuencias en el crecimiento de los líquenes —organismos vivos que con frecuencia pueden ser usados como bioindicadores— y afectar la microbiota del lugar. Estos cambios, unidos a la desaparición del permafrost, podrían dar lugar a aceleradas modificaciones en los frágiles ecosistemas antárticos.

Numerosas investigaciones apuntan al calentamiento global como el causante de los drásticos cambios que se están produciendo en el continente más austral. La pérdida irreversible de la biodiversidad por la migración de algunas especies frente a la invasión de otras, y la consecuente afectación al equilibrio del ecosistema, parece haber comenzado a hacer estragos en esta remota región.

Sólo una visión (y acción) globalizada de los fenómenos que hoy afectan al planeta, nos permitirá conservarlo tan bello como hoy lo conocemos para las futuras generaciones. Lo que está pasando en la Antártida es una alerta que no debemos ignorar.