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La actual falta de agua, ¿desembocará en una nueva “pertinaz sequía”?

Uno de los significados de “pertinaz” es muy duradero o persistente. ¿La actual falta de agua entrará a formar parte de la “pertinaz sequía” de nuestra Península Ibérica? Analicemos a continuación los datos para ver qué hay de cierto en esta expresión.

Composición de imágenes del río Manzanares a su paso por Madrid en los años del período seco.
Composición de imágenes del río Manzanares a su paso por Madrid en los años del período seco. Fuente: Archivos de la Comunidad de Madrid.

La expresión a la que hago referencia en la entradilla se empezó a utilizar durante el triste período de la postguerra. En las dificultades que hubo que padecer tras el final de una contienda tan larga como nuestra Guerra Civil (1936 – 1939), la meteorología no ayudó mucho y hubo un período de gran escasez de precipitaciones entre los años 1944 a 1950.

Fueron años de grandes cortes de agua y de suministro eléctrico ante la imposibilidad de atender la creciente demanda. Y qué mejor justificación que la “pertinaz sequía”, es decir, algo duradero y persistente, además de recurrente en nuestro país.

Una sequía meteorológica “provocada”

Aunque no es un fenómeno meteorológico propiamente dicho, sí se trata de una situación que acontece por circunstancias meteorológicas. Centrándonos en los factores atmosféricos podemos hablar de una sequía meteorológica, donde se utiliza la variable precipitación en cantidad y en momento de producirse. Donde asimismo podemos considerar dos tipos, una sequía antropogénica o provocada, que es la que se produce cuando el hombre rebasa el gasto de agua por encima de las condiciones naturales medias, extendiendo sus demandas y necesidades más allá de los intervalos de riesgo.

Y la otra es la natural o atmosférica, que se manifiesta cuando las precipitaciones no se producen en la cantidad suficiente ni en el momento oportuno. También ante la falta del aporte de la humedad del aire por enfriamiento directo (rocío, escarcha, gotitas de niebla, etc.). Esta es la situación en la que nos encontramos en estos momentos.

Pero, ¿y si también nos encontrásemos en el inicio de una sequía provocada?

En los análisis mensuales de los embalses peninsulares venimos haciendo especial seguimiento a algunos de nuestros pantanos especialmente castigados “por la intervención humana”, en este caso por el descontrolado vaciado que sufrieron para conseguir un extraordinario aprovechamiento eléctrico que pudiera repercutir en los beneficios de las empresa eléctricas. Esto es, claramente, una sequía antropogénica o provocada, ya que en las comarcas donde se encuentran algunos de esto embalses, que no han podido recuperarse en los períodos húmedos del año, van a sufrir mucho durante estos meses de escasez de precipitaciones.

Los datos y las conclusiones

Volvamos a los años 40 del siglo pasado. Es cierto que la situación por la que pasaba España era muy mala, en nuestra postguerra, más la II Guerra Mundial y las carencias del sector eléctrico, con pocas centrales hidroeléctricas y con unas deficientes infraestructuras para poder aprovechar la producción. Pero la falta de precipitaciones ayudó mucho, llevando el nivel de los pantanos de la época a un ridículo 14% y, según algunos autores consultados, “en Madrid desapreció prácticamente el río Manzanares”, con documentos gráficos de su falta de agua y con cortes diarios en el suministro en la capital desde las cuatro de la tarde hasta las nueve de la mañana siguiente.

En la actualidad, nos encontramos en condiciones mucho mejores, con más embalses, mejor infraestructura distributiva y con otras alternativas de producción eléctrica que puedan ayudar a conservar el agua en nuestras presas. En contra tenemos una lucha encarnizada contra el cambio climático, una población más numerosa, más terreno de regadío y empresas que demandan mayores cantidades de energía.

CuencaJulio de 2021Septiembre de 2021Diferencia en %Predicción septiembre de 2022Media de 10 años en julioMedia de 10 años en septiembreDiferencia en %Predicción de Septiembre de 2022
Tajo524219 %36,3 %604918 %36,8 %
Guadiana362919 %23,4 %59590 %29,0 %
Guadalquivir362822 % 21,8 % 625511 %
24,8 %
Ebro785431 % 45,7 % 775726 % 48,9 %
Duero744835 % 33,7 % 745624 % 39,4 %
Miño-Sil634529 % 37,9 % 766120 %
42,5 %
Júcar595212 % 55,5 % 523729 % 44,8 %
Guadalete403318 % 26,4 % 655122 % 25,1 %
Med. Analuza
494018 % 40,0 % 58539 %
44,8 %
Segura494116 % 36,0 % 474015 % 36,6 %
Galicia
Costa
765922 % 52,8 % 817112 % 59,6 %
Cataluña
Interna
887218 % 42,5 % 857413 % 45,3 %
Cantábrico
Occ.
846819 % 52,6 % 886823 % 50,2 %
Tinto-Odiel
Piedras
766613 % 64,3 % 817211 % 65,8 %
Cantábrico
Oriental
78719 %
74,6 % 877118 % 66,9 %
País Vasco
Interno
867117 % 74,3 % 867117 % 74,3 %
TOTAL554125 % 33,5 % 665418 % 36,8 %

Finalmente me he tomado la libertad de preparar una tabla predictiva de cómo podrían terminar nuestros embalses al finalizar el verano y comparando estos datos con la última sequía importante, la de 2017. La distribución es por cuencas hidrográficas, la primera columna es el porcentaje actual de la reserva, la segunda y la tercera representan los valores que hubo hace un año a primeros de julio y de septiembre de 2021. La cuarta nos daría la posible predicción de cada cuenca a finales de agosto. Las siguientes columnas tienen el mismo significado pero para la media de los 10 últimos años.

El río Ebro a su paso por Zaragoza en el último período importante de escasez de precipitaciones, sequía de 2017.
El río Ebro a su paso por Zaragoza en el último período importante de escasez de precipitaciones, sequía de 2017. Fuente: Elpais.com

El valor de la predicción se ha calculado de la siguiente manera, restando las cantidades de julio y septiembre, con esa diferencia se calcula el porcentaje que correspondería al inicio del verano y se aplica, dicho valor, a la actualidad. Igual sucedería para el resultado obtenido con las columnas de los 10 años.

Podemos pensar que este año la bajada podría ser, incluso, mayor, ya que estamos sufriendo mucho calor y una importante escasez de precipitaciones. Pero si recordamos lo sucedido en 2017, veremos que en ese verano se produjeron, nada más y nada menos, que ¡cinco olas de calor! Aquel fue el año con más número de estos eventos desde 1975, fecha en que se iniciaron los cálculos por parte del entonces Servicio Nacional de Meteorología.

Pero este año empezamos con una reserva mucho menor que en aquella ocasión, 45% respecto al 51%, estando, más o menos, igual en el caso de la posible producción de energía eléctrica, un 41% en la actualidad frente a un 40% en el 2017. La situación no es nada halagüeña para la finalización del verano, por lo que sí estamos a puntos de entrar en una de esas “pertinaces sequías” si las deseadas lluvias otoñales no lo solucionan.

Una sequía contribuiría más a empeorar la situación económica, restricciones en el suministro de agua, en el suministro energético (sin considerar los problemas que conlleve el más que posible cierre del envío de gas ruso), encarecimiento de los cereales y a partir de ahí, de toda la cadena alimenticia. Importantes nubarrones negros se están desarrollando en nuestro horizonte, y, de momento, no son de lluvia.