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Sigue sin llover en el sur: las 5 sequías más graves en España

La ausencia de precipitaciones en el sur peninsular está preocupando mucho a los agricultores, que no pueden sembrar debido a la sequedad de los campos. La lluvia no cruza el Sistema Central, tal y como lo ha hecho en otras grandes sequías.

Sequía embalse
La actual sequía en el sur peninsular es preocupante pero ni mucho menos insólita. En el último siglo ha habido unas cuantas severas.


El largo puente debido al día de la Constitución y al de la Inmaculada se ha caracterizado por lluvias, nevadas y vientos fuertes en gran parte de la mitad norte de la Península, mientras que del Sistema Central hacia el sur solo el viento merece mención, ya que prácticamente no llovió.

Todos los embalses españoles tienen menos agua que el año pasado, pero están mucho peor los del sur, donde la larga ausencia de precipitaciones tiene sumamente preocupados a los agricultores, ya que los campos están secos y necesitan agua porque en estas condiciones no pueden sembrar. Sin embargo, esta situación, por excepcional que parezca, tiene precedentes. Las sequías nos afectan con mayor o menor frecuencia y hemos tenido algunas bastante más severas que la actual desde la última edad glacial, hace unos 10.000 años. Se trata de uno de los aspectos más significativos y calamitosos de nuestro clima.

Las peores sequías de nuestra historia reciente

Teniendo en cuenta la que estamos padeciendo en la mitad del país, las cinco peores que dejaron a nuestro país seco y agrietado fueron las siguientes.

La primera gran sequía: 1749 a 1753

Aunque no fue hasta finales del siglo XIX cuando se pudieron comenzar a medir de forma rigurosa los índices pluviosidad, cabe destacar esta gran sequía porque han quedado diversos testimonios en la prensa española de la época. Y es que en el periodo de 1749 a 1753 se sucedieron episodios de sequía por todo el país, que, según documentos de la época, llegaron a secar, entre otros, el río Tormes.

Lo más curioso es que se cebó con la mitad septentrional, normalmente más húmeda y más expuesta a borrascas y frentes, mientras que en el Mediterráneo esta escasez de precipitación no fue tan marcada. De hecho, se sucedieron los contrastes, ya que al tiempo que se secaron ríos en el norte, en el año 1752 se produjeron riadas en el Guadalquivir, constatando el contraste anómalo en el régimen de precipitaciones.

Sequía de 1944-1946

De hecho, hasta la fecha, puede considerarse de las más graves que nos han sacudido. En ciudades como Zaragoza apenas quedó rastro del caudaloso Ebro. En Madrid desapareció literalmente el río Manzanares y quedan documentos gráficos para la historia donde los niños juegan y corren tranquilamente por el cauce seco. Los cortes de agua en la capital se producían todos los días desde las cuatro de la tarde hasta las nueve de la mañana del día siguiente.

AEMET señala que el porcentaje de precipitación de aquel entonces es el más bajo registrado en el período que abarca de 1940 a 2003.

Sequía de 1979-1983

España vivió varias décadas húmedas con ciertos altibajos hasta que en torno al año 79 regresó el fantasma de la sequía, que afectó notablemente al este de la Península dejando algunos ríos sin una gota de agua.

El Júcar es uno de los ejemplos de estiaje de aquel momento. Los embalses de la cuenca descendieron hasta retener tan solo 116 hm3 de agua. Mientras, en ciudades como Sevilla, se llegó a restringir el consumo de agua hasta 10 horas al día y con escasa calidad. Los sevillanos llegaron a gastar hasta 6 millones de euros en la compra necesaria de agua embotellada.

Sequía 1991 a 1995

Sin duda los españoles que tenemos edad para ello la recordaremos. Similar a la anterior en cuanto a duración, llevó a tomar medidas extraordinarias en bastantes capitales de provincia, entre ellas, Madrid.

Por ejemplo, en el área del alto Ebro y el País Vasco afectaron a miles de personas. El periodo que comprende entre septiembre de 1991 y el mismo mes de 1993 fue el más seco de todos y obligó a restricciones en el riego, así como a ejecutar obras de emergencia para asegurar el abastecimiento.

Sequía de 2017

La alerta saltó en el inicio del mes de septiembre, coincidiendo con el final del año hidrológico (30 de septiembre), cuando la media de los embalses cayó por debajo del 40% situando en un contexto de emergencia a la mayor parte de las cuencas.

La sequía no vino de nuevo, ya se veía venir desde el otoño anterior con un déficit de precipitaciones muy importante en zonas habitualmente húmedas, como Galicia y el Cantábrico. Parte de la población del este peninsular vio restringida el agua no solo para regadío sino también para el consumo humano. Y no fue el único sector afectado. Se vivieron situaciones extremas en provincias como Toledo, Badajoz, Sevilla, Cádiz o Tarragona donde se abastecía a la población con camiones cisterna. Lo peor de esta sequía no fue tanto la intensidad (que también) sino la persistencia, causando un claro impacto económico.