Observación meteorológica y cambio climático

La importancia de la observación meteorológica en la lucha contra el cambio climático

Francisco Martín León Francisco Martín León 02 Jul 2019 - 00:00 UTC
La observación meteorológica y el cambio climático

La atmósfera no entiende de fronteras y si queremos conocer la evolución general del clima necesitamos una red mundial unificada de datos meteorológicos. Así, para poder comparar magnitudes meteorológicas en distintos puntos del planeta la Organización Meteorológica Mundial (OMM) ha desarrollado un completo conjunto de normas que abarcan desde cómo debe realizarse el montaje del instrumental de medición, a qué protocolos de medición se deben adoptar, pasando por aspectos relativos a su gestión que sirvan para asegurar la trazabilidad de la medida. Todo este complejo conjunto de estándares es de obligado cumplimiento por todos los Servicios Meteorológicos Nacionales que quieran que su información sea reconocida de forma oficial por la comunidad meteorológica nacional. Con ello se garantiza que lo que se coteja presenta las mismas características y, por tanto, que la comparación tiene sentido.

Para clarificar todo este entramado de normas podemos tomar el ejemplo de las lecturas termométricas. Lograr que la medición de la temperatura del aire se haga siempre en condiciones similares exige, asegurar la normalización de aspectos como:

  • La localización y características de la garita meteorológica: la garita es el espacio físico que acoge los sensores termométricos y que éstos estén a resguardo garantiza que la medida no se vea falseada por la acción directa de los rayos solares; para evitar su acción indirecta, la garita debe pintarse de blanco (para que la garita absorba la menor cantidad de radiación posible y eso no incida en la medida) y tener vegetación representativa de la región (no más alta de 10 cm) debajo (el suelo bajo el sensor emite radiación por lo que se busca que siempre tenga las mismas características en todas las ubicaciones). También se insta a que la puerta esté orientada al norte (en el hemisferio norte) para que al abrirla para tareas de mantenimiento la radiación solar directa no falsee la medida. Así mismo, tiene que tener rendijas para garantizar suficiente ventilación que logre la exposición del termómetro al aire. Además, la garita debe tener unas dimensiones específicas y estar ubicada lejos de obstáculos cuya presencia pueda afectar a los registros, tales como superficies fuertemente calentadas o enfriadas por la acción directa al sol o de paredes muy reflectoras, chimeneas, ...
  • La localización del sensor: Debe estar colocado de tal forma que los apoyos deben ser lo más reducido posible, por lo que necesariamente el sensor debe estar completamente al aire, sin contacto directo con cualquier tipo de material ya sea una pared, madera o receptáculo metálico. Además, el sensor del termómetro debe estar situado a una altura estándar de entre 1,5 a 2,0 metros del suelo que permita la comparación entre todas las medidas y nunca por debajo de 1,25 metros. La diferencia de temperatura entre sensores ubicados uno de ellos a 1,5 m y el otro a 2 metros es de tan solo 0,2ºC.

Además de estos requerimientos perfilados a modo de resumen, también hay que asegurar que la estación está correcta y eficazmente conectada a un sistema de comunicaciones. También hay que establecer protocolos que exijan la trazabilidad de la medida mediante la calibración, cada cierto tiempo, de los sensores con el patrón de medida.

Todos los datos que llegan al Banco Nacional de Datos Climatológicos son sometidos a procesos de validación para detectar posibles errores. En las estaciones dotadas de personal, tanto de la red principal como de la secundaria, el primer control y más importante es el del propio personal. Adicionalmente son sometidos a otros procesos automáticos: comparación con las efemérides de la serie, coherencia espacial y supervisión por el personal de las unidades de Climatología y Sistemas Básicos de las Delegaciones.

La depuración de los datos de las estaciones automáticas es más compleja. Hay un primer control en la propia estación, pero muy poco restrictivo para evitar eliminar datos válidos pero poco frecuentas como ocurre en situaciones adversas. Por ello en estas estaciones la validación se realiza principalmente por personal experto de las unidades de climatología y sistemas básicos apoyados en una serie de herramientas informáticas desarrolladas al efecto y en la vigilancia de los productos que de forma continua y automática se van generando.

Es evidente que un sistema de medición tan exigente que busca datos lo más representativos posibles hace que toda medición realizada en condiciones que no cumplan las reglas anteriores deba tomarse con mucha cautela y no pueda reconocerse como dato oficial. Es por ello que tiene tanta importancia para conocer la evolución del clima el poder disponer de series climáticas de temperatura soportadas por estaciones de observación meteorológica homologadas y acordes a las normas fijadas por la OMM. La Agencia Estatal de Meteorología opera una red muy densa de más de 3000 estaciones y gracias a ello toda la información del Banco Nacional de Datos Climatológicos disponible para cualquier ciudadano nos permitirá hacer efectivo ese principio esencial de conocer para poder luchar de forma efectiva contra el cambio climático por causas antropogénica.

27/06/2019

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