La luna más extraña del Sistema Solar es de un amarillo brillante
Ío es el satélite más cercano a Júpiter. Es el tercer satélite por su tamaño, tiene la más alta densidad entre todos los satélites y, en proporción, la menor cantidad de agua entre todos los objetos conocidos del sistema solar. Su color verdadero es muy llamativo.

Ío fue descubierto por Galileo Galilei en 1610. Recibe su nombre de Ío, una de las muchas doncellas de las que Zeus se enamoró en la mitología griega, aunque inicialmente recibió el nombre de Júpiter I por ser el primer satélite de Júpiter según su cercanía al planeta.
Con un diámetro de 3600 kilómetros, es la tercera más grande de las lunas de Júpiter. En Ío hay planicies muy extensas y también cadenas montañosas, pero la ausencia de cráteres de impacto sugiere la juventud geológica de su superficie.
Con más de 400 volcanes activos, es el objeto más activo geológicamente del sistema solar. Esta actividad tan elevada se debe al calentamiento por marea, que es la respuesta a la disipación de enormes cantidades de energía proveniente de la fricción provocada en el interior del satélite.
Varios volcanes producen nubes de azufre y dióxido de azufre, que se elevan hasta los 500 km. Su superficie también posee más de cien montañas que han sido levantadas por la extrema compresión en la base de la corteza de silicatos del satélite. Algunas de estas montañas son más altas que el Monte Everest.
La imagen destacada arriba, un intento de mostrar cómo se vería Ío en los "colores reales" perceptibles para el ojo humano promedio, fue tomada en julio de 1999 por la sonda espacial Galileo , que orbitó Júpiter de 1995 a 2003.
El origen de los colores de Ío
Los colores de Ío se derivan del azufre y la roca de silicato fundido. La inusual superficie de Ío se mantiene muy joven gracias a su sistema de volcanes activos. La intensa gravedad de marea de Júpiter estira Ío y amortigua las oscilaciones causadas por las otras lunas galileanas de Júpiter.
La fricción resultante calienta enormemente el interior de Ío, provocando que la roca fundida explote a través de la superficie. Los volcanes de Ío son tan activos que están transformando la luna por completo. Parte de la lava volcánica de Ío es tan caliente que brilla en la oscuridad.
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