Cuento aleccionador: otros usos del barómetro

Artículo de enero de 2003. Recuperado en enero de 2012 Autor:  Neil HARDWICK

Nota. Francisco Martín León publicó en la RAM-6 de Diciembre un relato muy parecido a éste. Se pedía que si alguien conocía las fuentes originarías, podía enviar dichas referencia a la RAM o al autor del relato. Rafael Cubero, lector y colaborador de la RAM, envío rápidamente las referencias adecuadas. Por expreso deseo de Francisco Martín, y haciendo honor a los autores originarios, reproducimos aquí la verdadera historia del “Cuento aleccionador”.

El autor de este cuento aleccionador es profesor en el Instituto de Arte Cinemático de Helsinki, Finlandia. Se reproduce aquí por cortesía de Vaisala News.

Un joven se presentó a una entrevista para ingresar en una escuela de Cambridge en la que deseaba estudiar física. Entre otras, se le hizo la pregunta siguiente:

“¿Cómo mediría Vd. la altura de un rascacielos utilizando un barómetro?”.

El candidato respondió: “Se ata al barómetro uno de los extremos de una cuerda muy larga. Desde la azotea del edificio se va largando cuerda hasta que el barómetro llegue al suelo. La longitud de la cuerda soltada más la longitud del barómetro será la altura del rascacielos”.

El entrevistador no aceptó la respuesta y el candidato fue rechazado. Pero éste apeló a las autoridades universitarias alegando que su respuesta, aunque quizá no muy ortodoxa, sin duda era correcta.

En aquellos días, el Profesor Iza Conman, de Michigan, estaba en Cambridge como profesor visitante y se le rogó que arbitrase en el litigio. Conman pidió al candidato que fuese a verlo y le dio cinco minutos para que respondiese a la misma pregunta, pero de un modo que demostrase algún conocimiento de los principios básicos de la física.

El joven candidato estuvo callado tres minutos. Conman le avisó de que se le agotaba el tiempo. “El problema es,” dijo el candidato, “que he pensado varias respuestas posibles pero no puedo decidir cuál es la mejor”. “Un minuto”, replicó Conman.

“Bien”, dijo el candidato, “se deja caer el barómetro desde la azotea del edificio y con un cronómetro se mide el tiempo que tarda en llegar al suelo. Si llamamos t a ese tiempo y g a la aceleración de la gravedad, la altura del rascacielos será gt2/2. Pero se habrá destrozado el barómetro”.

“Si hace sol, se puede medir la longitud del barómetro, la de su sombra y la de la sombra del edificio. Luego, es sólo cosa de aritmética proporcional calcular la altura del rascacielos”.

“Si se quiere ser muy científico, se puede atar una cuerda al barómetro y dejarlo oscilar como un péndulo, primero en la azotea y luego, en el suelo. Calculando el período de oscilación del péndulo en ambos casos, se puede deducir la aceleración de la gravedad en el suelo y en la azotea, y a partir de la diferencia entre esos dos valores determinar la altura del edificio”.

“O se puede subir por las escaleras con el barómetro y un lapicero, haciendo una marca por cada longitud del barómetro y sumarias todas al final”.

“Si se quiere ser aburrido, se puede medir la presión del aire en la azotea y a nivel del suelo, convertir los milibares en metros y obtener de ahí la altura del rascacielos”,

“Pero, para acabar, probablemente el mejor método sería llamar a la puerta del conserje y decirle: Si me dice qué altura tiene este edificio le regalo este precioso barómetro nuevo”.

Fuente del cuento aleccionador.

Boletín de la OMM Vol. 45 Nº 3 Julio 1996

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Esta entrada se publicó en Reportajes en 12 Ene 2012 por Francisco Martín León