Entrevista del mes: Dr. José Luis Sánchez
Dr. José Luis Sánchez, catedrático de Física Aplicada de la Universidad de León Especialista en modificación artificial del tiempo.
Síguenos en Twitter: @RAM_meteo
Y en Facebook: RAMmeteorologia
Entrevista de junio de 2011. Recuperada en agosto de 2013
NOTA: Todas las fotografías incluidas en esta entrevista son cortesía de José Luis Sánchez.
Obviamente, me referiré a los métodos científicos. La posibilidad de producir lluvia y de suprimir granizo de nubes que tienen en su interior regiones sobreenfriadas, haciendo uso de núcleos de congelación introducidas en ellas, fue pronosticada por el físico de nubes alemán Findeisen en 1938. En 1946, Schaefer, trabajando en la General Electric Company descubrió, accidentalmente, que un fragmento de hielo seco al caer en el interior de una cámara fría en cuyo interior había gotitas sobreenfriadas, era capaz de producir millones de cristales de hielo. El 13 de Noviembre de 1946 Schaefer dejó caer hielo seco pulverizado a lo largo de una línea de 5 km de largo en el interior de un altocúmulus, en un nivel en el que la temperatura era de -20 ºC. El Dr. Langmuir vio caer nieve y recorrer una distancia de 600 metros antes de evaporarse. Vonnegat, en 1946, comprobó que al quemar partículas de yoduro de plata (AgI) se formaban grandes cantidades de cristales de hielo. Todos ellos son considerados los pioneros de la modificación atmosférica.
Cuando allá en 1980 fui seleccionado por el Ministerio de Agricultura para aprender estas técnicas de lucha antigranizo en Albacete. Para mi era espectacular poder hacer todos los días un radiosondeo, ver las imágenes de un radar digitalizado (hablo de 1980, cuando no había otro en España), volar entre Cb's en pequeñas avionetas, etc. Una experiencia fantástica en contacto con profesionales de varios países.
Trabajar en lucha antigranizo es apasionante, pero duro e ingrato. Es duro porque sólo se ve cuando cae el granizo, y es apasionante porque cuando cesan las actividades de lucha antigranizo se acaba la investigación de las nubes de tormenta, uno de los riesgos meteorológicos más terribles y del que España ostenta el dudoso mérito de estar en el primer lugar de Europa, por ser el país con mayor número de pérdidas.He trabajado en Albacete, Murcia, Zaragoza, León, Sur de Francia y Mendoza (Argentina). También he ayudado a hacerlo en Lérida y a no hacerlo en Bolivia por falta de infraestructura que permitiera tener un control de las situaciones. (repito, a no hacerlo). Actualmente, no trabajo en ningún proyecto de lucha antigranizo en España pero damos soporte a la investigación que se hace en el valle del Ebro, Francia y Argentina.
La cantidad de agua sobreenfriada que tiene una nube de invierno o de verano suele ser bastante elevada. Lo que ocurre es que en verano, al tener más espesor las nubes de tormenta, contienen grandes regiones de gotas sobreenfriadas. Hay un claro déficit de núcleos de congelación en el ambiente. Añadiendo más núcleos, se favorece que se produzca la cristalización de las gotitas y se frena la formación de granizo. Las técnicas más recomendadas para Europa son las que emplean generadores de suelo que queman una solución de AgI y que producen los núcleos que necesitan las nubes y en regiones con accesos por carretera más difíciles, deben emitirse los núcleos de congelación desde aviones.
El granizo se suele formar cuando tenemos nubes frías de desarrollo vertical con abundancia de gotas líquidas sobreenfriadas. Como se mueven en su interior (a veces a velocidades de hasta 30 m/s), al llegar a zonas muy frías de la nube se congelan. La aparición de estas regiones con gotas sobreenfriadas suele ocurrir en ambientes en los que hay pocos cristales de hielo. El AgI tiene una estructura cristalina hexagonal y sus lados tienen unas dimensiones casi iguales a las del hielo. Esto hace que el AgI al entrar en contacto con vapor o agua sobreenfriada, tienda a producir un pequeño cristal de hielo (nucleación). Como la presión de vapor es menor frente al hielo que frente al agua líquida, las gotas líquidas dejan de estar en un ambiente saturado y tienden a evaporarse. Los cristales crecen y captan más vapor y compiten por él. Con ello conseguimos más cristales de hielo y menos gotas líquidas.
Tengo muchas dudas de que se pueda provocar lluvia. Lo que creo que a veces se puede hacer es acelerar algunos mecanismos involucrados en la precipitación. Sin embargo, está claro que se pueden hacer que sean más eficientes los procesos de crecimiento de las gotas. Según las medidas que tenemos de varias campañas realizadas en España y Argentina, apenas llega a caer un 5% del agua que contiene una nube. Si consiguiéramos que precipitara, en vez de un 5%, un 6%, sería un éxito. Esto se ha comprobado, con poca incertidumbre, en algunos tipos de nubes invernales y está reconocido por diversos organismos científicos. Las nubes no invernales, al tener más dinámica, son más complejas. Básicamente se trata siempre de conseguir más eficiencia en la producción de precipitación. Los métodos para insertar los núcleos de congelación varían, pero los principios son siempre idénticos: conseguir que haya más cristales de hielo y menos gotas líquidas sobreenfriadas para hacer más eficiente los mecanismos de formación de la precipitación.
La cantidad de núcleos de congelación que produce un gramo de AgI a -10 ºC o a -15 ºC es de billones. Por tanto, con una pequeña cantidad de AgI se consigue el objetivo. No hace falta emitir grandes cantidades. Por eso, en los lugares en los que se hacen de forma continua actuaciones en las que se emite AgI, la concentración de Ag en el suelo es apenas un poco superior a la característica de la zona. Hay muchas medidas efectuadas en diversos países del mundo y no hay dudas de que no genera ningún tipo de contaminación. Como un buen ejemplo de que no tiene problemas medioambientales tenemos lo que ocurre en el Estado de California o las Snowy Mountains en Australia, en donde el objetivo es preservar los ecosistemas del calentamiento global haciendo todo lo posible por hacer incremento de nieve.
Contrariamente a lo que se cree, el primero y principal es incrementar el conocimiento de los procesos meteorológicos adversos, mejorando la predicción de los mismos y estableciendo las áreas y niveles de riesgo. El segundo es aplicar una serie de técnicas a partir de un plan establecido, para intentar mejorar la eficiencia de los mecanismos de precipitación.
Si no hay nubes con una contenido de agua líquida “razonable” y además no tienen unos tamaños de más de 100 micras, en mi opinión es muy difícil (casi me atrevo a decir que imposible). Es decir, hablando el castellano llano, de donde no hay nada se puede obtener.
Aunque puedo tener ciertas dudas, con las tormentas que están bien aisladas y por tanto bien organizadas y que son de tipo unicelular o multicelular, creo que podemos ser optimistas y podemos acelerar mecanismos de precipitación y hacerlos más eficientes como para dificultar la caída de granizo. En las supercélulas soy más bien pesimista...
No conozco con detalle los proyectos de China, pero de lo que estoy seguro es que la atmósfera no se deja manipular al antojo de los humanos.
Lo peor de la modificación atmosférica es echar la imaginación a volar. Las nubes ni se forman ni se destruyen. Todo lo más, y no siempre, se dejan modificar un poco los procesos de crecimiento de los hidrometeoros que contienen. En China tienen una extensa experiencia en proyectos de modificación atmosférica y sé que están invirtiendo mucho dinero en investigar los procesos de precipitación. Yo no tengo más información.
Hay un caso muy interesante que es el de Lérida. Desde 2000 a 2004 mantuvieron una sistema de prevención de granizo (eso que la mayor parte de los españoles llaman lucha antigranizo) bien controlado. Por cambios y motivaciones que se me escapan, decidieron parar las actuaciones. De esta forma, nos encontramos con un periodo con siembra y otro sin siembra. De ahí que hemos podido establecer un método de evaluación que permite comparar las tormentas de uno y otro periodo. Los resultados encontrados en Lérida señalan que hay una diferencia estadísticamente significativa entre las precipitaciones de granizo entre ambos periodos. Dicho de otro modo, la cantidad de piedras de granizo precipitadas es sensiblemente menor cuando se realizan actuaciones de siembra. El método de evaluación –presentado en un reciente Congreso de la Sociedad Americana de Meteorología– es independiente de la variabilidad climática y se trata de un método robusto similar al que se utiliza en el Sur de Francia. También, fruto de años de investigación, se ha podido comprobar en muchas regiones del mundo que no da lugar a variaciones en la precipitación ni en la zona en la que se realizan las actuaciones ni en las limítrofes. En el Valle del Ebro también se hizo en su día y tampoco se encontraron diferencias más allá de la propia variabilidad climática y quizás del calentamiento global. Y por último, creo que conviene recordar que existen muchas referencias científicas que avalan que no hay procesos de contaminación que puedan ser atribuidos al efecto de las siembras.Hay otros casos como el de Israel en el que una zona, después de muchos años, se siguen comprobado los efectos beneficiosos de las actuaciones de incremento de lluvia. ¿Otros casos? California o Utah, en el que hay otros casos claros de incremento de las precipitaciones de nieve. Sin duda, este tipo de actuaciones –las de incremento de las precipitaciones de nieve en áreas de montaña– son las que están consiguiendo resultados positivos más claros, como así lo atestiguan algunos organismos internacionales (OMM, ASCE, etc.) y sin duda la más prometedora de todas las ideas.
Desde la RAM damos las gracias a José Luis Sánchez por su amabilidad hacia los lectores de la revista.