Halos solares y efectos ópticos que nos regala el Sol

Este sábado empezará una época fría en general, el invierno climatológico. Halos solares y otros efectos ópticos formarán parte de nuestros cielos en los próximos meses, ¿sabes qué son?

Natacha Payà Natacha Payà 28 Nov 2018 - 02:49 UTC
Halo solar
Halo solar, se forma a partir de bajas temperaturas. Una imagen de postal.

Llega el invierno y con ello aumenta la probabilidad de que algún que otro día amanezcamos con temperaturas frías y podamos observar los efectos ópticos que nos regala el Sol. El halo solar o antelia es un circunferencia brillante e iridiscente que rodea nuestra estrella y ocurre principalmente en los lugares más fríos y gélidos del planeta. Eso sí, las condiciones meteorológicas favorables pueden propiciar la aparición de esta maravilla en cualquier otro punto, como en nuestro país. Este fenómeno es más común con bajas temperaturas y la posibilidad de verlos aumenta con la entrada de diciembre. Poca gente sabe a ciencia cierta lo que es. Es decir, lo ve, lo disfruta y lo fotografía pero, ¿cómo se forma?

Formación del halo solar

Los halos solares están formados por las partículas (cristales de hielo) en suspensión en las capas más altas de la troposfera -a unos 10 km de altura-. Es una especie de arco iris circular, dispuesto a una distancia angular de 22 grados del astro, y se crea cuando sus rayos inciden sobre estos cristalitos. La formación de la 'circunferencia' depende de la cantidad de cristales de hielo y a su vez, de la cantidad de luz que puedan refractar.

Los lugares más fríos del planeta son los que más disfrutan de esta imagen de postal, viéndola en reiteradas ocasiones. En las zonas cercanas a los polos, las bajas temperaturas son el pan de cada día, viven en un eterno invierno, por lo que poder observarlo ahí suscita menos interés que verlo en nuestras latitudes o bien, en latitudes más bajas.

El frío es un factor importante para que se produzcan los halos, también el estado del cielo. Los cirros -del latín cirrus- deben dominar el cielo ya que son las nubes con un alto porcentaje de estos pequeños cristales de hielo. Son un tipo de nubes altas y se forman gracias al aire caliente que asciende desde la superficie terrestre, convirtiéndose en los límites de la troposfera en partículas de hielo.

De halo a parahelio, dos conceptos diferentes

Este fenómeno es menos común que el halo pero van muy ligados, incluso pueden llegar a aparecer al mismo tiempo. Se trata del parahelio -también parhelio, parhelia o falsos soles, que en latín significa semejante al sol- y aunque muchos piensan que es lo mismo, no lo es, hay más de una distinción entre ellos, aunque el ojo no lo aprecie con exactitud.

En la formación de los 'falsos soles' las condiciones meteorológicas son similares a las que propician los halos, pero estos crean manchas brillantes a 22 grados a la derecha y a la izquierda. Las nubes que propician este fenómeno contienen cristales de hielo que actúan como prismas refractando los rayos del Sol. En muchas ocasiones se puede apreciar únicamente un parahelio, ya que los cirros están posicionados a un lado del Sol. Son manchas luminosas redondas, parecidas al astro rey, aunque mucho menos brillantes. También pueden aparecer en sentido vertical o degradándose con los colores del arco iris.

Otros efectos ópticos

Todos estos fenómenos y efectos ópticos se forman a raíz de causas atmosféricas. La naturaleza nos regala estas maravillas dignas de fotografiar y no son las únicas. Algunas veces podrás confundir un halo solar con las coronas que se forman alrededor del Sol. Estas últimas no se forman a raíz de cristales en suspensión, sino que se crean a partir de las nubes finas y translúcidas que cubren el cielo con sus gotas diminutas. El Sol choca contra la niebla formando este fenómeno que podría llegar a confundirse con el halo solar.

Nuestra atmósfera es el escenario de manifestaciones meteorológicas, en algunos casos un juego de luces con las iridiscencias, los arco iris, los pilares de luz y también los halos lunares o Paraselenes. No hay que dejar de fotografiarlos pero, ¿tú has visto alguno?

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