Corrientes en chorro ¡a 300 km/h sobre nuestras cabezas!

Tanto nuestro clima como la situación meteorológica diaria dependen en gran medida de estas enormes “autopistas” atmosféricas. Hablaremos de algunas curiosidades sobre ellas.

Victor González Victor González 17 Ago 2019 - 09:48 UTC

Aunque estamos acostumbrados a prestar atención especial a los vientos que se producen en superficie por el impacto directo que tienen en nuestras actividades cotidianas, lo cierto es que si queremos tener una información meteorológica a mayor escala hace falta echar un vistazo a los vientos que circulan en altura. Sin duda, las corrientes en chorro son las grandes protagonistas de la circulación atmosférica, especialmente en latitudes medias y altas. Aunque en el ámbito meteorológico estamos acostumbrados a verlas como “autopistas de frentes y borrascas” lo cierto es que tienen otras repercusiones bastante curiosas.

Desde los primeros vuelos transatlánticos, empezó a comprobarse la relevancia y dimensiones de estas corrientes. Un avión se mantiene en vuelo gracias a la velocidad que lleva con respecto al aire circundante, lo que se conoce como velocidad aerodinámica, y no a la velocidad con respecto al suelo, la velocidad absoluta.

Un avión que quiera despegar y se mueva a 200 km/h con un viento de cola de 200 km/h llevará una velocidad aerodinámica nula y no podrá volar, mientras que si ese viento lo lleva de frente su velocidad aerodinámica será de 400 km/h. Para mantener una velocidad aerodinámica de 200 km/h en el primer caso el avión deberá acelerar a 400 km/h con respecto al suelo y en el segundo caso le bastará con mantenerse estático.

Dado que los aviones comerciales pueden mantener velocidades aerodinámicas de entre 800 km/h y 900 km/h, las corrientes en chorro más intensas pueden reducir la velocidad absoluta por debajo de 600 km/h si llevan estas corrientes de frente o superar los 1000 km/h si las llevan de cola. El récord lo batió el 19 de febrero de este año un avión comercial durante una fuerte corriente en chorro que le ayudó a alcanzar los 1289 km/h de velocidad de crucero.


Existen dos corrientes en chorro por hemisferio: el chorro polar y el chorro subtropical. El primero es mucho más definido e intenso, puede llegar a superar los 300 km/h a unos 8-11km de altura en condiciones favorables, mientras que el chorro subtropical pasa mucho más desapercibido al ser más débil y tener menos impacto en sistemas meteorológicos activos, ya que se sitúa a la latitud de los grandes anticiclones subtropicales.

Aunque suelen adoptar una forma de anillo en torno a los polos de nuestro planeta, es habitual que las desigualdades de la superficie terrestre faciliten la aparición de ondulaciones de gran tamaño conocidas como "Ondas de Rossby" que generalmente son las responsables de que haya intrusiones de aire polar en latitudes más bajas de lo habitual y que traen al sur de Europa los grandes temporales otoñales e invernales así como las vaguadas que generan las tormentas estivales.

El origen de estas corrientes

El Sol no incide de la misma forma sobre la superficie terrestre, y una de las principales causas de que esto suceda reside en la forma de esferoide achatado por los polos que posee nuestro planeta. Una menor radiación solar en los polos se traduce en temperatura más bajas tanto en superficie como en buena parte de la columna atmosférica. El aire más frío, también es más denso y por tanto ocupa un menor volumen, la troposfera en regiones frías tiene menor espesor que en regiones cálidas. En las franjas en las que el aire frío polar y el aire cálido de latitudes bajas se encuentran, el aire tiende a caer desde las zonas cálidas (expandidas) a las zonas frías (más densas y deprimidas).

Sin embargo esto no es todo. Nuestro planeta está en rotación y eso implica que entra en escena otro factor más, la fuerza de Coriolis. En este caso, impide que el aire se mueva de las zonas más cálidas a las más frías en línea recta y desvía constantemente su curso.

En esta época del año, la diferencia de temperaturas entre el ecuador y el Polo Norte es más reducida, y las corrientes en chorro de nuestro hemisferio han alcanzado el mínimo de intensidad. A medida que pasen las semanas, el polo comenzará a enfriarse de nuevo, más rápidamente que el ecuador, y el chorro polar empezará a ganar intensidad progresivamente anunciando la llegada del otoño. En el Reino Unido ya están notando las consecuencias de un fortalecimiento prematuro del chorro y estos últimos días han recibido la visita de varias bajas atlánticas que han dejado importantes acumulados de lluvia en las islas.

¿Es nuestro planeta el único con corrientes en chorro?

Desde luego, basta con echar un vistazo a los gigantes gaseosos para responder esa pregunta. El tamaño de Júpiter unido a su homogénea superficie y su rápida rotación, le permiten mantener estables una gran cantidad de corrientes en chorro que definen cada una de sus bandas, la presencia de capas con nubes de compuestos distintos facilita que se puedan distinguir unas de otras. Además, pueden observarse grandes sistemas meteorológicos, como es el caso de la Gran Mancha Roja, navegando por ellas.

Júpiter
Estructuras meteorológicas, entre ellas la Gran Mancha Roja, moviéndose por las múltiples bandas del planeta. Voyager 1.

En Neptuno, lo que llama la atención es la gran velocidad a la que se mueven, llegando a alcanzar los 2000 km/h. Además, en estos planetas el calor interno también juega un papel relevante a la hora de aportar energía a estas corrientes, ya que es mucho más destacable que en planetas de menor tamaño como la Tierra. Hay que tener en cuenta, además, que estos grandes planetas se encuentran demasiado lejos de nuestra estrella como para que la radiación solar juegue un papel tan relevante como en los planetas interiores. En la Tierra, en cambio, es el Sol quien aporta casi la totalidad de la energía que mantiene vivas las corrientes en chorro.

Publicidad