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¿Cómo se pueden adaptar las ciudades al calor extremo?

La excepcional ola de calor sufrida en la mayor parte de España durante la última semana pone de manifiesto, una vez más, las consecuencias del actual cambio climático. Frente a él, habrá que aplicar nuevas medidas para aliviar las altas temperaturas en las ciudades, pero... ¿es esto posible?

La peligrosidad de las olas de calor en las ciudades aumenta con el llamado efecto de isla de calor urbano que magnifica los impactos en comparación con el campo, donde hay más vegetación.

Aunque todavía no hay un estudio riguroso, los científicos se atreven a señalar al cambio climático como el principal responsable de la precoz ola de calor que batió récords absolutos hace apenas una semana. El incremento de gases de efecto invernadero en la atmósfera emitido por el hombre permanecerá durante décadas en la atmósfera, incrementando la temperatura global del planeta, y con ello habrá olas de calor más calurosas y comunes.

A pesar de que las olas de calor afectan a todas las regiones por igual, su intensidad se magnifica en las ciudades debido al efecto conocido como isla de calor. Este fenómeno se atribuye principalmente tanto a materiales (asfalto o cemento) como a elementos (sistemas de climatización, coches, luces, etc.) que desprenden calor en el centro de las ciudades, sumándose al propio de la atmósfera e incrementando las temperaturas en áreas urbanas.

Por todo ello, las grandes ciudades del mundo se plantean reducir el efecto negativo de las altas temperaturas aplicando medidas innovadoras para crear espacios más resistentes al ascenso térmico.

Reducir pavimentos convencionales

Casi la mitad de las ciudades están cubiertas por asfalto, material de color negro que absorbe gran cantidad de calor y puede llegar a alcanzar hasta los 65 ºC en pleno verano. El aire en contacto con esta superficie se calienta incrementando aún más su temperatura y dando lugar a la famosa isla de calor.

Entre las principales medidas para paliar este ascenso térmico, los expertos proponen emplear colores más claros para crear superficies más reflectantes. Este efecto albedo no natural se empleó en Los Ángeles hace unos años donde se registró una reducción de hasta 5 ºC en las áreas pintadas.

Jardines en los tejados

El 80% de los tejados y azoteas de los edificios españoles son zonas no transitables, cubiertas de bloques y sin un uso específico. Su exposición al sol en verano y al frío en invierno les da una posición estratégica para crear zonas verdes en las alturas: protegen el edificio del sol directo, retienen agua, disminuyen las temperaturas y, además, absorben dióxido de carbono.

También, se podría aplicar la metodología anterior y pintar de blanco estas superficies para así reflejar una mayor luz solar y absorber menos el calor. Todo ello, podría bajar las temperaturas del interior del edificio y reducir el consumo energético.

Habilitar nuestras ciudades es un reto inaplazable que necesita de decisiones conjuntas y un reconocimiento global que permita generar ideas claves que se adapten a cada ciudad, con el objetivo de dar una mayor protección y valorización de la vida a las generaciones futuras.