Registros de anillos de árboles en España revelan una intensificación de las precipitaciones extremas en el Mediterráneo

Los pinos centenarios que crecen en las montañas ibéricas del este de España han registrado silenciosamente más de cinco siglos de clima mediterráneo y han puesto de manifiesto el aumento de precipitaciones extremas en la zona.

Los anillos de los árboles contienen información relevante del clima de su zona. Anillos de pinos españoles e imagen de MITECO
Los anillos de los árboles contienen información relevante del clima de su zona. Anillos de pinos españoles e imagen de MITECO


Los pinos centenarios que crecen en las montañas ibéricas del este de España han registrado silenciosamente más de cinco siglos de clima mediterráneo. Ahora, al analizar los anillos de crecimiento anuales conservados en su madera, los científicos han descubierto un mensaje impactante: las tormentas y sequías actuales son cada vez más intensas y frecuentes que casi cualquier otra que la región haya experimentado desde principios del siglo XVI.

Una nueva investigación, publicada en Climate of the Past , reconstruye 520 años de variabilidad pluviométrica en el Mediterráneo occidental utilizando datos de anillos de crecimiento de pinos españoles longevos (Pinus sylvestris y Pinus nigra). Los hallazgos muestran que las últimas décadas se destacan claramente en el registro histórico, marcadas por un aumento de precipitaciones extremas y períodos de sequía prolongados a medida que el clima se calienta.

Los árboles como archivos climáticos vivos

Cada año, los árboles añaden un nuevo anillo de crecimiento, formando un registro natural de las condiciones ambientales. En años húmedos, los árboles suelen producir anillos más anchos, ya que el agua está disponible para el crecimiento, mientras que en años secos, los anillos se estrechan a medida que el crecimiento se ralentiza.

Al medir estos anillos y comparar patrones en muchos árboles, los científicos pueden reconstruir las condiciones climáticas pasadas mucho antes de que existieran los instrumentos meteorológicos, una práctica conocida como dendroclimatología.

Para este estudio, los investigadores se centraron en pinos de zonas altas del este de España, donde el crecimiento es especialmente sensible a los cambios en las precipitaciones. Algunos de los árboles muestreados tienen varios siglos de antigüedad, lo que permitió al equipo crear un registro continuo que se remonta a 1503.

Zona del estudio aludido en la península ibérica. Fuente: Marcos Marín-Martín et al, Climate of the Past (2025). DOI: 10.5194/cp-21-2205-2025
Zona del estudio aludido en la península ibérica. Fuente: Marcos Marín-Martín et al, Climate of the Past (2025). DOI: 10.5194/cp-21-2205-2025

El resultado es una de las reconstrucciones más largas y detalladas de las precipitaciones en el Mediterráneo occidental, que ofrece una ventana poco común para observar cómo han variado las precipitaciones a lo largo de las generaciones.

Debido a que los registros instrumentales de precipitaciones normalmente abarcan poco más de un siglo, los anillos de los árboles proporcionan una forma crucial de ubicar los extremos recientes en un contexto histórico mucho más largo, extendiendo las historias climáticas cientos de años atrás.

Para reforzar esta perspectiva, los investigadores también compararon los resultados de sus anillos de árboles con documentos históricos que describen ceremonias de "rogación" religiosa, peticiones públicas de lluvia durante sequías o de alivio de lluvias excesivas e inundaciones, que eran comunes en las sociedades mediterráneas preindustriales.

Ecos de extremos pasados

El registro revela que las precipitaciones mediterráneas nunca han sido estables. Durante los últimos cinco siglos, la región ha alternado repetidamente entre períodos más húmedos y más secos, a veces con una duración de décadas. Estas fluctuaciones moldearon los paisajes, la disponibilidad de agua y la agricultura mucho antes de que el cambio climático moderno se convirtiera en un factor determinante.

Los relatos históricos muestran que los fenómenos climáticos extremos a menudo han coincidido con períodos de estrés agrícola y perturbaciones sociales, lo que pone de relieve cuán estrechamente ha estado vinculada la disponibilidad de agua a la estabilidad humana en la región.

Lo que distingue al período reciente no es simplemente la existencia de extremos, sino la frecuencia y la intensidad con que ocurren. En comparación con la mayoría de los siglos anteriores, finales del siglo XX y principios del XXI muestran una acumulación de acontecimientos inusualmente intensos.

Las sequías severas y los episodios de lluvias torrenciales aparecen con mayor frecuencia y alcanzan niveles que eran raros o inexistentes en gran parte del registro histórico. En lugar de evolucionar de forma constante hacia condiciones más húmedas o más secas, el clima mediterráneo parece volverse más volátil, con oscilaciones más pronunciadas entre extremos opuestos.

Señales de tormentas extremas

Una de las señales más claras en los datos de los anillos de los árboles es la intensificación de las precipitaciones extremas. Los aguaceros intensos, a menudo asociados con tormentas de movimiento lento que absorben la humedad del mar Mediterráneo, se han intensificado en las últimas décadas. Cuando estos sistemas se estancan sobre tierra, pueden generar grandes cantidades de lluvia en poco tiempo, lo que aumenta el riesgo de inundaciones y deslizamientos de tierra.

Al mismo tiempo, los períodos secos se están agravando. El aumento de las temperaturas incrementa la evaporación del suelo y la vegetación, lo que agrava las condiciones de sequía incluso en años en los que las precipitaciones totales no disminuyen drásticamente. Esta combinación —lluvias más intensas, separadas por períodos secos más prolongados y calurosos— ejerce una presión creciente sobre los ecosistemas y los recursos hídricos.

Es importante destacar que el estudio muestra que este patrón es sumamente inusual en el contexto de los últimos 520 años. La escala y la persistencia de los extremos recientes coinciden estrechamente con las observaciones modernas y las proyecciones de los modelos climáticos, lo que indica una fuerte influencia del calentamiento global antropogénico.

El Mediterráneo está especialmente expuesto a estos riesgos por encontrarse en el límite entre las zonas climáticas templadas y áridas. Pequeños cambios en la circulación atmosférica o la temperatura del mar pueden provocar grandes cambios en los patrones de precipitaciones. A medida que el clima se calienta, esta sensibilidad parece aumentar, amplificando los impactos de los extremos húmedos y secos.

Los antiguos pinos españoles no pueden predecir el futuro, pero sí ofrecen una poderosa advertencia.

Sus anillos muestran que el clima mediterráneo está trascendiendo los límites que moldearon las sociedades durante siglos, y que adaptarse a esta nueva realidad requerirá prepararse para un mundo de tormentas más fuertes, sequías más profundas y mayor incertidumbre.

Fuente: European Geosciences Union - Phys

Referencia

Marcos Marín-Martín et al, A five-century tree-ring record from Spain reveals recent intensification of western Mediterranean precipitation extremes, Climate of the Past (2025). DOI: 10.5194/cp-21-2205-2025
https://cp.copernicus.org/articles/21/2205/2025/

Esta entrada se publicó en Noticias en 26 Ene 2026 por Francisco Martín León

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