Entrevista del mes: José Enrique Gargallo Gil

Profesor titular del Departamento de Filología Románica de la Universidad de Barcelona e Investigador Principal del proyecto ParemioRom (Paremiología romance: refranes meteorológicos y territorio: FFI2011-24032)

Colaboraciones de la RAM Colaboraciones de la RAM 13 Abr 2014 - 16:05 UTC
Entrevista Del Mes: José Enrique Gargallo Gil

¿Fue su afición a los refranes la que le llevó a investigarlos, o fueron sus investigaciones las que le fueron llevando cada vez más al refranero?

La pregunta se me hace como la célebre y circular cuestión de “si fue antes el huevo o la gallina”. Si miro atrás, soy consciente de que en casa mis padres y mis abuelos solían usar refranes y los traían a cuento oportunamente. También me veo, como tierno profesor (empecé a profesar en la UB a los 22 años en 1982), descubriendo la utilidad de los refranes en mi especialidad, que es la lingüística románica. Andando el tiempo, y como quien no quiere la cosa, empecé a aprenderlos también en mi otra lengua, el catalán, y a descubrir las afinidades en las diversas lenguas románicas… A partir de aquí, mi afición a vivir y revivir los ciclos del año me llevó a estudiar los refranes del calendario y, algo más adelante, los meteorológicos también, en su hermandad romance. Por fin, me determiné a forjar un grupo de investigación en torno a la paremiología románica desde mi condición de romanista.

¿Cuál es el origen de los refranes, en particular de los que aluden a elementos del tiempo y del clima? ¿A qué época se remontan los primeros?

Algunos de los tipos de refrán o paremia, de los “paremiotipos” (como yo suelo designar los que responden a una hechura o motivación esencialmente afines), proceden de la Antigüedad. Tomo a la sazón las palabras de un reputado paremiólogo, Wolfgang Mieder: «La sabia literatura de la Biblia también contiene referencias de los refranes meteorológicos» («Los refranes meteorológicos», Paremia 5, 1996, 59-65; y concretamente, la pág. 61). Este autor cita el evangelio de Mateo (16, 2-3): «Al atardecer decís: “Va a hacer buen tiempo, porque el cielo tiene un rojo de fuego”, y a la mañana: “Hoy habrá tormenta, porque el cielo tiene un rojo sombrío”».

Entrevista Del Mes: José Enrique Gargallo Gil

Figura 1.- Los colores rojizos al atardecer anuncian un cambio de tiempo

Hay paremiotipos que responden a imágenes compartidas por distintas lenguas y culturas romances: nuestro Cielo a borregos, agua a calderos es gemelo del italiano Cielo a pecorelle, acqua a catinelle. Cuál sea la “madre” de ambos es algo que no resulta fácil de determinar, como sucede en otros casos. En ocasiones, cabe sospechar un origen ancestral, aunque no haya testimonios escritos, que se remonta a las raíces de nuestra civilización europea. Así, en los que hacen del arco multicolor un “bebedor de agua”, como en el asturiano Cuando la perdiz canta y el arcu bebe, non hay mejor siñal d’agua que cuando llueve, que tiene su retranca. O en los que evocan, mediante los llamados “dialogismos”, el diálogo imaginado entre la vieja (o el pastor) y marzo, que toma prestados unos días de su hermano abril para recrudecer el mal tiempo en el tránsito entre estos dos meses: [Dijo el pastor:] “Marzo, marzuelo, tres días te quedan, ya no te temo.” [Y contestó marzo:] “Con tres días que me quedan y tres que me preste mi hermano abril, todas las ovejas se te van a ir”.

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Figura 2.- Típico cielo aborregado (nubes del género altocúmulus)

Aunque nuestra sociedad es cada vez más urbana y menos rural, algunos refranes del tiempo siguen resistiendo el paso del tiempo, ¿están condenados a desaparecer o se mantendrán vigentes?

Una mayoría de refranes no lo tendrá fácil para sobrevivir. Prima ahora mismo la moda pasajera, que deja de estar de moda en nada, como si se tratara de flores de una primavera. Cada vez cuesta –y más que costará– encontrar a quien sepa completar refranes como (1) Cuando marzo mayea […]; (2) Marzo ventoso y abril lluvioso […]; (3) La luna de octubre […]. Refranes que, por cierto, difícilmente resisten una verificación estadística, como los dos primeros que insinúo (vid. Javier MARTÍN-VIDE, «¿Qué tienen de verdad los refranes meteorológicos», en GARGALLO et alii, I proverbi meteorologici. Ai confini dell’Europa romanza. Alessandria: Edizioni dell’Orso, 247-258). Refranes que son pura fantasía, pues qué es, si no, la creencia en la predicción o prefiguración del tiempo que haga en octubre de cara a los siete o nueve meses por venir: La luna de octubre, siete lunas cubre; y si llueve, nueve. Ahora bien, no es menos fantasía la cabalgata de los Reyes Magos de Oriente, y no por ello renunciamos a celebrarla cada Epifanía, y a considerarla una tradición de nuestro imaginario colectivo que cabe preservar. En cuanto a aquellos otros dos refranes de marzo (Cuando marzo mayea, mayo marcea; Marzo ventoso y abril lluvioso sacan a marzo florido y hermoso), pura hermosura, me da pena pensar que acaso se perderán en breve. Algunos hay con duende, que los hace más populares, más perdurables: Año de nieves, año de bienes; Por San Blas la cigüeña verás; y si no la vieres, año de nieves; Hasta el cuarenta de mayo no te quites el sayo. Y quizá contribuye a la latencia de muchos la labor pedagógica y divulgativa de los profesionales de la meteorología y la climatología.

¿Cuántos refranes meteorológicos tiene contabilizados?

Los hay sin cuento, son incontables. Quiero decir que no es posible realizar un cómputo matemático-estadístico. Si la muestra fuera libresca, deberíamos vaciar “todos” los repertorios en una lengua de referencia, pero ¿cómo determinar cuáles son los componentes de esa “totalidad”? Muchos son variantes de un paremiotipo fundamental: Si/Cuando la Candelaria/Candelera plora/llora… ¿Contamos en este caso uno o varios? Cada persona, en su universo mental, los atesora de manera que no hay computadora capaz de computarlos, de contarlos. En cierta ocasión me preguntaron: “¿Cuántos refranes tienes en tu cabeza?”. Y respondí: “¿Cuántas estrellas tiene el firmamento?”.

¿Hasta qué punto el cambio climático actual está poniendo en cuarentena algunos refranes alusivos al clima?

Es algo que podría responder mejor un experto en clima. Pero un paremiólogo (y yo paso por serlo), si es observador, se da cuenta de que muchas cigüeñas ya se quedan con nosotros todo el año, de modo que el refrán de San Blas, de la respuesta anterior, ya no es “válido”. Y cada año, desde hace unos cuantos, vivimos una especie de prolongación del “tiempo de verano” hasta bien adentrado el invierno, de manera que ya no valen del mismo modo refranes como El veranillo de San Martín, dura tres días y ¡fin! (como se sabe, san Martín de Tours se conmemora el 11 de noviembre). Pero siguen vigentes marcas de cultura popular, como el recuento por cuarentenas: Hasta el cuarenta de mayo no te quites el sayo; Si llueve el día de la Ascensión, cuarenta días de lluvia son. No es creíble que hayan de ser justo cuarenta, pero el peso simbólico del “cuarenta” es tal que ha llevado incluso a crear la expresión “poner en cuarentena”.

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Figura 3.- La lluvia es uno de los meteoros con más referencias en el refranero, da la importancia que tiene para las labores agrícolas

¿Siguen surgiendo nuevos refranes del tiempo o ya están todos inventados?

Diría que ya no surgen nuevos refranes meteorológicos, ni en general paremias nuevas. A veces, tal o cual eslogan (político, publicitario), tal o cual ocurrencia de este o aquel personaje del mundillo televisivo, tienen la suerte de circular un tiempo: ¿Quién no recuerda aquello de España va bien? Por ahí suena algo así como La felicidad compartida es más… A veces parecen ecos de refranes. Pero suelen ser flor de bien pocas primaveras.

Eso sí, a veces se registran deturpaciones o modificaciones burlescas de los refranes existentes, como en el caso de A mal tiempo, paraguas.

¿Hay refranes del tiempo cuyo uso se haya extendido por todos los rincones del mundo?

Alguno hay que, más que haberse expandido desde un centro concreto, responde a una poligénesis de miradas tan humanas como antiguas. Así, en el caso de la mirada al fenómeno “mágico” de la lluvia con sol. Se refiere a ello un sabio humanista, director de la revista Cadernos de Fraseoloxía Galega y reconocido fraseólogo: Xesús Ferro Ruibal, «Cando chove e dá o sol... ¿Un fraseoloxismo internacional poliédrico?», en el número 9 (2007) de la citada revista (pp. 67-94). En las fórmulas rimadas en que se reúnen la lluvia y el sol, se cobijan diablos en las correspondientes segundas partes, debidamente aferrados a la rima: como en gallego (Cando chove e vai sol, anda o demo por Ferrol), en asturiano (Cuando tchueve ya fai sol, berra ‘l diablo ‘n Camayor) o en italiano (Quando piove e c’è il sole, il diavolo fa l’amore). Y muchas otras motivaciones esotéricas de todo tipo asoman en paremias llamativamente afines, si no en la forma, sí en el fondo, por todo el orbe.

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Figura 4.- “Cuando llueve y hace sol…”

¿Cuáles son sus refranes meteorológicos preferidos? Cítenos al menos tres de ellos y coméntenos alguna cosa sobre su significado.

No son pocos. Tomo en primer lugar uno que, generosamente, hago “meteorológico”. Se refiere a la altura y proyección del sol, que ilumina por marzo lugares poco antes umbríos: A quince de marzo da el sol en la sombra y canta la alondra. Como en este, adivino poesía en muchos otros. Sin duda podrían pasar por pasajes poéticos. Qué decir del ya mencionado Cuando marzo mayea, mayo marcea; que manifiesta, mediante un quiasmo , cierta filosofía compensatoria que recuerda la de otras paremias entre el tiempo de invierno y el de primavera: En Navidad, al balcón; en Pascua, al tizón; Carnestolendas aguadas, Pascua soleada . O este, de mi Puebla de Arenoso natal, en el límite de la provincia de Castellón con la de Teruel: El cielo a montonicos, el agua a capacicos; que, independientemente de su veracidad, encuentra ecos romances cercanos: Cielo a velloncicos, agua a cantaricos (testimoniado en Teruel).

¿Los refranes del tiempo enriquecen las intervenciones de los hombres del tiempo o pueden crear un conflicto al mezclarse con el lenguaje técnico que suele emplearse en los pronósticos meteorológicos?

Soy un declarado admirador y seguidor de los hombres del tiempo, y me produce una satisfacción especial que se apoyen en estas prendas de la meteorología popular, a la que tienden una mano y un puente de saber compartido desde la meteorología científica. Es más, creo que la labor pedagógica y divulgativa que entrañan no puede ser sino beneficiosa para quienes, sin ser expertos en meteoros o en clima, acaso podemos también corresponder con el estudio de la cultura popular, del folclore. Todo ello redunda en beneficio de la ciencia, cuyo significado etimológico, no por casualidad, es plural: SCIENTIA, ‘saberes’. Saber plural y compartido.

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Figura 5.- Bonito doble arcoíris, un fenómeno meteorológico que también es muy común en el refranero meteorológico

¿Qué les puede contar a nuestros lectores sobre el antiguo proyecto BADARE y el actual ParemioRom?

Para empezar, que nuestro proyecto ParemioRom, heredero del anterior BADARE, constituye un espacio científico de cooperación entre investigadores de distintos países de Europa (Portugal, España, Francia, Italia y Croacia); también, que cuenta con once miembros, tantos como un once futbolístico. Un equipo en que los componentes de la Universidad de Barcelona (quien suscribe, como investigador principal, junto con Maria-Reina Bastardas, Joan Fontana y Antonio Torres) atesoran una experiencia “colaborativa” que va para nueve años. En este tiempo, se ha logrado reunir casi doce mil fichas de refranes meteorológicos del calendario y del ciclo del año, correspondientes a lenguas, variedades y culturas de todo el ámbito romance de Europa. Los precedentes y resultados del proyecto (publicaciones, reuniones científicas y actividades diversas) se consignan en una página web (

mso-fareast-font-family:"Times New Roman";mso-ansi-language:ES;mso-fareast-language:ES;mso-bidi-language:AR-SA;mso-bidi-font-weight:bold">http://stel.ub.edu/paremio-rom/es/) que permite su consulta en tres versiones: español, catalán e inglés.

Nuestro tesoro “parémico” o refranero es asimismo consultable en dicha página. Y en el mes de marzo de 2014, en que escribo, alberga casi cinco mil fichas geolocalizadas, lo que constituye la faceta novedosa aportada por el ParemioRom, nuestro proyecto en curso (2012-2014). Sirva a manera de botón de muestra la siguiente ficha: Aire madrileño, aire llovedor (

mso-fareast-font-family:"Times New Roman";mso-ansi-language:ES;mso-fareast-language:ES;mso-bidi-language:AR-SA">http://stel.ub.edu/paremio-rom/es/refranes/aire-madrile%C3%B1o-aire-llovedor); que el Refranero geográfico español de Gabriel María Vergara Martín (1986, 2.ª edición; [1936]) recoge en su página 172, con atribución a los burgaleses.

¿Qué líneas de investigación relacionada con la paremiología está llevando a cabo en estos momentos?

La paremiología, y más concretamente la geoparemiología –esto es, el estudio de la variación geográfica de los refranes–, nos ha de llevar a tender puentes hacia cualquier otro campo de la ciencia. Con esa determinación organizo, con la ayuda de mis tres colaboradores de la Universidad de Barcelona (Bastardas, Fontana y Torres), un coloquio en que se ha invitado a 18 ponentes a reflexionar sobre el tiempo. El tiempo que corre y el tiempo que hace. Habrá representantes de campos bien diversos: poesía, paremiología, psicología, geología, biología, medicina, filosofía, física, lingüística, filología, climatología, matemática, historia del arte, botánica, imaginario, romanística. Se trata del coloquio Mirades de la ciència sobre el temps, que se ha de celebrar en el Aula Magna de la Universidad de Barcelona los días 26 y 27 de mayo de 2014:

http://stel.ub.edu/paremio-rom/es/p%C3%A1ginas/mirades-de-la-ci%C3%A8ncia-sobre-el-temps

En dicho coloquio interviene otro miembro del equipo, Xosé Afonso Álvarez (Centro de Linguística da Universidade de Lisboa), con la ponencia titulada «Cuan el tiempo ye del tiempo, nunca ye mal tiempo. El proyecto ParemioRom».

Quiasmo: figura de dicción que consiste en presentar en órdenes inversos los miembros de dos secuencias.

Carnestolendas es la designación antigua para lo que después se ha nombrado con el italianismo carnaval.

Esta entrada se publicó en Entrevistas en 13 Abr 2014 por Francisco Martín León
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