CIENCIA Y DIPLOMACIA HISPANO-ALEMANA EN CANARIAS

EL ORIGEN DEL OBSERVATORIO ATMOSFERICO DE IZAÑA
(1907-1916)
 

 

Fernando de Ory Ajamil

Doctor en Historia Contemporánea
Observador de Meteorología del Estado (INM)

Si nos atuviéramos al título de este libro, podría parecer desmesurado su empleo en relación con un acontecimiento aparentemente de tan poca trascendencia histórica como es la creación de un observatorio meteorológico de montaña. Sin embargo, la importancia histórica del establecimiento del observatorio de Izaña (Tenerife) radica, en primer lugar, en que supuso la culminación de un largo proceso científico de interés universal, de más de tres siglos de duración, y del que fue su gran protagonista el pico del Teide. No en vano, en el año 1645, la Royal Society of London se mostraba interesada en desplazar a la isla de Tenerife a dos de sus miembros para medir en su cumbre “el peso del aire y la elevación de la atmósfera”. Recordemos que tan solo dos años antes, en 1643, el italiano Evangelista Torricelli realizaba los primeros experimentos con el barómetro.

Sobre este proceso, sostenido durante varios siglos hasta su construcción en el año 1916, y a modo de prolegómeno, el escocés George Glas ya exponía en el año 1764 la necesidad y utilidad que reportaría un observatorio de montaña en Tenerife, pues “no hay lugar en el mundo más apropiado para un Observatorio que La Estancia [se refiere a La Estancia de los Ingleses]; si se construyera allí un casa caliente y cómoda, o para instalar astrónomos cuando dura el buen tiempo, o sea todo julio, agosto y septiembre, podrían hacer sus observaciones, tomar nota acerca del viento y del tiempo por encima de las nubes, y observar su naturaleza y propiedades”. Casi al mismo tiempo, el naturalista e ilustrado canario José Viera y Clavijo comenta en 1776 que "el destino del Teide ha sido en todos los tiempos el de ser considerado como el sitio del mundo más a propósito para las observaciones del cielo y la atmósfera".

Pues bien, la atracción ejercida por el pico del Teide entre los científicos europeos se inició a finales del siglo XVII, creciendo gradualmente hasta que ya bien entrado el siglo XX, hasta que el desarrollo de los modernos sistemas para la observación y el estudio de la alta atmósfera (cometas, globos pilotos, globos sondas, satélites y radares meteorológicos, etc.) vino a restar protagonismo a las observaciones de montaña. Hasta entonces, tal atracción dio lugar a una multitud de ascensiones, expediciones y estudios realizados en el Teide, llegando a derivar en un interesante fenómeno que ha dado en llamarse “teidemanía” o “picomanía”.

Digamos, en segundo lugar, que los estudios científicos del clima y las nuevas perspectivas abiertas para su aprovechamiento económico y geopolítico cobraron una considerable importancia desde los últimos años del siglo XIX. Por dicha razón, el contenido de este trabajo trasciende el punto de vista puramente científico, y aborda otros de carácter plenamente histórico que se hallan detrás de un asunto aparentemente aislado de consideraciones políticas, como fue el establecimiento de un observatorio en el pico del Teide a principios del siglo XX. A pesar de su supuesta intrascendencia como acontecimiento histórico, el Observatorio Atmosférico de Izaña revelará detrás del interés por su creación, diversos e insólitos aspectos.

Un observatorio situado en la primera década del siglo XX en tan privilegiado emplazamiento como eran Las Cañadas del Teide, iba a constituir una pieza básica para el desarrollo de un ambicioso proyecto aéreo trasatlántico y, posteriormente, para su explotación comercial por parte de la potente industria aeronáutica alemana. Era también un punto fundamental, como enlace y escala, para las telecomunicaciones radiotelegráficas entre las colonias africanas con Alemania y, además, un importante elemento auxiliar para la utilización de los puertos canarios por la escuadra naval alemana en el Atlántico. El inicio de la 1ª Guerra Mundial acentuó, en mayor grado aún, el enorme interés estratégico y logístico que tuvo el Gobierno alemán por este Observatorio.

La perseverancia que mostró Alemania por la creación de este Observatorio puede destacarse por la significación de las circunstancias históricas que lo rodearon, algunas de ellas tan señaladas como ajenas al carácter científico del mismo. Aquellas circunstancias históricas son puestas de relieve por el concurso de las personalidades e instituciones políticas y científicas que lo hicieron posible. Citemos en este sentido, de forma sumaria, a algunas de estas personalidades: el kaiser Guillermo II de Alemania, el rey Alfonso XIII, el príncipe Alberto de Mónaco, diferentes presidentes del Gobierno español, ministros de Estado, de la Guerra, Instrucción Pública y Gobernación, embajadores respectivos, Consejo de Estado, etc.; instituciones locales como la Capitanía General de Canarias, el Gobierno Civil de Canarias, el Ayuntamiento de La Orotava, etc.


En cuatro ocasiones hubo de pasar el asunto del observatorio meteorológico a Consejo de Ministros. Fue un asunto político y administrativo en relación con casi todos los ministerios de la Administración española. Su construcción fue aprobada tras un dictamen del Consejo de Estado, y para su instalación hubo de ser votado en las Cortes Generales un proyecto de ley para la concesión de un crédito extraordinario. Por tanto, uno de los aspectos que más puede sorprender de este trabajo, es que una cuestión sin estricta ni probable relevancia política fuera conducida por las más destacadas autoridades políticas del país.

A partir del análisis crítico de numerosos documentos y publicaciones, científicos y diplomáticos, se llega a conocer algunos mecanismos del funcionamiento de la Administración del Estado -de su complicada y, en suma, lenta y torpe burocracia-. Se descubren al mismo tiempo los firmes e inusuales modos de actuación del imperio Alemán, y sus ambiguos intereses acerca de un observatorio cuya creación despertó un enorme interés y una gran polémica. Y es que, para el estudio de la creación de este observatorio en particular, no es posible alejarse del ardoroso ambiente nacionalista que se vivía en toda Europa y que en España, más vivamente aún, se superponía con el recelo producido por su aislamiento internacional y el abatimiento nacional surgido desde la pérdida de sus posesiones ultramarinas en 1898.

De ése modo, cuando diferentes personalidades científicas españolas se manifestaron a favor de la creación del observatorio con términos alusivos a la “honra y dignidad nacional”, fue para responder ante el desprestigio y la subestima nacional que suponía su realización por “extranjeros”. Pero fue debido también, en mayor medida, por las sospechas y los temores que llegó a producir el proyecto alemán. Como es natural, en ninguno de los numerosos artículos que se publicaron en la prensa de la época sobre la creación del Observatorio, llegaron a considerarse abiertamente los verdaderos riesgos y problemas que plantearon aquellos “extranjeros”.

Digamos en otro sentido que la creación de este observatorio trajo consigo -dentro de su disciplina científica- las primeras consecuencias efectivas en España, en general, y de las islas Canarias en particular. Supuso en España, tras las primeras experiencias realizadas por el ministerio de la Guerra, el inicio de los novedosos estudios aerológicos de la alta atmósfera; subrayemos, en otro ámbito, que fue el primer centro científico creado por el Estado en las islas Canarias -excepción hecha del Jardín de Aclimatación de La Orotava- mediante un real decreto sancionado por Alfonso XIII; fue el primer observatorio meteorológico, propiamente dicho, que tendría en España el actual Instituto Nacional de Meteorología -al margen del único existente hasta entonces, radicado en Madrid-; y sería parte de la base y de la exposición de motivos de otro real decreto por el que se crearon y organizaron los futuros cuerpos profesionales de la meteorología española, hasta entonces inexistentes en nuestro país.

Este libro -resultado de una tesina previa a la tesis doctoral del autor- pretende por tanto contribuir a un mayor conocimiento acerca del aprovechamiento, tanto científico y técnico como estratégico, de las condiciones geográficas y climatológicas del archipiélago canario, a partir de las complejas negociaciones diplomáticas que mantuvieron España y Alemania con motivo de la creación de este observatorio a principios del siglo XX. Sobre el origen del Observatorio Atmosférico de Izaña se escribió mucho por aquel entonces, y aún hoy se sigue haciendo, desde su inicial emplazamiento en La Cañada de la Grieta hasta su inauguración en la montaña de Izaña. El observatorio se construyó sorteando una enorme cantidad de problemas de diverso orden. Este trabajo pretende alcanzar un mayor conocimiento sobre su origen, su desarrollo y la medida de las dificultades que tuvo que superar hasta su inauguración.

(En el caso de estar interesado en la adquisición del libro, puede ponerse en contacto con el autor, en la dirección electrónica fernandodeory@yahoo.es, y se remitirá un ejemplar al precio de 15 euros, incluyéndose en dicha cantidad los gastos de envío postal).

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *