Entrevista del mes: Javier Martín Vide, catedrático

Javier Martín Vide

 

 

http://www.ub.es/geofis/cv/jmv.html

Javier Martín Vide es Catedrático de Universidad de Barcelona, desde el 12 de junio del 2002. Es especialista en Geografía Física, Climatologías analítica, sinóptica, regional y urbana, Teledetección climática y Técnicas estadísticas. Además es presidente de Presidente de la Asociación Española de Climatología, AEC y del Consell Assessor del Servei Meteorològic de Catalunya. Ha escrito muchos libros sobre meteorología y climatología, y en ellos destaca no solo su nivel cientifico sino también sus caracteristicas de divulgador nato de los temas que él es especialista.

Hoy lo tenemos en la RAM respondiendo a vuestras preguntas. De las respuestas de Javier aprenderemos mucho.

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¿Cree suficiente el impulso que desde el INM se da hoy al estudio de la Climatología española en general y especialmente del calentamiento global?
¿Se está haciendo algo? Al menos desde fuera da la impresión de opacidad total sobre el asunto.

La Climatología se ha visto, a menudo, como una rama menor de lo que llamaríamos "ciencias de la atmósfera". Así ha podido ser considerada por el INM en tiempos pasados, cuando su actividad principal, al igual que ocurre en instituciones semejantes, ha sido la prognosis meteorológica, a la que se han dedicado muchos recursos técnicos y humanos. Al fin y al cabo, hay que responder, día a día, e incluso a intervalos temporales más breves, a la pregunta que ya debían de formular nuestros antepasados desde el origen del ser humano: ¿qué nos va a deparar el futuro meteorológico? En aquellos tiempos remotos la respuesta a tal pregunta, que se fundamentaba en ciertos indicios y signos (coloraciones del cielo al atardecer, soplo del viento, etc.), iba encaminada a poder conocer si la jornada siguiente sería propicia para la caza o la recolección de frutos; ahora es absolutamente necesaria para múltiples actividades económicas y para la propia seguridad de nuestras sociedades. Esa idea utilitaria de saber cómo va a comportarse la atmósfera en el futuro inmediato es el hilo conductor en la historia de la Meteorología. Pero los tiempos han cambiado mucho, y la Climatología, antaño reducida a unos meros promedios, constituye el cuerpo de datos, amplísimo, en los que han de basarse nuestras estimaciones estadísticas sobre las potencialidades agroclimáticas, energéticas, etc. de una región, el cálculo de valores de los elementos del clima para diferentes períodos de retorno de cara a infraestructuras y obras públicas y, sobre todo, el análisis de la variabilidad temporal del clima, imprescindible para cualquier proyección sobre el clima futuro, en el contexto actual del cambio climático antrópico. La Climatología ha adquirido rango epistemológico propio, de modo que a menudo se habla ya de Meteorología y Climatología, con fronteras naturalmente difusas, pero equiparables en importancia y prestigio científico. El INM ha de contemplar este hecho como normal y me consta que sus secciones climatológicas han experimentado una sensible mejora, que es de desear que continúe en el futuro. Los bancos de datos actualmente informatizados van siendo pulidos y homogeneizados, tarea muy importante y que debe seguir de forma habitual con los nuevos datos. Precisamente, uno de los objetivos, en mi opinión, prioritario es que los datos climáticos que suministre el INM hayan pasado por un control estricto de calidad. Esa garantía permitirá atribuir verdadera significación climática a los posibles cambios y tendencias detectados en las series. No conozco a fondo la participación del INM como institución oficial en los foros técnicos y políticos de la administración del Estado con competencias sobre el seguimiento del cambio climático (Oficina Española para el Cambio Climático, etc.), pero me consta que se produce. Hay un Comité español CLIVAR coordinado por el INM (B.Orfila) Al margen de ello, diversos meteorólogos publican sobre la variabilidad y el cambio climático (L.Balairón, C.Almarza, etc.).

¿Qué efectos más importantes sobre el clima de nuestro país destacaría como consecuencia de las variaciones climáticas previstas en los distintos escenarios para las próximas décadas?
¿Hacia que tipo de clima se encamina la península ibérica?

Según el nivel de conocimiento actual, y como consecuencia de la respuesta a la pregunta anterior, ¿cree que hay evidencias suficientes para modificar sustancialmente, por ejemplo, la tradicional política hidráulica basada en la gran obra pública en España, plasmada en el Plan Hidrológico Nacional?

El clima de la Península Ibérica en singular no es una expresión apropiada, dado que en este espacio, como bien saben, están representados dos grandes grupos climáticos, el mediterráneo y el marítimo de costas occidentales, los cuales tienen, a su vez, varios subtipos. Pero por simplificar las cosas usando el singular, el clima de la Península Ibérica tiende hacia una subtropicalización del mismo, es decir, a reforzar rasgos tales como una alta variabilidad pluviométrica, unas temperaturas suaves, etc. En concreto, hay que esperar que la temperatura se eleve en una proporción similar a la prevista para el conjunto del planeta y que la precipitación sea algo inferior y más irregular y variable, peor repartida en el tiempo. De ese modo los recursos hídricos serán más variables y escasos. Podemos imaginar una cierta expansión del área de clima mediterráneo hacia el norte, reduciéndose, en consecuencia, la franja norteña de clima marítimo de costas occidentales. El sur peninsular mostraría rasgos de aridez muy acusados.

Con este panorama se impone una política hídrica e hidráulica en la que el ahorro en los consumos sea uno de los objetivos prioritarios, si no el primero. El reequilibrio de recursos mediante transferencias entre cuencas ha de plantearse sólo para satisfacer necesidades razonables, y no especulativas, y con el respeto medioambiental más riguroso.

Por otra parte, no puede dejar de mencionarse aquí la extraordinaria variedad y complejidad de la pluviometría española. Todos sabemos que del lugar más seco (cabo de Gata) a los sectores más lluviosos la precipitación media anual prácticamente se multiplica por 20. Pero quizá ya no todo el mundo conoce que de los 24 regímenes pluviométricos estacionales posibles (factorial de 4) en España están representados nada menos que 13. Hay sectores con máximos invernales, otoñales, primaverales e, incluso, estivales, con diversas ordenaciones de las restantes estaciones. Si eso es así en la actualidad, no resulta nada fácil saber cómo será este rompecabezas en el futuro.

¿Cree usted en el tan aclamado calentamiento global? ¿Se debe a una política de propagandismo, o estamos ante hechos contrastados?

No se trata de creer o no creer -verbo que dejaríamos para los asuntos propios de la fe y algún otro- en el calentamiento global. Lo que se impone es, una vez analizadas las series de temperatura más largas y fiables, decidir en consecuencia. Ha de partirse, en efecto, de series largas, preferiblemente seculares -no valen 15 ó 20 años-, de calidad contrastadas y homogéneas. Un buen número de climatólogos dedican muchas horas a la comprobación de la homogeneidad de sus series, es decir, a la verificación de que los valores que las constituyen sólo reflejan el comportamiento natural de la atmósfera. Si no es así, se corrigen siguiendo diferentes procedimientos. No nos sirven aquellas series donde ha quedado la huella de los cambios de emplazamiento del observatorio, del criterio de observación, del instrumental o del entorno. Pues bien, un conjunto amplio de series de temperatura que arrancan a mediados del siglo XIX y cubren gran parte del planeta, aunque bastante mejor el hemisferio boreal que el austral, muestra ya una clara tendencia al alza en las décadas de los años 80 y 90 del siglo XX -la temperatura se ha elevado en 0,6ºC+0,2ºC desde la segunda mitad del siglo XIX hasta la actualidad-. Podemos, en consecuencia, hablar de un calentamiento global reciente, a partir de registros instrumentales contrastados, en cuya causa quedan pocas dudas de que interviene la actividad humana.

Sr. Martín Vide, en las tesis que apoyan el calentamiento global inducido por el ser humano, ¿hasta qué punto son fiables los datos de base de estaciones meteorológicas situadas en entornos que se han visto urbanizados y por tanto afectados por islas de calor urbano?.

Ciertamente, un buen número de las mejores series climáticas proceden de observatorios urbanos, que en un principio no son homogéneas, por causa de la intensificación de las "islas de calor", paralelamente al crecimiento de las urbes, lo que produce en ellas una tendencia creciente. La serie de Tokio es en este sentido espectacular. El efecto de la "isla de calor" es incluso muy notable en ciudades de tamaño medio, póngase de 200.000 habitantes. En Madrid, Barcelona y Valencia se han comprobado diferencias de hasta 8ºC y más entre sus centros y los correspondientes aeropuertos en horario nocturno (A.López Gómez, F.Fernández, MªC.Moreno, J.Martín Vide, A.Pérez Cueva).

Sin embargo, la influencia urbana en las series térmicas utilizadas para establecer las tendencias globales de la temperatura ha sido corregida. Aun así, en mi opinión, no descartaría que algunas series pudieran tener todavía alguna leve señal urbana.

¿Qué nivel de error añaden a las medidas los instrumentos meteorológicos utilizados a lo largo de por ejemplo los últimos 100 años?. Si los instrumentos utilizados hoy en día no son los mismos que los que se utilizaban antes, ¿puede ser que haya diferencias de temperatura de varias décimas de grado o incluso más debidas a las diferencias entre los termómetros utilizados o incluso a diferencias entre los modelos de garita meteorológicas utilizadas por cada país o incluso a la mayor o menor profesionalidad del personal que toma las medidas?

No son de descartar ciertos errores o desviaciones en los registros antiguos respecto a los modernos por causa no climática en una determinada serie. Un buen número de ellos pueden detectarse mediante los tests de homogeneidad, pero otros pudieran quedar "ocultos". Cuando se analiza un conjunto de series correspondientes a un buen número de lugares de una determinada región, el riesgo de que esas desviaciones tengan repercusión en los análisis de tendencias generales se reduce, al compensarse algunas entre sí. Por otra parte, hace 100 años y más los termómetros convencionales (de mercurio, etc.) eran de una precisión similar a la actual de los mismos tipos, y la profesionalidad de los observadores de las estaciones meteorológicas de primer orden seguro que era más que suficiente para garantizar unas correctas y sistemáticas mediciones. Puede dudarse algo más sobre la protección o el abrigo de los termómetros hace un siglo (necesaria, como es bien sabido, para evitar ganancias y pérdidas radiativas ajenas a la temperatura del aire). Algunos presuntos records de temperatura máxima a finales del siglo XIX en España (por ejemplo, los 51ºC de Sevilla) han sido rechazados por ese motivo. En conjunto, y siempre refiriéndonos a los observatorios principales, podemos confiar en que las series construidas a partir de sus registros, una vez depuradas y homogeneizadas, permiten evaluar con suficiente precisión (unos + 0,2ºC) las tendencias generales.

¿Cuál es su opinión sobre el cambio climático?, ¿Cree en el factor antropológico de dicho cambio?.

Hace algo menos de diez años un periodista encabezó su reportaje tildándome del "escéptico del cambio climático". En las conferencias que daba en la primera mitad de los años 90 señalaba que aún había margen para considerar que el aumento térmico observado hasta entonces podía explicarse a partir de la variabilidad natural del clima. Porque hay que insistir que, a cualquier escala temporal considerada, sea de segundos, minutos, días, años, siglos o milenios, las variables climáticas muestran una alta variabilidad. Esta es una característica esencial en el comportamiento del sistema climático. Ahora, tras los aportes del Tercer IPCC, y la acumulación de evidencias de muy diferente tipo, queda un margen muy estrecho para contemplar que lo observado recientemente sea sólo fruto de esa variabilidad natural. Ya no quedan referentes en el pasado de un aumento térmico tan abrupto sin motivo natural evidente -el medio grado centígrado en un siglo, para redondear, a nivel planetario y anual, es una tasa de cambio muy alta.

¿Es probable que ese supuesto cambio puede traer más lluvias a nuestra zona en contra de lo que se piensa en la teoría oficial, al acercarse más en verano la zona de inestabilidad tropical?

Me parece muy improbable. En todo caso el acercamiento o migración más claro, por su vecindad, es el que corresponde al cinturón de anticiclones subtropicales/tropicales del hemisferio norte, causa de los grandes desiertos tropicales boreales (Sahara, Arabia, etc.). La Península Ibérica está a tiro de piedra de la influencia del citado cinturón, mientras que la ZCIT, aun desplazándose hacia el norte, queda lejana.

Desde una perspectiva histórica, ¿Es realmente singular el comportamiento atmosférico desde 1850, o puede englobarse dentro de un contexto más amplio de variabilidad climática, siendo poco representativo desde el punto de vista estadístico?
¿Hay desviaciones en los registros actuales respecto a los pasados que confirmen el cambio climático?

Les remito a otra de las preguntas en la misma dirección que las suyas. Quiero añadir, no obstante, que las "desviaciones" o anomalías siempre lo son con referencia a un determinado período. La mayor o menor relevancia de los valores actuales depende del período de referencia o comparación. Y, ciertamente, el inicio de las series climáticas más largas usadas en la determinación de las tendencias recientes, allá por mediados del siglo XIX, coincide con el final de un período frío, la Pequeña Edad de Hielo. En consecuencia, los valores actuales de temperatura resaltan con claridad sobre los del inicio de las series en parte debido a que aquéllos corresponden a una pulsación fría por causa natural. Sin embargo, cuando hallamos las diferencias con respecto al último período internacional (1961-1990) los valores de los últimos años siguen destacando notablemente. Se ha dado una acumulación muy anómala de records de temperatura media global anual en las últimas décadas, reflejo de la impronta humana.

¿Cree usted que es cierta la hipótesis sobre la interrupción de la corriente del Golfo y el posible enfriamiento de la fachada occidental europea?

Me parece una hipótesis razonable, que, además, ejemplifica muy bien la complejidad, en los mecanismos de retroalimentación, del sistema climático, y en sus respuestas ante un efecto perturbador. La sinergia entre océano y atmósfera es tal, que la interrupción del cinturón de transporte de agua oceánica podría conllevar en un corto espacio de tiempo, pero con inicio abrupto, un enfriamiento riguroso aunque pasajero de las costas europeas occidentales, beneficiadas desde hace muchos milenios con respecto a las opuestas en el otro extremo del Atlántico por la corriente cálida del Golfo.

¿Cree usted que el clima está cambiando, o nos encontramos en medio de un ciclo, donde hay periodos cálidos y fríos?

Hoy sabemos que el planeta se encuentra en un período interglacial desde hace aproximadamente unos diez mil años. Conocemos con precisión casi matemática el momento de ocurrencia de los ciclos glaciales, o glaciaciones, y los períodos que los separan, o interglaciales, a partir de la teoría de Milankovic, basada en tres ciclos astrofísicos relativos al planeta (excentricidad de la órbita alrededor del Sol, inclinación del eje de rotación, precesión de los equinoccios) con períodos de varios miles o decenas de miles de años. Antes de hablarse del cambio climático por causa antrópico, allá por los años 60 y 70 del pasado siglo, había que anunciar que la Tierra se encaminaba hacia una próxima glaciación, en muy pocos miles de años. Hay quien incluso veía ya un adelanto en algunos años relativamente fríos en la década de los 60. Lo dicho sigue siendo cierto, pero ahora la novedad tiene que ver con una causa, la emisión de gases de efecto invernadero, cuyo efecto conlleva un calentamiento rápido a escala geológica. Por tanto, los ciclos glaciales e interglaciales nos conducen a una próxima glaciación, pero, mucho antes, de hecho ya, vamos a asistir a un calentamiento sin precedentes en la historia del planeta, por su causa -humana- y por su tasa de cambio -muy rápida-.

¿El clima de la Península Ibérica ha cambiado mucho en los últimos 100-200 años?

Bajo una óptica temporal amplia, milenaria, no puede hablarse de un cambio muy notorio. Abusando de la cuestión, podríamos decir que seguimos teniendo un clima mediterráneo en buena parte de la Península, al igual que dos siglos atrás, y de carácter marítimo templado en la franja septentrional. A una resolución temporal más detallada, sí que en estos 200 últimos años se ha asistido a dos hechos relevantes: 1) el final de la Pequeña Edad de Hielo, que tiene lugar hacia mediados del siglo XIX, y 2) el inicio del calentamiento antrópico, desde finales de los años 70 del siglo XX. Por tanto, considerando ambos hechos, la temperatura ha ascendido en una magnitud discernible con los sistemas de medida, y marcando una variación al alza significativa, según los tests estadísticos. Sobre la precipitación, me remito a la respuesta a otra pregunta.

De todos modos, más importantes han sido los cambios de usos del suelo, la creciente urbanización, etc., con variaciones climáticas locales y microclimáticas manifiestas.

En medio de toda esta barahúnda relativa al cambio climático, como sale parado el clima del trópico ¿qué se puede afectar más: las temperaturas o el régimen pluviométrico?

Al parecer, y según la mayoría de los modelos, la zona intertropical es y será la menos afectada por el cambio climático en cuanto a las variables propiamente atmosféricas. Las latitudes altas, en especial del hemisferio boreal, son, por el contrario, las más críticas. Esto significa que el aumento de temperatura será menos acusado en el trópico que en latitudes medias y altas. Respecto al régimen pluviométrico, las incertidumbres actuales no permiten realizar grandes afirmaciones. Probablemente tienda a llover algo más. Con respecto al nivel marino y a algunos otros indicadores, las consecuencias pueden ser similares.

¿Qué fue de la investigación sobre la exactitud de la medida de lluvia a través del radar mediante mediciones-sensores en tierra, en la que creo que participó? ¿Ha tenido alguna consecuencia práctica en los radares del INM? ¿Podremos acceder los mortales a estas mejoras?

No sé a qué investigación se refiere. Sólo recuerdo en la temática a la que alude haber colaborado o asesorado en los aspectos sinópticos de un proyecto sobre estimación de la precipitación mediante radar y su contraste con mediciones convencionales en superficie llevado a cabo por D.Sempere (UPC).

¿Le parece que los servicios meteorológicos nacionales deben ofrecer toda la información de que disponen a los aficionados y usuarios (como hacen las universidades), o deben esconderse esos datos y privatizarse?

Los organismos o instituciones públicos responsables de la Meteorología en un país se deben a sus ciudadanos, a quienes han de suministrar toda la información básica y elaborada necesaria para la buena planificación de cualquier actividad individual o colectiva, así como para el conocimiento de la propia realidad climática y meteorológica. Algo diferente es el caso de una empresa, consulting o particular que desee obtener un producto meteorológico muy específico -diríamos, algo propio de la Meteorología "a la carta"-. En este caso, resulta del todo razonable, y es de justicia para el ciudadano contribuyente, que el organismo público establezca una política de precios.

¿En qué medida su famoso libro "Mapas del tiempo: fundamentos, interpretación y satélites" sigue siendo válido hoy casi 13 años después de su elaboración? ¿Ha habido cambios sustanciales en los satélites, modelos y mapas desde entonces?

El libro -yo le llamo librito de mapas del tiempo- tuvo una clara finalidad docente, para alumnos de la universidad, faltos de una herramienta en la que primara de una forma clara el aparato cartográfico -los mapas de superficie y de 500hPa-. Luego el libro se fue convirtiendo en una referencia para otros colectivos, incluidos los profesionales de la Meteorología. Aunque los números de ventas son irrisorios respecto a las obras literarias, sí que "Mapas del tiempo: fundamentos, interpretación y satélites"(Barcelona, Oikos-tau, 1991) -en su primera edición "Interpretación de los mapas del tiempo" (Barcelona Ketres, 1984)- ha sido un "best seller" en nuestro pequeño mundo de la Meteorología española.

Creo que el libro sigue ayudando a quien desea acercarse al análisis e interpretación de los mapas del tiempo, a partir de los mapas básicos de superficie y 500hPa, no obviamente de cara a una predicción meteorológica, en la que se requieren todas las otras técnicas, informaciones y modelos que Vd. indica.

¿ No se han arrogado los meteorólogos el derecho a opinar en los medios sobre tiempo-clima-cambio climático, cuando otros especialistas (geólogos, geógrafos, paleontólogos, físicos…) podrían aclarar algunas lagunas, o en todo caso ayudar a desentrañar problemas?

Los asuntos del tiempo y del clima siempre han despertado un gran interés, al margen de la apostilla que acompaña a los buenos días o las buenas tardes, o para el inicio de una conversación. La mayoría de los humanos se siente capacitado para opinar sobre el tiempo actual o pasado, sus cambios, sus inclemencias y veleidades, etc. Ello es así, porque esas opiniones cuentan con el aval de una experiencia y unas vivencias personales que dan fuerza a los argumentos que se esgrimen. Quien más o quien menos ha vivido una gran tormenta, una ola de calor, etc.

El turno dedicado al debate o a las preguntas posterior a una conferencia sobre tema meteorológico o climático siempre resulta muy animado. En este sentido, el tiempo y el clima es de todos, porque compartimos desde el plano vital su carácter y comportamiento. Bien diferente resulta la atribución normativa de la capacidad para emitir un informe técnico, una predicción oficial, etc. de tipo meteorológico o climático. Y bien diferente es también el aval científico de quienes pueden llevar a cabo estudios científicos sobre el comportamiento de la atmósfera a cualquier escala temporal o espacial.

La complejidad del sistema climático, compuesto por cinco subsistemas principales (atmósfera, hidrosfera, litosfera, biosfera y criosfera), a los que hoy ya hay que añadir el propio subsistema socioeconómico, obliga a que sean especialistas de muy diversos campos del conocimiento los que confluyan en su estudio. Respetemos las reglas del juego normativo que establece la ley al indicar que hay una/as institución/es responsables de la prognosis oficial, con las implicaciones derivadas en protección civil, etc., y de otros asuntos, y, al tiempo, respetemos a quienes con una formación sólida son capaces también de avanzar en el conocimiento de un sistema tan complejo. El sistema climático necesita de todos nosotros. Desde la Asociación Española de Climatología, que presido, y cuyos miembros tienen perfiles muy diferentes (físicos, geógrafos, meteorólogos, etc.), me pongo a la disposición de todos los participantes de este foro en nuestra anhelo común de avanzar en el conocimiento de los climas de España.

¿Se puede afirmar que en los últimos años ha aumentado el número de episodios meteorológicos extremos, o son otros factores los que nos hacen creer que eso es así (medios de comunicación, número cada vez mayor de emplazamientos humanos en zonas de riesgo,…)?

Esta es una de las cuestiones más importantes y con mayores consecuencias socioeconómicas en el contexto del cambio climático antrópico. Y puedo añadirle que, con los datos conocidos y debidamente filtrados, de respuesta más difícil. Usted mismo en la formulación de la pregunta da alguna de las pistas clave para plantear el problema correctamente. Veamos, si se consultan las estadísticas acerca de pérdidas económicas y de vidas humanas por causa meteorológica o los informes de las grandes compañías aseguradoras, parece que no hay duda que han aumentado los riesgos meteorológico/climáticos en el conjunto del planeta. Si acudimos a la prensa tendremos una impresión parecida, dado que el número de noticias sobre catástrofes meteorológicas ha crecido mucho en los últimos años.

Si pulsamos la opinión pública, la respuesta será en la misma dirección, no en balde hay estrechas relaciones y transferencias entre los medios de comunicación y la opinión del ciudadano. ¿Y si acudimos a los registros meteorológicos instrumentales? En este caso, la respuesta no resulta nada clara. Uno de los mejores ejemplos lo provee el Tercer IPCC cuando analiza dos series relativas a los ciclones tropicales y tornados más intensos, en las correspondientes escalas, que han afectado a Estados Unidos. La primera, decadal, cubre todo el siglo XX; la segunda, anual, la segunda mitad del mismo siglo. De ellas en absoluto se desprende un aumento de ambos riesgos en las últimas dos décadas. Otro ejemplo más cercano, establezcamos un umbral pluviométrico diario elevado, para distinguir las precipitaciones copiosas o torrenciales en las diferentes regiones españolas. Sea 50 ó 100 mm, u otra cantidad. Si comparamos, por ejemplo, el período 1951-1975 con el 1976-2000 (éste ya con influencia antrópica) no suele haber más fechas con precipitación superior a los umbrales establecidos en el último cuarto de siglo.

El observatorio de Roquetas (Tortosa) ejemplifica muy bien esto (hay que analizar sólo datos procedentes de observatorios donde la anotación de las cantidades diarias de lluvia haya sido sistemática, sin acumular cantidades consecutivas, etc.). De todo ello podemos decir que el factor antrópico -mayor presión demográfica, uso y abuso del suelo no apto para el asentamiento humano, etc.- ha producido un incremento de los daños y pérdidas de todo tipo en los últimos tiempos, aunque probablemente en muchas áreas del planeta no se haya producido un auténtico aumento de los episodios meteorológicos extremos. Lo que antes era una avenida normal en un curso fluvial, sin una afectación destacada, hoy puede producir daños, tales como un coche arrastrado por las aguas, etc.

Dicho todo lo anterior, hay también que afirmar que, desde un punto de vista conceptual, con el cambio climático antrópico muy probablemente aumentarán los riesgos meteorológico/climáticos. Todo parece indicar que no sólo va a haber (o ya está produciéndose) un desplazamiento de los parámetros de tendencia central (media, etc.) en las distribuciones de frecuencias de las variable climáticas, sino que también sus colas se "estirarán", es decir, que aumentará la variabilidad. Eso ha de conllevar un aumento en la frecuencia, la intensidad y la persistencia de los casos extremos.

En su opinión, ¿qué porcentaje del "cambio climático" es una verdad en sí misma (demostrable con registros) y qué otro porcentaje se debe exclusivamente a la labor de los medios de comunicación?

El tema del cambio climático tiene varias características, al menos seis, para ser un tema "estrella" en los medios de comunicación, a saber: 1) es un asunto nuevo, o relativamente nuevo; 2) es un tema recurrente, cada semana hay nuevas informaciones y hechos al respecto, lo que hace que esté permanentemente en el candelero; 3) es un tema de naturaleza medioambiental, temática que, afortunadamente, despierta hoy un interés creciente por parte del gran público; 4) tiene un punto de morbo, por los escenarios futuros catastróficos que se dibujan, y ya se sabe que la condición humana se siente más interesada por los sucesos, que por la normalidad; 5) es un tema que puede formularse con tan sólo dos palabras: "cambio climático", "efecto invernadero", "global warming", etc., ideales para la brevedad que requiere un titular en un periódico; y 6) a pesar de su fácil formulación, es un asunto muy complejo, con múltiples procesos vinculados, incertidumbres y nuevos descubrimientos. A pesar de todo esto, diríamos, a comienzos de este siglo XXI, que el cambio climático va en serio.

¿Qué período de tiempo, en una serie climática, es correcto tomar datos para describir el clima de un lugar ? (Máximo y mínimo número de años)

Como bien sabe, la Organización Meteorológica Mundial aconseja 30 años de datos para obtener los parámetros estadísticos de tendencia central (media, mediana, moda) y de dispersión (desviación tipo, varianza, coeficiente de variación) en una serie climática, o, lo que es lo mismo, a los valores obtenidos para esos parámetros podremos atribuirles significación climática. Pongamos ahora matices. En primer lugar, la experiencia muestra que bastan 10 años o poco más en muchos lugares para hallar medias de temperatura correctas desde un punto de vista climático, no así con las precipitaciones. Esto es así porque, cuanto más variable sea un elemento climático, más datos o años son necesarios para sus normales (la precipitación lo es más que la temperatura). ¿Quiere saber de un modo objetivo el número de años necesario, n, para estimar una media con un error del 10% y un nivel de confianza del 95%, umbrales aceptables climatológicamente? Pues aplique la fórmula:

n = (1,962•s2)/(0,1•m) 2 , siendo m la media y s la desviación tipo de los datos disponibles.

Un ejemplo, mientras en Sevilla para la precipitación anual se requieren aproximadamente 30 años -los recomendados genéricamente- en Almería son necesarios unos 50.
Por último, si se trabaja con datos diarios, es evidente que con pocos años ya se dispone de una muestra grande, explotable climáticamente.

Cree Vd, que se da la importancia necesaria a todas aquellas personas aficionadas a la meteorología que pacientemente y diariamente recogen datos de su estación y que al final no sabemos o no vemos que sirvan para mucho porque no se investigan?.

En mi ánimo y en el de la mayoría de quienes nos dedicamos a análisis climáticos está la gratitud, pocas veces manifestada en público, hacia los observadores, a menudo desconocidos o ignorados. Ellos están en la base de cualquier futura investigación. Sus datos son a menudo auténticos tesoros para los climatólogos. Creo, en efecto, que debieran tener un reconocimiento público y oficial más notorio, lo que serviría de estímulo para el colectivo. Además, creo que los observadores pueden pensar con razón que tienen también una cuota de participación, intangible o no explícita, en los grandes análisis climáticos, al fin y al cabo algunos de sus registros forman parte de los datos de partida de esas investigaciones.

¿Ha habido variaciones en el clima de las distintas partes de la península ibérica a lo largo del tiempo? De ser así, ¿En que consisten y en que se notan estas variaciones?

Las series termométricas anuales más largas, fiables y homogéneas disponibles en España muestran unas tendencias coincidentes con las globales, es decir, de nítido ascenso desde finales de los años 70 del siglo XX hasta la actualidad. En cambio, las series pluviométricas anuales no presentan un comportamiento común y claramente significativo, con alguna excepción. Así, la España peninsular podríamos dividirla en: una gran franja central, desde Extremadura y la Meseta septentrional hasta la Comunidad Valenciana y Cataluña, en la que no hay tendencias estadísticamente significativas en la precipitación anual a lo largo del siglo XX; Galicia y sectores del Cantábrico, donde se atisba una débil tendencia al alza, no significativa en la mayoría de los casos; y el extremo meridional de la Península Ibérica, incluyendo Murcia, donde sí que se ha producido una reducción estadísticamente significativa. Los observatorios de Gibraltar, San Fernando y Murcia -los dos primeros con series de unos dos siglos de longitud- ejemplifican lo dicho. Por tanto, sólo podemos afirmar que a finales del siglo XX llovía menos que a finales del XIX en el extremo meridional de la Península Ibérica y en algún sector del sureste. Como ejemplo de lo dicho: El promedio anual de Gibraltar pasa de 880,4 mm. en el treintenio 1871-1900 a 739,6 mm, en el período 1961-1988 (J.Martín Vide, MªC.Moreno, D.Wheeler). Las reducciones relativas de San Fernando y Murcia entre 1870-1899 y 1960-1994 son muy llamativas: un 21,8% (de 707,4 mm a 553,4 mm) en el observatorio andaluz, y un 22,6% (de 378,3 mm a 292,9 mm), en el murciano (J.Quereda, E.Montón). Pero hay que recalcar que en el resto del país, y en un contexto secular no puede afirmarse que haya habido tendencias significativas en la pluviometría anual.

En el "arxiu del monestir de Sant Joan Abadesses", se encuentran unos documentos de meteo muy antiguos, incluso alguien se ha atrevido a decir que pueden ser los mas antiguos de Catalunya, (están escritos en latín).¿
La UB, sabe que existen estos documentos?….¿y de que documentación más antigua tenéis referencias en Catalunya?.

Cataluña, y el conjunto de España, disponen de un volumen de documentación histórica potencialmente explotable desde un punto de vista climatológico extraordinario. Son fuentes documentales que guardan muchas sorpresas sobre el tiempo y el clima de los siglos pasados, antes de que hubiera registros meteorológicos instrumentales. Se habla técnicamente de "proxy-data" documentales, es decir, de datos afines o complementarios, no propiamente meteorológicos instrumentales, pero aprovechables para reconstruir el clima del pasado y el tiempo de algunos episodios relevantes. Somos, en ese sentido, un país muy afortunado, aunque a veces el estado de conservación o la catalogación de este gran patrimonio documental deje que desear. Las fuentes documentales tienen diferentes titularidades, destacando las que pertenecen a los ayuntamientos, como las Actas municipales, donde ha quedado constancia de los daños producidos por las inundaciones de los ríos que atraviesan las correspondientes poblaciones, o las convocatorias de rogativas "pro pluviam"
-para pedir la lluvia en tiempo de sequía-, y las que posee la Iglesia, en especial, las Actas capitulares, con informaciones sobre las rogativas. Algunas de estas fuentes han sido ya explotadas en algunos casos, con buenos resultados (M.Barriendos, J.Martín Vide, J.M.Cuadrat, F.S.Rodrigo, etc.). La documentación que se conserva en los monasterios es una de las grandes desconocidas en este tema. No sería raro que el monasterio de Sant Joan de les Abadesses dispusiera de un legado documental potencialmente explotable desde un punto de vista climatológico muy amplio, dada su antigüedad e importancia, aunque en estos momentos lo desconozco.

Cómo justifica la opinión que tenía Font Tullot sobre el calentamiento asociado al cambio climático. Según Inocencio "el calentamiento no podrá superar los 2º en el futuro porqué gran parte de la radiación terrestre está ya absorbida por la atmósfera terrestre". Según los modelos del IPCC la previsión de aumento térmico en el próximo siglo será de 1,4º a 5,8º. Mi pregunta es como puede subir tanto la temperatura si gran parte de la radiación terrestre ya está absorbida por los gases invernadero. O es que Inocencio Font Tullot estaba equivocado.
¿Hay un límite para el calentamiento del efecto invernadero, aunque haya aumento de los gases de efecto invernadero (CO2, CH4, etc.).?
La temperatura en un futuro hipotético de dos o tres siglos, ¿cuándos grados puede subir?
Según el IPCC la temperatura subirá en el próximo siglo según los modelos climáticos entre 1,4 y 5,8º. ¿Puede subir más de 10º digamos en 3 siglos? O hay un límite.
Cómo se puede compatibilizar la opinión que decía Inocencio Font Tullot sobre el calentamiento con los modelos climáticos. Las palabras que decía Inocencio Font Tullot eran las siguientes, más o menos: "El calentamiento climático no puede dar mucho más de sí, no pueden subir más de 2º las temperaturas a nivel global ya que queda una pequeña parte de la ventana atmosférica que no puede absorber la radiación infrarroja que emite la Tierra". Dicho de otra manera que gran parte de la radiación que emite la Tierra ya está atrapada por los gases de la atmósfera, y que aunque aumente la proporción de gases invernadero no aumentará la temperatura de manera tan significativa como dicen los modelos, sino sólo dos grados.

Aprovecho estas preguntas para evocar la figura del maestro Inocencio Font Tullot, de quien tanto hemos aprendido quienes nos dedicamos al mundo de la Meteorología y la Climatología. Incluso en sus trabajos confluían las dos vertientes y las dos escalas -la meteorológica y la climática- de forma admirable. Recuerdo en unas Jornadas de la AME su interés, sus comentarios y su espíritu inquieto, a pesar de la avanzada edad, por las nuevas tecnologías y descubrimientos. Creo que la idea básica que hay que retener de los trabajos de Font Tullot, en línea con las preguntas, es que existe una temperatura de equilibrio del aire, junto al suelo y de otros niveles, así como de la temperatura de la superficie, continental u oceánica, a la que se tiende cuando se introduce una perturbación en el sistema. La perturbación ya está introducida, fundamentalmente las emisiones masivas de gases de efecto invernadero desde el inicio de la Revolución Industrial. Se ha pasado, en el caso del CO2, de unas 280 ppmv a mediados del siglo XIX a unas 370 en la actualidad. Y hoy conocemos bastante bien la sensibilidad del sistema, capaz de asumir cambios superiores a los 2ºC en la temperatura del aire, dependiendo de la concentración de CO2 y de otros gases en la atmósfera. Los modelos climáticos GCM, cada vez más finos, más "reales", dependiendo de los escenarios de emisiones que asumamos, coinciden en un aumento térmico, que en el mejor de los casos, y con el horizonte del 2100, prácticamente triplicará el alza de la temperatura registrada durante el siglo XX, y en el peor, rozará los 6ºC. Pensemos que los consumos actuales de combustibles fósiles resultan del todo insostenibles. Con un número redondo, lo que los 6 mil millones de habitantes de este planeta consumimos (quemamos) de carbón, petróleo y gas natural en sólo un año equivale a lo que a la Tierra le costó almacenar como depósito geológico 1 millón de años (¡1 año de consumo de combustibles fósiles igual a 1 millón de años de historia geológica!).

Nota de la RAM. Queremos agradecer a Javier Martín Vide su colaboración hacia la RAM y el haber respondido a este “bombardeo” de preguntas de nuestros lectores. La climatología es una ciencia de actualidad por diversos motivos, pero sobre todo al calentamiento global terrestre. Sabíamos la gran cantidad de preguntas potenciales que los aficionados iban hacer. Sus respuestas no nos han defraudado y prueba de ello es esta entrevista tan extensa e interesante.

Gracias Javier y hasta pronto.

2 pensamientos en “Entrevista del mes: Javier Martín Vide, catedrático

  1. jose antonio delgado

    ¿Porqué este hombre rechaza los 51 grados de Sevilla del siglo XIX si en esa misma ola de calor se registraron 49 en Murcia, 43 en Soria, 47 en Zaragoza y valores desquiciados similares?. ¿Todos lo hicieron mal a la vez? ¿Y porqué no hubo olas de calor similares en el siglo XIX si los termometros en efecto estaban mal protegidos de la radiación? ¿Como sabe que el efecto isla de calor está bien descontado? ¿De verdad hay un metodo para descontar el efecto isla de calor, o bien es esto aprovechado para poner la temperatura que le apetece al investigador de turno, por supuesto siempre bien subvencionado?

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