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Calores mortales

El calor extremo lleva asociado un aumento en las tasas de mortalidad. La incidencia creciente de olas de calor de gran impacto, ponen en riesgo la vida de un número cada vez mayor de personas, al aumentar la frecuencia con la que se alcanzan unas temperaturas muy elevadas.

Hombre hidratándose
El calor extremo pone al límite nuestra capacidad de resistencia física. Es una causa de mortalidad, que se ceba particularmente en los colectivos más vulnerables, como las personas de avanzada edad, así como en aquellos que se exponen en exceso a las altas temperaturas.

Es un hecho constatable que la superación de determinados umbrales de temperatura máxima y mínima –distintos dependiendo del lugar–, disparan las tasas de mortalidad, lo que afecta particularmente a la población más vulnerable. Cada vez se llevan a cabo más estudios que relacionan el impacto de las temperaturas extremas que se alcanzan en las olas de frío y de calor con la citada mortalidad. Si bien los grandes episodios de frío invernal se cobran la vida de miles de personas cada año en el mundo, en el marco del calentamiento global en el que nos encontramos, cada vez son más frecuentes y de mayor magnitud las olas de calor, lo que pone en riesgo la vida de un número creciente de personas.

Las olas de calor, cada vez más frecuentes y de mayor magnitud, agravan los efectos de determinadas patologías.

Cuando se relaciona el calor extremo con la mortalidad, no solo se contabiliza el número de personas que fallecen de forma directa debido a los golpes de calor (pocos casos), sino también y preferentemente el de aquellas en las que un episodio prolongado de altas temperaturas agrava determinadas patologías, culminando en un fatal desenlace. Desde la Organización Mundial de la Salud indicaban hace unos años, muy acertadamente, que el cambio climático no causa por sí mismo enfermedades, pero sí que amplifica los efectos de muchas de ellas. Pensando en las olas de calor y su tendencia a aumentar, parece claro que esa evolución también vendrá acompañada de un número mayor de fallecimientos por las causas apuntadas.

España en la zona roja

En el libro “Temperaturas extremas y salud. Cómo nos afectan las olas de calor y de frío”, escrito por los especialistas Cristina Linares, Rocío Carmona, Cristina Ortiz y Julio Díaz (Instituto de Salud Carlos III y Libros Catarata. Año 2017), se puede leer lo siguiente: “En el periodo 2000-2009 se produjeron en España 13.000 fallecimientos atribuidos al calor y un total de 4.373 días con ola de calor en alguna provincia (los días en los que hay ola de calor en varias provincias se cuentan de forma independiente)”. Para ese mismo período de 10 años –añaden los autores– se produjeron 10.500 muertes atribuidas al frío en los 3.006 días de ola de frío, lo que certifica una mayor mortalidad atribuida al calor que al frío extremo.

Mapa de riesgo de mortalidad por calor
Estimación del riesgo relativo a la mortalidad por altas temperaturas en algo más de 700 lugares del mundo. Destacan los valores elevados en la península Ibérica. Fuente: Nature Climate Change.

Un reciente estudio de atribución publicado en la revista Nature Climate Change, cuya autora principal es la investigadora española Ana María Vicedo, ha ido un poco más allá. Se ha establecido una relación cuantitativa entre el número de personas fallecidas por altas temperaturas y el calentamiento global, provocado en gran medida por nuestras emisiones de gases de efecto invernadero a la atmósfera. Las olas de calor de gran impacto son una de sus principales manifestaciones.

En ese exhaustivo trabajo, tanto la cuenca mediterránea –donde se enmarca España– como América del Sur y el sureste asiático son las regiones del mundo donde mayor es la mortalidad extra debida al cambio climático. Para el conjunto del planeta, en números redondos, una de cada tres muertes debidas al calor extremo se puede atribuir a él. A la vista de las proyecciones climáticas, ese porcentaje aumentará, previsiblemente, en los próximos años y décadas.

Malas perspectivas respecto al calor extremo

La expresión “calor mortal” puede resultarnos alarmista y exagerada, pero hay razones objetivas para pensar que el riesgo de mortalidad por calor extremo –ya de por sí elevado en las zonas apuntadas (en colores rojos en la anterior figura)–, se incrementará en el futuro, y no solo a largo plazo, sino a corto. La Organización Meteorológica Mundial (OMM) señalaba hace apenas unos días que nos encaminamos a un periodo de temperaturas anómalamente altas en el planeta, tanto el presente año como los cuatro próximos (período 2021-2025). Previsiblemente, caerán récords de calor en cascada.

Ola de calor de junio de 2019
Mapa con las anomalías térmicas registras en Europa durante la ola de calor de finales de junio de 2019. Fuente: Copernicus / ECMWF

La OMM precisa que hay un 90% de probabilidades de que al menos un año de los comprendidos en el citado periodo (2021-2025) se convierta en el más cálido de toda la serie histórica instrumental, y en torno a un 40% de que al menos en uno de esos cinco años la temperatura media anual terrestre supere la anomalía de +1,5 ºC con respecto a los valores de la época preindustrial, que es el umbral que establece el Acuerdo de París como principal objetivo de no superación. Sin duda es un serio toque de atención, que nos advierte del ritmo al que está acelerándose el calentamiento global, lo que dificultará cada vez más nuestra adaptación a ese nuevo escenario, en el que el calor extremo ganará protagonismo.

Según la OMM, hay un 90% de probabilidades de que al menos un año entre los cinco próximos se convierta en el más cálido de toda la serie histórica instrumental.

La cosa no queda ahí, ya que, en base a las proyecciones climáticas, hay lugares de la Tierra que, debido a la magnitud que alcanzarán las olas de calor, en combinación con un alto contenido de humedad en el aire, se convertirán en inhabitables a finales del presente siglo. Los especialistas en clima ponen su foco de atención sobre todo en Asia Meridional, en lugares como el norte de la India, Bangladesh y el sur de Pakistán, donde viven en la actualidad del orden de 1.500 millones de personas. El deterioro de las condiciones ambientales, provocado en gran medida por el aumento en el número de olas de calor de alto impacto, provocará, seguramente, grandes migraciones en la región, aparte del aumento de la mortalidad que provocará esa letal combinación de humedad y calor extremo.