StoreWindows10

Los tsunamis que traerá el cambio climático

El calentamiento global podría tener unos invitados inesperados: los tsunamis. El retroceso de los glaciares y del permafrost está aumentando la frecuencia de estos fenómenos en sitios muy turísticos.

Juan José Villena Juan José Villena 12 Sep 2018 - 16:24 UTC
En 2015 un deslizamiento de rocas por el retroceso de un glaciar provocó un enorme tsunami en Alaska.

El 17 de octubre de 2015 el desprendimiento de una ladera del glaciar Tyndall derramó cerca de 180 millones de toneladas de rocas al fiordo Taan, en Alaska. El impacto con el agua produjo un enorme tsunami que alcanzó zonas situadas hasta 193 metros por encima del nivel del mar, una de las olas más altas jamás documentadas. En próximas fechas este tipo de eventos podría acrecentarse debido al calentamiento global, según un estudio publicado recientemente en Nature.com, comandado por el científico Bretwood Higman.

El vínculo entre el cambio climático y estos tsunamis está en el retroceso y adelgazamiento de los glaciares, que ha expuesto multitud de laderas inestables y, a la vez, permitido que las aguas profundas se extiendan bajo sus faldas. Higman y su equipo demandan nuevos modelos capaces de predecir esos deslizamientos y los posteriores tsunamis. “Nuestros resultados llaman la atención sobre un efecto directo del cambio climático: está aumentando la frecuencia y magnitud de los peligros naturales cerca de las montañas glaciares”, advierte la publicación.

Normalmente, los glaciares carecen de poblaciones cercanas a las aguas sobre las que vierten su hielo. Estos tsunamis son de corta duración e invaden espacios próximos, por lo que el riesgo es reducido. No obstante, cada vez son más los turistas que visitan estos enclaves exponiéndose al peligro. Groenlandia, la Patagonia o Noruega acogen miles de visitas al año, donde uno de los atractivos es ver como los trozos de hielo o roca se estrellan contra el agua.

Locales, pero mucho más altos

La retirada de los glaciales y del permafrost, que fijan la tierra y rocas en pendientes muy inclinadas, aumenta la probabilidad de los deslizamientos. Además son lomas resquebrajadas por el hielo que al quedar a la intemperie tienen un alto riesgo de fracturarse y caer. Al impactar contra el mar levantan olas que perduran unos segundos, poco más de un minuto en el caso de Tyndall, pero que pueden alzarse más de un centenar de metros. Los tsunamis tectónicos duran decenas de minutos, son mucho más extensos y crean daños infinitamente más generales, pero tienen un alcance medio de unos 30 metros. El tsunami de deslizamiento más grande estudiado data de 1958, en la bahía Lituya, también en Alaska, y tuvo un pico máximo de 524 metros.

Hay un caso reciente con víctimas. En 2017 un deslizamiento de tierra produjo un tsunami en un fiordo de Groenlandia que impactó contra un pequeño asentamiento de Nuugaastsiaq, que estaba a 32 kilómetros. Fallecieron cuatro personas.

Publicidad