Los deportistas de élite exigen cambios organizativos en las competiciones en la era del calor extremo

El Mundial de Clubes se ha convertido en el punto de inflexión para mejorar la prevención y adaptación al calor, debido a las altas temperaturas que tuvieron que soportar los futbolistas durante su actividad

El calor extremo empieza a ser una amenaza para el deporte de élite

Este mes de agosto pasará a la historia por una ola de calor histórica marcando un nuevo récord de intensidad con 4’6 ºC de anomalía térmica. Y es que el verano de 2025 se perfila como uno de los dos más cálidos registrados en España, empatando prácticamente con el verano de 2022.

Pero no sólo en España ha hecho mucho calor. Este verano se celebró el Mundial de Clubes en varias ciudades de los Estados Unidos en medio de un calor extremo y varios jugadores se quejaron de las condiciones bajo las que tenían que disputar el torneo.

Las protestas de los jugadores se centraban por competir bajo 40 ºC de sensación térmica y 78 % de humedad. Condiciones que les producían mareos, calambres o dolor en los dedos de los pies, que les impedía frenar o arrancar la marcha, como declaró Marcos Llorente, jugador del Atlético de Madrid.

Los impactos del calor extremo en el deporte de élite

El protagonismo que ha tenido el calor en este certamen deportivo, uno de los más trascendentes del 2025, pone de manifiesto un problema que se extiende fuera del mundo del fútbol e involucra a todo el deporte de élite.

El calor es un estresor enorme que además puede agravarse por otros condicionantes como la humedad, exponiendo al sistema cardiovascular a una lucha por intentar recuperar el equilibrio y disipar el aumento extra de temperatura corporal.

¿Cómo deben adaptarse las competencias a un clima muy diferente al clima del siglo XX cuando se fijaron los calendarios de los torneos con más audiencia a nivel mundial, en su mayoría calendarios inamovibles?

El rendimiento de los atletas disminuye a partir de 40,5 ºC, incluso con valores menores se desencadena un efecto dominó en el cuerpo.

El próximo verano Estados Unidos albergará el Mundial de Selecciones. Si tomamos como referencia el índice TGBH, que combina la temperatura, humedad, velocidad del viento y radiación solar, sólo 4 de las 11 sedes (Cincinnati, Nueva York, Pasadena y Seattle) ofrecen ahora condiciones que no comprometen la salud de los deportistas. Sin embargo, en 2014 todas menos Orlando, pasaban este filtro.

Si el índice TGHB es superior a 32 ºC, los árbitros tienen la obligación de hacer dos pausas en las dos mitades del partido para la hidratación. No obstante, la ciencia dice que esta medida no alcanza y exige que los entrenamientos o partidos se reprogramen si existe un TGHB superior a 32 °C.

¿Se trata de un hecho aislado o un problema generalizado?

La jornada inaugural del torneo de tenis de Wimbledon de este año fue la más calurosa de la historia de este certamen, cuya primera edición fue en 1877. En el verano de Australia, el pasado mes de enero, el calor condicionó la United Cup 2025.

Alexander Shevchenko declaró que después del partido se sentía como si fuera a morirse, y que no entendía por qué no cerraban el techo en esas condiciones, puesto que era bastante peligroso, quejándose sobre la decisión de dejar entrar los rayos solares en la pista.

Los Juegos Olímpicos de 2024 coincidieron con una extraordinaria ola de calor, registrando temperaturas por encima de 35 ºC en París. Este intenso calor combinado con alta humedad, provocó calambres, mareos y náuseas en muchos atletas.

Los JJOO de París (2024) y Tokio (2021) están considerados los más calurosos de la historia. Expertos del mundo deportivo, lamentan que se siga infraestimando el daño que puede ocasionar el calor en la salud.

Aunque los deportistas de élite están menos expuestos que los amateurs por su preparación, condiciones, controles, etc., lo cierto es que el cambio climático, junto con valores inéditos del índice TGHB, está generando combos explosivos que en cualquier momento pueden desencadenar una desgracia.

El informe “Los Juegos del fuego” de la World Athletics, publica un mapa de situación sobre la práctica del deporte en la era del calor extremo, cuestionando la idoneidad de seguir celebrando los juegos olímpicos en la época más cálida del año en buena parte del mundo.

Muchas ciudades van a quedar descartadas como sedes para los próximos JJOO porque si la predicción del aumento de temperaturas se cumple, los valores térmicos no van a ser compatibles con la práctica del deporte al aire libre. Según el presidente de la Federación Internacional de Atletismo, mientras las temperaturas globales sigan aumentando, el cambio climático debería ser considerado una amenaza existencial para el deporte.

¿Qué propuestas existen actualmente?

FIFPRO propone tres medidas de adaptación: instalar aires acondicionados en los estadios, traslado de los eventos a la primavera o el otoño, y someter a los futbolistas a pruebas de rendimiento de estrés térmico, para más evidencias sobre el riesgo a la salud.

Otras medidas de adaptación, son que los horarios sean nocturnos y no durante la tarde, en muchas ocasiones debido a las exigencias de las cadenas de televisión. La aclimatación de los deportistas entre 7 y 10 días antes de la competición para que el cuerpo se acostumbre a temperaturas muy distintas.

Un certamen deportivo que se disputa en medio de un calor extremo no sólo afecta a los deportistas, también afecta al resto de trabajadores como son los cuerpos técnicos, personal de seguridad, técnicos de la organización, etc, y al público expuesto en sus asientos.