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¿Por qué España es más verde si los climas áridos se están extendiendo?

La progresión de la masa forestal es un hecho constatado científicamente en España, igual que la extensión de los climas áridos. ¿Por qué tenemos más bosques, y a la vez, más erosión? Varios factores entran en juego. Os lo contamos aquí.

Aridez y árboles España
El avance de zonas áridas contrasta con los nuevos usos del suelo y reforestaciones arbóreas, en muchos casos indebidas.

Hace pocos días conocíamos los resultados de un estudio presentado por la AEMET que constata una progresión evidente de los climas áridos en España. Un incremento importante de las temperaturas y una reducción en las precipitaciones implica un incremento anual de 1500 km2 de zonas áridas.

A pesar de esta evidente circunstancia, la expansión de los bosques también es un hecho objetivo en nuestro país. España es el segundo país de Europa con más masa arbórea, con 7500 millones de unidades. Solo Suecia nos supera en este sentido.

Bosques que proliferan sin una gestión activa

En los últimos cuarenta años la superficie forestal arbolada ha crecido un 64,5% en España. Hemos pasado de 11 792 000 hectáreas en 1978 a 18 418 000 hectáreas este 2022.

Este incremento brutal de nuestros bosques tiene tres causas fundamentales: el abandono de los cultivos, la ausencia o débil gestión activa del territorio y la reforestación de tierras agrícolas abandonadas a través de la Política Agrícola Común (PAC).

Este aumento de la masa forestal supone una continuidad de combustible muy peligrosa para la propagación de incendios forestales. Además, un 70% de los bosques son de propiedad privada, hecho que limita el control o la regulación pública enfocada a una gestión activa del territorio.

También en muchas ocasiones las reforestaciones que se han realizado son inadecuadas atendiendo al tipo de suelo y los climas de determinados territorios.

La existencia de un mosaico agroforestal seria la estrategia ideal para luchar contra el riesgo de incendios y apostar por nuestro sector primario. La combinación de cultivos y bosques entabla unas franjas discontinuas que actúan como barreras ante los incendios. Este sistema agroforestal también implica un aumento de la biodiversidad.

La forma de llover condiciona la erosión

Las lluvias tienden a ser cada vez más intensas y concentradas, y suponen un cambio drástico en el ciclo del agua y en las interacciones entre la hidrosfera y la geosfera. La precipitación intensa produce una mayor erosión de la superficie, algo que degrada o empobrece más las tierras.

Sin embargo, una lluvia débil o moderada es buena para los ecosistemas, ya que se infiltra en el subsuelo y llena los acuíferos y cuencas fluviales.

Tenemos una dicotomía importante: la presencia de masa forestal reduce la erosión, pero incrementa el riesgo de incendios. Sin embargo, un mosaico agroforestal reduce la proliferación de los fuegos y a su vez, induce a una mayor erosión

También cabe destacar que la ausencia de vegetación, y especialmente de árboles, implica una mayor probabilidad de crecidas repentinas porque el agua no es absorbida en el terreno, sino que fluye directamente a las cuencas fluviales.

El trinomio aridez, desertización y desertificación

Una vez aclarada la dicotomía entre la masa forestal y el incremento de la aridez, nos adentramos en estos tres conceptos que son parecidos, pero que tienen connotaciones distintas.

En primer lugar, la aridez es la escasez de humedad de un terreno o superficie en una zona que presenta precipitaciones escasas o/e irregulares

La desertificación es la degradación de la tierra en las zonas áridas, semiáridas y subhúmedas secas. Las causas principales se deben a la actividad humana y a variaciones climáticas.

Sin embargo, la desertización es un proceso natural por el cual una zona o región se convierte en un desierto sin tener en cuenta la acción humana. Un ejemplo evidente seria la creación de grandes desiertos, como el del Sahara.

Así pues, no es incompatible tener un país más verde, con mas árboles, y que a su vez, existan procesos de desertificación y aridez. En cambio, es totalmente erróneo afirmar que nuestro país se está convirtiendo en un desierto. Sin embargo, el escenario actual es muy complejo y hay que abordarlo a partir de la realidad bioclimática de cada lugar.