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Reciclar nos da la vida

Hoy, con motivo del Día Mundial del Reciclaje, tomamos conciencia sobre la importancia de reciclar los residuos generados, con el fin de reducir la contaminación del aire, agua y suelo; ahorrar en el consumo de energía y materia prima, y proteger, por tanto, el medio ambiente.

Carolina Morán Carolina Morán 17 May 2018 - 11:27 UTC
La protección del medio ambiente es, a fin de cuentas, nuestro principal objetivo; y es motivador ver cómo, gracias al reciclaje, conseguimos entre todos tantos beneficios para el entorno.
La protección del medio ambiente es, a fin de cuentas, nuestro principal objetivo; y es motivador ver cómo, gracias al reciclaje, conseguimos entre todos tantos beneficios para el entorno.

Muchos son los productos que adquirimos y los residuos que generamos hoy en día, pues, dentro de esta sociedad marcada por el consumismo, el concepto de “usar y tirar” está demasiado anclado dentro de nuestras costumbres. Es por ello que, desde hace varias décadas, se plantean diferentes alternativas para procesar y eliminar todos estos residuos.

Día Mundial del Reciclaje

Fue en 1998, cuando la UNESCO declaró el 17 de mayo como el Día Mundial del Reciclaje, con el fin de que la población y las organizaciones sociales públicas y privadas tomen conciencia sobre la responsabilidad que tenemos en el cuidado del medio ambiente, el cómo repercuten nuestros hábitos de consumo, qué medidas se pueden llevar a cabo para hacer, de este mundo, un espacio sostenible donde los desechos tengan un nuevo uso; y, sobre todo, se promueva la difusión y la práctica habitual del reciclaje.

Como dato curioso, ¿sabes cuál es el origen del símbolo del reciclaje? La anécdota se remonta a 1970, donde Gary Anderson, estudiante de Arquitectura de la Universidad de Southern de California (Los Ángeles, EEUU), se presentó al concurso de diseño que lanzó la empresa de papel y cartón “Container Corporation of America” (CCA, de Chicago, EEUU) con el objetivo de buscar un diseño que simbolizara el proceso del reciclado del papel.

No solo lo ganó, sino que su diseño se ha convertido en un icono clásico medioambiental utilizado en todo el mundo para identificar aquellos productos que son reciclables. Símbolo, por cierto, basado en la banda de Moebius, cuyas tres flechas representan el proceso del reciclaje: la recogida de los residuos, el procesamiento de los mismos y la vuelta de nuevo a su proceso productivo, de manera que el proceso es plenamente cíclico.

¡Reduce, reutiliza y recicla! El medio ambiente te necesita.
¡Reduce, reutiliza y recicla! El medio ambiente te necesita.

Regla de las tres erres (3R): Reducir, Reutilizar y Reciclar

Desarrollada por Greenpeace, la regla de las 3R promueve la reducción, reutilización y reciclaje de todos los desechos que generamos, especialmente del vidrio, papel y plástico. Reducir implica la disminución de la cantidad de los residuos generados, y para ello se plantea, por ejemplo, consumir aquellos productos que contengan una menor cantidad de envoltorios o, directamente, aquellos que no posean dicho material (como la conocida campaña “Desnuda la fruta”, donde se promueve la eliminación del consumo de productos envueltos innecesariamente en plásticos).

Reutilizar consiste en volver a usar un determinado producto para darle una segunda vida, como reusar una bolsa del supermercado para depositar la basura (acción, por cierto, cada vez más popular). Y reciclar, por tanto, consiste en transformar los residuos en nuevos productos o en materias primas que permitan ser reutilizadas, como es el caso de los periódicos o revistas en papel reciclado.

El arco iris de los contenedores de basura

Desde el pasado 1 de noviembre, existe un nuevo contenedor de basura que ha revolucionado a la población de Madrid: el cubo de color marrón. Un contenedor diseñado para el reciclaje de residuos orgánicos (tales como los restos de comida, posos de café y té, papel de cocina y servilletas usadas, tapones de corcho, serrín y hasta pequeños restos de jardinería) y que tiene como objetivo reciclar para el año 2020 hasta el 50% de los residuos generados (propósito, por cierto, marcado por la Unión Europea).

Con este, son ya cinco los contenedores que completan el círculo del reciclaje: el azul, para el papel y el cartón; el amarillo, para los envases de plástico, metal y tetrabricks; el verde, para el vidrio; el naranja, para los restos no orgánicos o no reciclables; y el marrón, donde ahora se están ubicando los residuos orgánicos. Además de los puntos limpios y contenedores específicos, como es el caso del aceite usado.

En cifras, según los datos recientemente publicados por parte de Ecoembes del año 2017, el reciclaje de envases domésticos en nuestro país ha seguido creciendo hasta alcanzar las 1.399.582 toneladas, lo que supone un incremento del 3,5% con respecto al año anterior. La tasa de reciclaje, por su parte, se ha elevado hasta el 77,1% (un porcentaje que se sitúa más de veinte puntos por encima del objetivo fijado por la UE), aunque solo el 8% pertenece a los envases de los contenedores amarillo y azul. Como dato curioso, el porcentaje de envases que ha depositado la población en ambos cubos se ha incrementado un 5,76% y un 3,87%, respectivamente. Traducido a número de envases por habitante al año, las cifras ascienden (ni más, ni menos) a 1.142 en el caso de los envases del amarillo y a 644 en los del azul.

2017 también fue el año en el que Ecoembes decidió poner fin al problema de la "basuraleza", palabra con la que se hace referencia a los residuos generados por el ser humano y abandonados en la naturaleza. Así nació, junto a SEO/Birdlife, LIBERA.
2017 también fue el año en el que Ecoembes decidió poner fin al problema de la "basuraleza", palabra con la que se hace referencia a los residuos generados por el ser humano y abandonados en la naturaleza. Así nació, junto a SEO/Birdlife, LIBERA.

¿Qué beneficios tiene el reciclaje para el cambio climático?

Aunque parezca que, hoy en día, todo lo que ocurre a nuestro alrededor está influenciado directa o indirectamente por el cambio climático, lo cierto es que, en esta ocasión, es así: el reciclaje es considerado una herramienta clave en la lucha contra el cambio climático. Pues reduce las emisiones de gases de efecto invernadero (y con ello la contaminación del aire que se produce a través de la incineración de desechos), reduce la contaminación del agua (pues muchos de estos desechos acaban en las reservas hídricas) y, además, reduce el uso de energía (pues las fábricas realizan una menor producción y generan menos CO2).

Y es que según Ecoembes, con lo que reciclamos el pasado año, conseguimos un ahorro de 1,3 millones de toneladas de materias primas, 20,15 millones de m3 de agua (¡la cantidad que bebemos los españoles durante siete meses!) y 5,8 millones de MWh. Y eso no es todo, durante el 2017 se evitó la emisión de 1,2 millones de toneladas de CO2 a la atmósfera (el equivalente a las emisiones de un tercio de la población del país en el trayecto por carretera entre Madrid y Barcelona).

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