Inviernos para enmarcar

Los paisajes invernales plasmados en cuadros reflejan el comportamiento climático y meteorológico vivido por los pintores en sus respectivas épocas. En este post se analizan tres conocidos lienzos alusivos al invierno.

Jose Miguel Viñas Jose Miguel Viñas 20 Ene 2019 - 12:30 UTC
Los cazadores en la nieve. Pieter Brueghel el Viejo (Año 1565) © Kunsthistorisches Museum.

Una buena forma de combatir los rigores invernales es visitar un museo y recorrer sus amplias salas, mantenidas siempre a una temperatura y humedad controladas que, aparte de servir para conservar en buen estado las obras de arte expuestas, ofrecen al visitante el confort climático ausente en el exterior. Si el museo elegido es una pinacoteca, no será difícil que nos topemos con cuadros donde aparezca representada una escena invernal. Merece la pena detenernos en alguno de ellos y conocer detalles sobre el comportamiento atmosférico en determinadas épocas de la historia.

Por orden cronológico, nuestra primera parada la haremos en el siglo XVI, coincidiendo con uno de los momentos álgidos de la Pequeña Edad de Hielo (PEH). Aquella época tan fría tuvo su fiel reflejo en la pintura, ya que muchos artistas plasmaron en sus cuadros los rigores del frío. Los paisajes invernales se convirtieron en un motivo recurrente entre los pintores europeos cuyas obras vieron la luz entre la segunda mitad del siglo XVI y la primera del XVII. En 1565, el pintor flamenco Pieter Brueghel el Viejo (h. 1525-1569) realizó una serie de seis pinturas dedicadas a los meses del año. El cuadro titulado “Los cazadores en la nieve” es el que dedicó al invierno –concretamente a los meses de diciembre y enero– y es la imagen que más se utiliza para ilustrar la PEH, bien sea en conferencias, portadas de libros o artículos.

Paisaje invernal. Jacob van Ruysdael (siglo XVII). Colección privada. Fuente:meisterdrucke.com

A lo largo del siglo XVII, los largos y fríos inviernos siguieron siendo la tónica general en el continente europeo. En los Países Bajos, los canales se congelaban un año sí y otro también, dominando los paisajes nevados y la crudeza invernal durante varios meses seguidos, abarcando algunos años gran parte del otoño y la primavera, amén del invierno en su totalidad. El pintor flamenco Jacob van Ruysdael (h. 1628 – 1682) pintó un buen número de paisajes nevados, lo que solo se puede entender en ese marco climático.

El “paisaje invernal” de Ruysdael que acompaña estas líneas ilustra bien un típico día de invierno en la vida del artista: cielos grises, nieve en los tejados y personas caminando encima de un río o canal congelado. El cuadro incluye, además, un interesante detalle atmosférico. Se trata de la columna de luz que el sol proyecta hacia arriba; un fenómeno óptico conocido como pilar solar. En las regiones polares o en lugares donde circunstancialmente el aire está particularmente frío –como ocurría durante los inviernos holandeses de la PEH–, la luz es interceptada por una miríada de cristalitos de hielo que conforman las nubes y que flotan libremente en el gélido ambiente, desviándose bajo determinados ángulos. En el caso que nos ocupa, la luz del sol reflejada en determinados cristales se proyecta hacia atrás, sobre la bóveda celeste, y da lugar a la columna o pilar de luz que Ruysdael incorpora a su cuadro.

La nevada, Goya
La nevada o El invierno. Francisco de Goya (1786) © Museo Nacional del Prado.

De la pintura flamenca del siglo XVII damos un salto a la segunda mitad del siglo XVIII y a la pintura española, concretamente a la de Francisco de Goya (1746-1828). En su primera etapa realizó por encargo, para la Real Fábrica de Tapices, una serie de cartones, todos ellos bastante conocidos. Cuatro de ellos los dedicó a las estaciones del año y los tapices que se confeccionaron a partir de ellos se usaron para decorar el comedor del Príncipe del madrileño Palacio del Pardo. Hoy en día, esos cuatro cartones están expuestos en el Museo del Prado, en Madrid. El correspondiente al invierno, también conocido como “La nevada”, lo pintó Goya en 1786 y transmite la sensación de intenso frío al observador.

Es difícil de concebir que Goya hubiera pintado esa escena sin haber experimentado en sus propias carnes los rigores invernales. Nos saca de dudas el recordado meteorólogo Inocencio Font Tullot, que en su conocido libro “La historia del clima de España” (INM, 1988) incluye el siguiente pasaje: “El invierno de 1786-87 fue notable por las frecuentes nevadas, sobresaliendo las registradas en los altos de Castilla en enero de 1787”. Lo mismo que pasa con Pieter Brueghel el Viejo, con Ruysdael y con cualquier otro pintor o artista, el comportamiento climático y los avatares meteorológicos acontecidos durante las épocas en que vivieron terminan quedando reflejados en sus lienzos. Los paisajes invernales de los cuadros están íntimamente relacionados con los inviernos que acontecieron a lo largo de la historia de la pintura. ¡Descubra los archivos del clima que atesoran las pinacotecas!

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