¿Por qué las estrellas parpadean de noche?

En las noches con el cielo más limpio las estrellas parecen parpadear. Incluso algunas cambian de color constantemente. ¿A qué se debe?

Marc Redondo Marc Redondo 09 Abr 2018 - 02:28 UTC
Cielo estrellado
La constelación de Orión y contaminación lumínica en el horizonte

El ser humano se está desvinculando cada vez más del cielo nocturno. Antiguamente las estrellas guiaban a los marineros en la oscuridad y al hombre desorientado en tierra. Hoy en día pocos nos conocemos las constelaciones de cada época del año, y en caso de perdernos, solo algunos sabríamos encontrar el Norte. 

La forma de vivir del hombre hace que nos concentremos en grandes ciudades. Parecen todo facilidades al tener todos los servicios a nuestro alcance, pero también hay consecuencias negativas. Una de ellas es que tengamos que vivir unos encima de otros en eso que denominamos pisos. Otra es que las ciudades tienen que iluminarse y esto nos impide ver las estrellas. Con solo alejarnos unos kilómetros descubrimos lo bello que es un cielo nocturno estrellado. 

Cuando dirigimos la mirada hacia cada punto que brilla en el cielo parece que parpadee. Todos sabemos que las estrellas, como nuestro Sol, no parpadean. ¿A qué se debe este efecto? Incluso las estrellas más brillantes parece que cambien de color, pasando del blanco al azul, y a veces al naranja, constantemente. 

La atmósfera, la responsable

La luz que sale de las estrellas y recorre el largo camino hasta la Tierra no sufre prácticamente ninguna desviación. Viaja en línea recta. Cuando tiene que atravesar la atmósfera es cuando su trayectoria cambia. 

La atmósfera, a pesar de ser transparente, no es una capa con una densidad uniforme. La parte que está más cerca de la superficie es más densa que las capas más altas. Además durante el día se crean corrientes de aire cálido, que al ser más denso que el frío, ascienden. Todo esto hace que la atmósfera se convierta en un gas turbulento. Insistimos, a pesar de ser transparente. 

Cielo con estrellas
Cielo estrellado lejos de una gran ciudad

Cuando la luz de las estrellas está a punto de llegar hasta nosotros, tiene que cruzar la atmósfera. Cada vez que se encuentra con una capa de aire de distinta densidad, se desvía ligeramente. Sufre una refracción al cambiar de un medio de una densidad a otra. Y así, constantemente. Como el aire está en permanente movimiento, el pequeño baile que nos parece que hacen las estrellas también es constante, dando la sensación de que están parpadeando. Estas pequeñas desviaciones también pueden hacer que cambien de color, tal y como le sucede al Sol cuando se pone en el horizonte. 

Los planetas y la Luna quedan al margen

Este curioso efecto solo ocurre con las estrellas porque se trata de puntos de luz muy pequeños. En el caso de los planetas y la Luna, al ser puntos luminosos más grandes, es más difícil de observarlo. Si vemos la Luna con unos prismáticos o un pequeño telescopio sí que podremos ver las turbulencias en su superficie. En realidad, son provocadas por nuestra atmósfera.

Los que vivimos en una gran ciudad podemos comprobar el mismo efecto si miramos hacia las luces que tenemos en el horizonte. También tenemos la sensación de que parpadean. Especialmente se nota en verano, cuando el asfalto y el cemento siguen radiando calor tras haberlo acumulado durante todo el día. 

Los telescopios espaciales, a salvo

Estudiar las estrellas se hace muy complicado si tenemos en cuenta que la luz que nos llega de ellas sufre estos cambios al atravesar la atmósfera. ¿La solución? Instalar los grandes telescopios en montañas altas. Así, la luz no tiene que cruzar tantos kilómetros de aire turbulento. 

Luego tenemos los grandes telescopios espaciales como el Hubble. Desde el año 1990 no deja de tomar fotografías del espacio con una gran ventaja: la luz que llega de las estrellas no tiene que cruzar la atmósfera. Eso sí, mandar al espacio estos instrumentos es muy caro. 

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