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Anomalías disparadas en el mar Mediterráneo. Estas serán las consecuencias

La temperatura superficial del mar sigue alejándose del valor promedio de esta época del año. Algunos sectores del Mediterráneo occidental ya se encuentran hasta 5 ºC por encima de los valores normales y las previsiones no muestran por ahora un retorno a la normalidad.

Con una temperatura superficial en torno a 28,5 ºC y una tendencia ascendente, el Mediterráneo occidental empieza a acercarse a valores de récord para un mes de julio.

En las últimas semanas han destacado prácticamente por encima de todo las imponentes irrupciones de aire muy cálido sobre la Península. Algunas de estas masas de aire eran autóctonas, generadas por la intensa irradiación solar y la ausencia de movimientos de aire, mientras que otras procedían directa o indirectamente del Sahara y otras regiones subtropicales. Esta situación ha dado lugar a una potentísima ola de calor en la que la temperatura de la masa de aire en niveles bajos y medios ha batido récords en numerosas regiones de la Península, traduciéndose también en registros excepcionales en estaciones de superficie.

Pero antes de esta entrada cálida hemos tenido otras no menos anómalas, es el caso de la ola de calor de junio y las potentes advecciones cálidas que tuvimos en mayo. Obviamente no fueron tan cálidas como esta última, al producirse en una época del año más fría, pero fueron igualmente extraordinarias. Esta persistencia de situaciones de calor intenso y escaso movimiento de masas de aire está empezando a tener consecuencias muy importantes en los mares que nos rodean, especialmente en el Mediterráneo, aunque también se están observando anomalías en el Cantábrico y algunos sectores del Atlántico próximo.

En amplias áreas del Mediterráneo occidental las temperaturas ya se encuentran entre hasta 5 ºC por encima de los valores normales para una segunda quincena de julio.

Hemos hablado con José Ángel Núñez, meteorólogo de la delegación valenciana de la AEMET, y nos ha recordado que "en lo que se refiere al mar Balear, con datos de reanálisis, el momento más cálido tuvo lugar el 13 y 14 de agosto de 2003, cuando se superaron los 30 ºC". También ha hecho una referencia al mes actual, "en julio de 2006 las temperaturas llegaron a alcanzar los 29ºC en torno al día 24". Estos días, las temperaturas ya han alcanzado los 28,26ºC en la boya de Valencia, por lo que nos empezamos a acercar a valores extraordinarios.

En el mar Balear la temperatura más alta se registró entre el 13 y 14 de agosto de 2003, cuando se superaron los 30 ºC. Ayer la boya de Valencia llegó a registrar ya 28,26 ºC.

Es importante, además, recalcar que estas anomalías no irán a menos a medio plazo y que la temperatura superficial del mar seguirá calentándose muy lentamente a lo largo de la próxima semana según la predicción actual del ECMWF. Esto es posible gracias que la masa de aire cálido prácticamente no se moverá y además se irá cargando de humedad en niveles bajos, minimizando el enfriamiento superficial por evaporación.

Temperatura Mediterráneo
Previsión de temperaturas de nuestro modelo de cabecera, el europeo, para esta tarde.

Las consecuencias de un mar demasiado cálido

Tener el Mediterráneo a temperaturas tan extremas y con anomalías raramente observadas no es algo que vaya a pasar desapercibido en las próximas semanas o meses. Son varias las consecuencias que se podrán apreciar y que en algunos casos ya se están notando. La primera es la presencia de temperaturas mínimas muy elevadas en zonas donde la influencia y capacidad de regulación térmica del mar sea importante, es decir, tanto en las comunidades del litoral como en las Islas Baleares. Esto también implicará una ligera alteración del régimen de brisas así como una mayor humedad absoluta de la masa de aire en contacto con el océano.

Otra situación que no suele pasarse por alto es el potencial energético de un mar a esa temperatura. Con la superficie a más de 28 ºC y un importante grosor de ese estrato cálido superficial, el mar puede mantener sistemas convectivos organizados con facilidad, dando lugar a estructuras tormentosas muy complejas y desarrolladas.

También condicionaría el desarrollo de estas tormentas en zonas de costa al partir de una masa de aire con un contenido energético mucho mayor. Sin embargo, hay que recordar que un mar cálido por sí solo no implica que se produzcan este tipo de fenómenos; hace falta que la troposfera en todos sus niveles cumpla con las condiciones necesarias para que esta energía sea liberada, factores que habrá que seguir de cerca especialmente este año.