Mediterráneamente... adverso

Una de las principales señas de identidad del clima mediterráneo son los fenómenos meteorológicos extremos, en particular las lluvias torrenciales, que el cambio climático está intensificando.

Jose Miguel Viñas Jose Miguel Viñas 16 Dic 2018 - 11:31 UTC
Imagen promocional de la campaña publicitaria “Mediterráneamente”, iniciada en 2009 por una conocida marca de cerveza.

Una de las campañas publicitarias más exitosas de los últimos años es la de una conocida marca de cervezas que, bajo el lema “Mediterráneamente”, localiza cada uno de sus anuncios en diferentes enclaves de la costa mediterránea, dominados por un tiempo plácido, con los cielos azules y luminosos, el mar en calma y sus aguas de color turquesa. Cualquier persona que no haya estado nunca en el litoral mediterráneo español o sólo de veraneo, durante las fechas típicas de afluencia masiva de turistas, se quedará con una visión muy sesgada y equivocada de la realidad climática mediterránea.

Hace unos días tuvo lugar en el Salón de Actos del Rectorado de la Universidad de Valencia una interesante Jornada sobre fenómenos meteorológicos extremos en el Mediterráneo, organizada por AEMET, en la que tuve el honor de participar, junto a una pléyade de reconocidos especialistas en Meteorología y Climatología, con el meteorólogo Agustí Jansà a la cabeza, que impartió una conferencia magistral sobre la meteorología mediterránea y los extremos meteorológicos.

En ella, haciendo gala de una gran capacidad sintética, dejó claro desde el minuto uno la singularidad de ese espacio geográfico, lo que dictamina el anárquico comportamiento que tienen en él las precipitaciones, caracterizadas en muchas ocasiones por sus elevadas intensidades, lo que históricamente ha causado grandes desastres.

Efectos de un temporal mediterráneo en la localidad barcelonesa de Pineda del Mar, enero de 2017. Foto: Jordi Cortina, El Periódico.

El idílico Mediterráneo de muchos días de verano –bien retratado por la campaña publicitaria– tiene una cara B (su lado menos amable) que conocen bien los millones de personas que viven en su área de influencia, pero que no es tan conocida por los visitantes –particularmente extranjeros–, que con frecuencia se ven sorprendidos por la magnitud que alcanzan allí determinados episodios meteorológicos.

La cara 'B' del Mediterráneo

De esa meteorología extrema y de sus impactos en la sociedad se habló en la Jornada, ofreciéndose datos rotundos e incuestionables sobre la vulnerabilidad creciente a los fenómenos meteorológicos adversos (FMA) y su relación con el cambio climático. El Mediterráneo siembre ha mostrado esa cara B, pero empieza a haber evidencias e indicadores que apuntan a que allí el clima está volviéndose más extremo.

De entrada, en la cuenca mediterránea el calentamiento global adquiere ya una magnitud sensiblemente superior que el promedio mundial. Desde los años 80 del siglo pasado, la temperatura ha aumentado 1,4 ºC, frente al grado (1 ºC) que ha subido la temperatura media planetaria desde el inicio de la época instrumental (1850).

Tendencia de la temperatura de la superficie del mar (SST) del Mediterráneo desde principios de 1982 hasta 2018. Fuente: CEAM

No solo está más caliente el aire, sino el agua en contacto con él, tal y como atestigua la tendencia al alza de la temperatura de la superficie del mar. Dicha circunstancia explica bastante bien los cambios observados en el comportamiento meteorológico, particularmente el estiramiento del número de días con caracteres veraniegos, cada vez más frecuentes durante los meses de primavera y otoño y el aumento de las noches cálidas, lo que tiene un gran impacto en la población.

El profesor Javier Martín Vide, de la Universidad de Barcelona, explicó en su disertación en la Jornada cómo en la ciudad condal están produciéndose cada vez más noches tórridas, que es el nombre dado a aquellas noches en que la temperatura mínima no llega a descender por debajo de los 25 ºC.

El comportamiento de las precipitaciones es más difícil de relacionar con el cambio climático, aunque empieza a haber estudios que correlacionan una cosa con otra. Si se analiza la frecuencia de los episodios de lluvias torrenciales, no se aprecian tendencias significativas, aunque se observa cómo los episodios ya no se ciñen tanto a los meses otoñales, empezando a ser habituales en cualquier otra época del año. Por otro lado, el aumento de la torrencialidad es una evidencia contrastada, no estando solo asociada a grandes episodios de lluvias, sino a otros que alcanzan mucha menor extensión y duración, pero que ponen de manifiesto el enorme almacén de energía calorífica en que se está convirtiendo un mar Mediterráneo con sus aguas cada vez más calientes.

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