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Glaciares e ibones del Pirineo en estado crítico por el calor extremo

El calor extremo de este verano y la sequía están dejando imágenes terribles en el Pirineo, con glaciares en mínimos e ibones secos a mediados de julio. Aquí te mostramos algunas de las fotografías más impactantes.

Los glaciares pirenaicos responden rápidamente a los cambios climáticos debido a su posición latitudinal, la influencia mediterránea y por su pequeño tamaño. Pueden desarrollarse y avanzar en un periodo relativamente corto de tiempo (tal y como sucedió en la Pequeña Edad de Hielo), pero también retroceder y desaparecer aún más rápido. Desgraciadamente, el importante incremento de las temperaturas y la reducción de la precipitación nivosa observados en las últimas décadas los está diezmando, aunque las imágenes que están llegando este verano son muy preocupantes.

Son masas de hielo extremadamente sensibles al incremento de las temperaturas estivales (no tanto a los inviernos suaves). Los veranos tienden a ser más cálidos en la cordillera, pero el de este año está siendo extraordinario, dejando imágenes terribles en algunos de los glaciares de mayor tamaño, como el del Aneto.

Apenas queda nieve en el glaciar situado bajo el pico más alto de la cordillera. El hielo antiguo ha quedado al descubierto, apreciándose una reducción clara de superficie y profundidad. Los Grupos de Rescate Especial de Intervención en Montaña (GREIM) de la Guardia Civil han alertado en las últimas semanas del peligro que entraña ascender por el glaciar, incluso para personas experimentadas, ya que crampones y piolets no se clavan en el hielo que ha aflorado, que es extremadamente duro y resbaladizo, produciéndose numerosos accidentes en las últimas semanas.

El panorama no es muy distinto en otros lugares emblemáticos, tanto de la vertiente española como en la francesa: circulan por redes sociales panorámicas de los glaciares de la Maladeta, Monte Perdido, Comachibosa-Vignemale o los Gabietos diezmados tras unos últimos meses muy cálidos. Aunque en los últimos años es habitual verlos en estado crítico a finales del verano o en septiembre, hay que recordar que estamos todavía en julio.

El panorama tampoco es mucho más alentador en ríos, embalses e ibones (lagos de origen glaciar), con mucha menos agua de la que tocaría para las fechas, ya que además del calor anómalo las precipitaciones han sido escasas en los últimos meses. Una de las imágenes más impactantes llega desde el precioso ibón de Plan, que presenta este desolador aspecto. Suele secarse a finales de agosto o septiembre (hay que recordar también su naturaleza caliza), pero lo normal a estas alturas de julio sería verlo con bastante más agua.

Se estima que los glaciares más pequeños desaparecerán en pocos años, mientras que los más grandes (Aneto, Ossoue -en la vertiente francesa-, Maladeta y Monte Perdido) se convertirán en heleros a mediados de siglo, teniendo el mismo final que los de los Picos de Europa o Sierra Nevada tras la Pequeña Edad de Hielo. No obstante, viendo la situación de este verano, quizás los glaciares pirenaicos desparezcan antes de lo que creemos.