El tiempo atmosférico en los cuadros de Dalí

Homenaje en su centenario al pintor de Figueres

 

 

 

 

Francisco Martín León, meteorólogo

Figura retirada por imperativo legal.

Figura en la forma de una nube, 1960 .
La nube central del cuadro toma forma humana gracias a las curvas y sombras dando una figura con moldes clásicos.

Introducción

Este año se cumple el centenario del nacimiento de Salvador Dalí, famoso pintor español del siglo XX. Dalí fue para algunos un provocador-paranoico, amigo del dólar y para otros, simplemente un genio irrepetible que ha pasado a la historia de la Pintura por méritos propios. Yo tomo parte en esta partida y me apunto a los que consideran al pintor gerundense como un grande de la pintura. En este trabajo trataremos de dar unas pinceladas de la “meteorología” encerrada en los cuadros de Dalí.

Salvador Dalí pasará a la historia como uno de los grandes artistas del siglo XX, capaz de convertirse en bandera del surrealismo, al que aportó su particular método paranoico-crítico, y de ser uno de los primeros en hacer de su vida y obra un objeto del marketing.

Todo gran pintor ha sido, ante todo, un buen observador de la naturaleza. Muchos de los grandes cuadros de los más famosos pintores de todos los tiempos plasman las vivencias naturales, paisajes, momentos de su vida real e imaginaria de los que les dieron vida. En muchas ocasiones, el pintor ha dejado para la posteridad un paisaje o una escena natural donde las nubes, el cielo, la luz del sol y meteoros, en general, se hacen presente y ocupan un lugar fundamental en el lienzo para realzar el tema del cuadro o transmitir una idea o característica del personaje o ambiente que trata de reflejar. Los pintores románticos han sido, de lejos, los que mejor han presentado la temperie en sus cuadros haciéndola protagonista: atardeceres lánguidos y apacibles, nieblas densas y pesadas en lugares lúgubres, nubes y colores de atardeceres imborrables e irrepetibles, etc.

Dalí no podía ser menos y en muchos cuadros del pintor de Figueres se reflejan esas nubes y atmósferas que tuvo que vivir y respirar durante sus primeros pasos de su vida en la costa gerundense. Él supo transportar y plasmar los cielos, vientos, nubes y fenómenos atmosféricos que forman parte de la impronta de las gentes de esas tierras catalanas donde el sonido de la tramontana, la lluvia, los temporales otoñales, etc., son elementos característicos del tiempo ampurdanés. Aunque en su etapa inicial el realismo de las escenas es normal y lógico, poco a poco su forma de pintar y de entender la pintura se fue transformando y el cielo, su atmósfera, sus escenas de la temperie van evolucionando hacia horizontes que en muchas ocasiones no están en el mundo real, si no en el de los sueños del pintor, que prefería estar 22 horas soñando y dos pintando durante un día.

En este corto trabajo queremos rendir un homenaje a este artista tan significativo del arte universal, que supo plasmar en sus obras la forma de ver la vida desde su perspectiva singular, donde los sueños y su visión de la realidad han sido tan característicos y notorios. No se pretende realizar un análisis exhaustivo del significado de los cuadros o imágenes que vamos a presentar. Se quiere, simplemente, mostrar un conjunto reducido de cuadros donde el ambiente “atmosférico” es parte integrante de cuadro; donde el pintor es observador y transformador de la realidad ambiental. A partir de aquí, se invita al lector a seguir indagando el papel de la temperie en los cuadros del artista. En primer lugar, pasemos a describir el tiempo atmosférico de la región que lo vio nacer y que tanto quería.

Figueres y el Ampurdán

El tiempo de la zona donde vivió sus primeros años de vida tuvo que quedar impregnado en la mente del pintor, como así fue. Dalí nace el 11 de mayo de 1904 en un pueblo gerundense, Figueres, en la comarca del Ampurdán cercano a la frontera francesa. Para Dalí siempre fue el lugar más bello del mundo y, así, lo manifiesta en sus primeros cuadros de forma natural y simple. Las rocas pétreas esculpidas por el viento y el mar, con forma casi humanas se repiten en su obra como objetos fósiles, las osificaciones y los antropomorfismos se irán repitiendo a lo largo de toda su obra y el Ampurdán, sus colinas, la costa alta y rocosa tomarán, a veces, formas determinadas que recuerdan el origen del pintor.

La ubicación geográfica de las zonas citadas marca sus características climáticas y el tiempo que acompaña a la vida de sus gentes, azotadas por las borrascas atlánticas y mediterráneas, con vientos de origen marino o los fríos vientos del norte, con las nubes generadas y aliadas a las montañas y geografía, etc.

La tramontana, viento de componente norte, se hace evidente en las vidas de la gente de esta comarca. Este viento sopla cuando un sistema de baja y alta presiones se sitúan de forma tal que el viento en capas bajas incide sobre la cadena montañosa del Pirineo y es acelerado en su vertiente oriental hacia el golfo de León y las islas Baleares. Este flujo, que en muchas ocasiones es intenso y persistente, influye de manera notoria en la vida rutinaria, generando sonidos naturales, que el propio Dalí pensó en capturarlo, almacenarlo y hacerlo sonar en una obra suya aún no terminada: el órgano de la tramontana.



Figueres y Gerona en la geografía hispana. Mapa de España, de Gerona y de la zona con las poblaciones mencionadas en el texto.

Dalí tuvo que ver y analizar el maravilloso horizonte que en los días despejados ofrecía el Mediterráneo, después de una entrada de aire frío. Otras veces, se tuvo que refugiar de los aguaceros tormentosos estivales y, sobre todo, de las tormentas del otoño, cuando el Mediterráneo inestabiliza parcialmente el aire más fresco que le sobrevuela. Las nubes compactas de gran desarrollo, asociadas a lo cumulonimbos tuvieron que llamar la atención del joven pintor. Y tras el paso del chaparrón primaveral con sus rayos y arco iris, y tras la capa y manto de cirros, el sol mediterráneo que inunda de luz el mar y las zonas terrestres gerundenses.

El viento de norte, frío y estable, tiende a generar sobre zonas altas nubes orográficas de tipo altocúmulos lenticulares, nubes de origen orográfico típicas de las zonas montañosas.

El clima mediterráneo se hace patente, como es lógico en el Ampurdán, donde el viento, la convección y otros géneros de nubes se ponen de manifestó en la vida diaria de sus gentes, dejando un seno imborrable a toda persona que viva o haya vivido en la zona.

Y el mar, ese mar que está siempre presente en los pueblos costeros, unas veces calmado, otras enfurecido. Siempre esta ahí, incluso si no lo vemos. Está en las mentes del pueblo que mira al mar como una persona que se mira a un espejo. Todos estos elementos quedan marcados como un sello en las vidas, carácter y las mentes de las personas que viven y han vivido en estos lugares.

Dalí, que inicialmente perteneció al movimiento surrealista, llego a evolucionar en su arte hacia una pintura propia con fases intimista, mística, “nuclear” y “clásica”, pero toda ella siempre permaneció atada a sus orígenes surrealistas. Queda fuera de este trabajo discutir y analizar el origen y evolución de su pintura. Sólo nos centraremos en un aspecto de ella, en al utilización de los elementos de la temperie, nubes, calmas, meteoros, etc., en algunos de sus cuadros.

Las nubes en los cuadros de Dalí

Las nubes ocupan un papel destacado en mucha de las obras de Dalí. Unas veces tratan de ser lo que son, simplemente nubes o elementos que adornan un escenario daliniano; otras veces las utiliza para dibujar figuras de figuras en sus cuadros, proyectar sus obsesiones personales, sueños eróticos, etc. En determinadas ocasiones no hay nubes o sólo, y con unas pinceladas, da lugar a nubes fantasmagóricas e irreales que se dejan ver en una esquina de su cuadro y de género incalificables. Pero de la misma forma que aparecen en muchos cuadros, Dalí las deja de lado presentando cielos limpios y despejados con colores diferenciados, unas veces con cielos azulados y reales y otras con tonalidades insospechadas y oníricas. En estos casos, la sensación de infinitud se prolonga gracias a horizontes limpios y geométricos. Veamos algunas de sus obras.

Pareja con las cabezas llenas de nube, 1936

Figura retirada por imperativo legal.

En esta obra una pareja, de medio cuerpo hacia arriba, aparece con sus perfiles enmarcados. La unidad esta formada por dos cuadros donde predominan las curvas, acentuadas por el marco de madera. Solo la parte inferior del marco es recto. Los elementos que componen ambas figuras son casi los mismos: el cuerpo es material, pero las cabezas de ambos personales están llenas de nubes etéreas con un cielo azul de fondo. Es difícil intuir si las figuras corresponden a un hombre y una mujer pero la posición de ambos nos recuerda vagamente las posturas del hombre y la mujer del cuadro del Ángelus de Millet, elemento repetitivo en innumerables cuadros transformados por la genialidad del artista, según su visión onírica. La figura más erecta es, aparentemente, la del hombre, la otra corresponde a la de la mujer donde se aprecia la inclinación del cuello y cabeza. Las cabezas de ambos seres están ocupadas por elementos blandos y etéreos como son las nubes y el aire. El sol aparece en la supuesta figura de la mujer en la parte derecha de la figura donde se adivinan ciertos halos provocados por nubes medias y altas. La parte material del ser humano está representada en la parte baja del conjunto formado por materiales duros: la tierra, la mesa y diversos objetos simbólicos y diferenciados.

Figura retirada por imperativo legal.

En los estudios previos de esta obra, tanto el hombre y la mujer aparecen ambos con las cabezas inclinadas y con unos perfiles de orejas algo descomunales. En la versión definitiva, solo las supuestas orejas del hombre quedan reflejadas de forma llamativa.

En los primeros bocetos de este trabajo, ambas figuras conforman un todo y dentro de ellas se adivinan las formas de un hombre y una mujer en una posición amorosa. Dalí era muy aficionado a generar figuras dentro de figuras y está claro que este trabajo evolucionó desde sus primeros bocetos a una unidad de dos elementos separados.

No era la primera vez que Dalí utiliza las nubes como símbolos de la mente humana. En “Busto de Joella Lloyd”, 1934, aparece la dicotomía y el contraste entre lo duro (ladrillo) y lo blando, etéreo, espiritual (las nubes) en el ser humano.

La mujer en la ventana, en Figueres, 1926: Nubes lenticulares

Figura retirada por imperativo legal.

Se adivina un tiempo cálido, por la indumentaria de la mujer, y se divisa una escena del pueblo mencionado en el título. Al fondo, se aprecia el azul del cielo, adornado por nubes en forma de lentejas: altocúmulos lenticulares. Contrastando con la vestimenta de la chica tenemos los árboles pelados de hojas en la plaza donde se intuyen algunos brotes de verdes ¿otoño o primavera?. La veleta del campanario marca posiblemente el viento del norte. La orografía de las montañas del fondo y el viento de componente norte generan estas nubes tan llamativas que se sitúan a diferentes niveles. Las sombras se proyectan del tal forma que el sol está aún muy alto. El día transcurre tranquilamente.

Como en todas las obras de esa época temprana, Dalí dibuja sus cuadros con líneas decididas y “fuertes”, manifestando la solidez de su presencia.

La mujer que aparece en el dibujo es Ana María, su hermana, personaje que se repite en varios cuadros más de este periodo. Este tipo de pintura trata de ser un homenaje al pintor holandés Jan Vermeers (1632-1675), que llegó a ser una obsesión de Dalí en su temprana edad pictórica.

La publicidad y el “marketing”, de las que Dalí supo manejar en gran medida para difundir sus ideas y obras, se hace ya patente en el cuadro donde aparece un anuncio de la Ford. Dalí supo ver la potencialidad que la publicidad iba a tener en su futuro a la hora de difundir su obra y su figura.

Retrato de Luís Buñuel, 1924

Figura retirada por imperativo legal.

Dalí conoce a Luís Buñuel en Madrid y pronto se hacen amigos. Dentro de los círculos surrealista de Paris, ambos emprenden dos películas en la capital francesa: Un Chien Andalou, 1929, y L’Age d’or, 1930. La amistad de Dalí por intelectuales de su época se extendió a Federico G. Lorca.

Este retrato de Buñuel fue pintado cuando Dalí tenia 20 años y en el se muestra la personalidad muy solemne y el mirar pensativo de un hombre que mira fijamente hacia fuera, más allá del pintor y del espectador. La gama de colores del retrato es absolutamente restricta acentuando una atmósfera grave y pesada.

El retrato es de un estilo similar al de otras pinturas, escultura y arquitectura de este período. Un movimiento catalán llamó el "Noucentisme", marcó un estilo de arte que volvía a lo clásico mientras que procuraba traer en algo de frescor contemporáneo de la vida moderna, era evidente su influencia en Dalí en aquel periodo.

Frente a las curvas del retratado destaca la verticalidad de la geometría de los edificios y árboles. De nuevo Dalí se vale de nubes para acentuar el fondo con la horizontalidad y el juego de rectas-curvas de las nubes lenticulares. Las protuberancias que surgen en la parte superior de muchas de ellas marcan otro elemento llamativo en estas nubes, normalmente casi aplanadas.

Durmiente, caballo, león invisibles, 1930: más lenticulares

Figura retirada por imperativo legal.

De nuevo aparecen nubes apiladas en forma de lentes sobre un fondo de cielo colorista. En este caso no se adivinan las montañas, ni el viento que las generan. Mas arriba, aparecen supuestos cirros de diversas tonalidades. En la parte central, podemos observar un conjunto de imágenes a las que alude el nombre del cuadro que conforman parte del cuerpo de una mujer durmiente. Otro hecho llamativo del cuadro es que los elementos nubosos se repiten como un espejo pero en colores oscuros sobre el suelo, unas veces de forma simétrica a sus homólogos del cielo y otras no, otros detalles oscuros y no nubosos quedan reflejados en la horizontalidad desde suelo, contrastando con la figura central y la verticalidad de ciertos objetos; árboles, esferas, edificios,…

La presencia de conformar imágenes o cuerpos, figuras a partir de otras tantas es un elemento repetitivo que aparece muchas veces en los cuadros de Dalí.

Los cumulonimbos

Muchos son los cuadros donde aparecen las nubes tormentosas que tuvo que ver Dalí en el Ampurdán en los días cálidos y otoñales. Nubes de gran desarrollo vertical, ahora blancas, otras veces amarillentas al atardecer, con tonalidades oscuras en algunas de sus zonas privadas de luz y con sombras.

Meditación sobre el arpa, 1932-1934

Figura retirada por imperativo legal.

En este cuadro aparecen cuatro figuras. Dos erguidas y que recuerdan a los personajes del Ángelus de Millet, pero ahora más unidas que en el cuadro originario. El hombre parece tener un sombrero que le protege su falo y una mujer desnuda que esconde su seno pero no puede evitar sus formas redondeadas y femeninas. Una tercera figura aparece arrodillada y blanda, con elementos deformados en su brazo-calavera y pierna.

La cuarta figura está formada por una nube situada en la parte superior derecha de la mujer. Se observa la forma de un torso femenino con connotaciones clásicas. Los contornos redondeados y las formas voluptuosas de los cumulonimbos en desarrollo le sirven a Dalí para reproducir este torso de mujer donde se adivinan los pechos, vientre y pierna.

Momento de transición, 1934

Figura retirada por imperativo legal.

Las rocas duras negras y rojizas de este cuadro recuerdan los montes y acantilados de la costa gerundense. Mientras, y en el fondo, se adivinan potentes nubes de desarrollo vertical con formas compactas pero la vez adornadas por los colores suaves del atardecer, como denotan las sombras alargadas. El detalle del carro alejándose forma parte de otro cuadro daliniano: el cuadro fantasma. Son evocaciones de escenas de su lugar de origen. En el carro parece adivinarse varias personas pero fijándose en detalle solo se ve una, las otras dos menores corresponden a los edificios que conforman el pueblo del fondo.

Las sombras alargadas nos hacen pensar que el sol se encuentra bajo en el horizonte. La calidez del cielo y las nubes se reflejan en los colores del suelo y de algunas rocas. Los personajes adivinados en las nubes, son muy diferentes de los personajes en la tierra.

Nubes en figuras y figuras de nubes

Afgano invisible con aparición sobre la playa del rostro de García Lorca en forma de frutero con tres higos, 1938

Figura retirada por imperativo legal.

El juego de imágenes y formas de objetos invisibles que se conforman con otros objetos o elementos menores y diferenciados es parte del mundo surrealista daliniano. Dalí trata de describir lo que es, a través de lo que no es, porque, para Dalí, no existe ninguna diferencia entre SER y NO SER, en el mundo daliniano son planes que se confunden porque son artificiales. Los problemas de la visión mas allá de la realidad perceptible preocuparon tanto a Dalí que llegó a estudiarlos de forma obsesiva, buscando la solución o la ….perfección. Para él, el camuflaje psicológico no es un sueño inútil. Vemos lo que tenemos algunas razones para ver, sobre todo lo que creemos lo que vamos a ver, afirmaba Dalí. Esto es la razón porque, cada vez que volvemos a ver, la misma cosa, la percibimos de forma diferente.

Es esta obra, un perro afgano se hace patente gracias a elementos etéreos, blandos y materiales, duros. Las nubes juegan un papel fundamental en la génesis de la cabeza y el cuerpo del animal, mientras que las patas y cola están formadas por el mar y los contornos de los acantilados, rocas y playas. La parte delantera del cuerpo del perro y su cabeza descansan sobre la solidez y dureza de los acantilados gerundenses. Su cuerpo está cuadrando un retrato de hombre (o mujer) representado por un vaso… de frutas. Y así, poco a poco descubrimos un espacio de símbolos dentro de otros símbolos, de mundos en otros mundos.

Los cantos de Maldoror, 1934

Dalí realiza varios aguafuertes para ilustrar temas literarios como ocurre en este caso. En esta serie destacamos dos trabajos en los que Dalí utiliza los ciertos elementos pictóricos para resaltar la simetría del cuadro.

Figura retirada por imperativo legal.

En la primera imagen vemos a su amada Gala en la parte inferior izquierda del cuadro con elementos simbólicos ligados al pintor (chuletas, ciprés perforado, figuras pequeñas con sombras alargadas, ..). En la parte central aparece una nube con rayos saliendo detrás de ella que contradice la dirección de las sombras elongadas de las pequeñas figuras. El perfil de las nubes conforma las figuras de un hombre y la mujer, que recuerdan al cuadro del Ángelus de Millet.

"A seis años quería ser cocina. A siete años, quería ser Napoleón. Desde entonces, mi ambición no dejó de crecer como mi delirio de grandeza", decía Dalí.

Figura retirada por imperativo legal.

En el siguiente cuadro siguen apareciendo símbolos dalinianos típicos. La composición básica está dominada por el hombre y la mujer que recuerdan, una vez más, a los personajes del Ángelus de Millet. La verticalidad de las figuras contrasta con la amplitud de la llanura y las líneas espaciales al estilo de Giorgio de Chiriaco que tanto influyo en la obra de Dalí. El hueso-palo, que conforma al campesino, tiene el simbolismo fálico. El hombre y el niño generan sombras irreales que dan un sentido geométrico diferente a la verticalidad y a las líneas que surcan la llanura. De nuevo, los rayos del sol conforman otra geometría diferente a las anteriores. En la nube se adivina el perfil de Napoleón, como recuerdo de la infancia del artista que quería ser de pequeño cocinera o Napoleón.

Otros elementos atmosféricos en los cuadros dalinianos

Rayos

Retrato del embajador Cardenas, 1943

Figura retirada por imperativo legal.

Una tarde tormentosa con fondo del Escorial sirven a Dalí para dibujar este retrato. Hay dos figuras menores que recuerdan al cuadro de la Rendición de Breda con los dos personajes principales. El embajador se encuentra ocupando un espacio en el cuadro residual rodeado por cierto halo con colores oscuros. La simbólica nube de escaso desarrollo vertical deja entrever dos zigzagueantes descargas oscuras, posiblemente simbolizando rayos.

Arco iris

Caballero de la muerte, 1935

Figura retirada por imperativo legal.

Un caballero en descomposición y huesudo monta un caballo en su mismo estado, contrastando con un fondo oscuro. Las nubes en el fondo están aparentemente acompañadas de un arco iris infernal donde es difícil identificar los colores que componen el fenómeno óptico. Dalí no era ajeno a los descubrimientos científicos de la época (teoría del átomo, energía-materia, relatividad, universo, ..) y sintió especial predilección por la desintegración de la energía, el desorden entrópico del universo. La desintegración de la energía se asocia a la muerte y esa desintegración de la materia está representada en el caballero y en su montura.

En “El espectro y el fantasma”, 1934, Dalí repite la escena de un supuesto arco iris aunque el cuadro presenta unas nubes pétreas y fantasmagóricas de las cuales parece emanar. Dos figuras enigmáticas parecen emanar y conformar a las nubes, la de un hombre y la de un perro.

La verticalidad de las nubes se acentúa con la aparición de un ciprés, alto y erguido que está asociado a su juventud. Una torre ocupa un lugar llamativo en lo alto de la colina. El significado de la torre es de tipo sexual y aparece de forma persistente en muchos cuadros del pintor.

Calor y el desierto

Impresiones de África, 1938

Figura retirada por imperativo legal.

Dalí no estuvo nunca en África pero sí la tuvo presente en sus cuadros, como en este caso. Una breve excursión a Sicilia le sirvió a Dalí para pintar esta obra donde los colores cálidos oscuros recuerdan la sequedad de las zonas desérticas. En el cuadro aparecen dobles imágenes, típicas en muchos cuadros del pintor, entre ellas la cara de Gala. El trapo rojo que descansa en su pierna, representaría la sangre vertida en la guerra civil, el calor de las batallas. El gesto del pintor es elocuente y trataría de querer parar lo imparable: la guerra civil española.

La mano de Dalí retirando un toisón d´or en forma de nube para mostrar a Gala la aurora completamente desnuda, muy muy lejos, detrás del sol, 1977-1978

Las obras esteoroscópicas, formadas por dos cuadros casi idénticos, son realizadas por Dalí al final de si vida artística como búsqueda en nuevas formas de creación. Aquí presentamos un cuadro de la pareja que lleva el título mencionado.

Figura retirada por imperativo legal.

Las figuras con pies alargados, como elefantes, las figuras espectadoras de pequeñas dimensiones con sombras alargadas, rayos que emanan de pesadas y oscuras nubes, constituyen otro elemento significativo en la obra de Dalí. A ves hay figuras con sombras orientadas de forma diferente a la del resto, o incluso no tienen sombra cuando deberían tenerlo.

En este cuadro, la nube es parte de la cabellera de la aurora que se personifica como mujer desnuda. El sol se encuentra bajo y cerca del horizonte. Predominan los colores amarillentos del atardecer y la escena parece transcurrir plácidamente en un puerto italiano sin bullicio. En el cuadro domina la perspectiva hacia un foco que es el en sol y la verticalidad de los edificios y las figuras pétreas y humanas. Las sombras de los barcos y edificios contrastan con las no sombras de los hombres. La torre circular recuerda a las que tantas veces aparece en los cuadros de Dalí. Otro punto de luz ajeno al sol parece emanar debajo de la mano que trata de estirar o quitar la nube-cabellera.

Podríamos seguir describiendo cuadros donde aparecen fenómenos meteorológicos, nubes, soles y sombras, etc., pero creemos que es suficiente con esta muestra. Con este breve resumen de cuadros y pinturas termina el repaso de algunas obras que Dalí, donde el papel de la temperie se pone de manifiesto nítidamente. Estos elementos atmosféricos dan formas a unos escenarios especiales y oníricos. Sirva este trabajo para recordar a la figura del pintor de Figueres en el centenario de su nacimiento.

Agradecimientos. A Aurora Bell por sus comentarios y sugerencias.

Referencias

Dalí: La obra pictórica (2001). Robert Descarnes y Gílles Méret. Ed. Taschen. 780 pp.
Dalí. Obra gráfica: Ciclos Literarios, 1982. Ministerio de Cultura. 443 pp.

Dalí en Internet

http://www.dali-gallery.com/html/galleries.htm
http://www.salvador-dali.org/
http://www.dali2004.org/lang.html
http://www.salvadordalimuseum.org/

5 pensamientos en “El tiempo atmosférico en los cuadros de Dalí

  1. Pingback: Del tiempo y del vivir | Josu Jon

  2. soofi

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