Entrevista del mes: Jorge Olcina Cantos


Catedrático de Análisis Geográfico Regional en la Universidad de Alicante


¿Qué papel desempeña un climatólogo en la sociedad actual?, ¿por qué es importante que haya climatólogos?
El climatólogo es un geógrafo especializado en los temas de tiempo y clima. Como geógrafo es un científico físico, formado en cuestiones de geografía física, pero es  también un científico social, preocupado por las  cuestiones  territoriales y sociales.  En estas dos visiones de los fenómenos que ocurren en la superficie terrestre y su atmósfera próxima radica el valor del climatólogo. Nos preocupamos por saber como es el ambiente permanente de un territorio y como afecta a las personas, y sus actividades, que viven y se desarrollan en él. Y en las últimas décadas este papel se ha reforzado en el marco del proceso actual de calentamiento térmico planetario y sus efectos previstos. Por eso, creo que la labor del climatólogo es necesaria en el mundo actual.

A veces, las tareas de un climatólogo se solapan con las de un meteorólogo. ¿En cambio climático, ambos tienen la misma autoridad científica?
Son disciplinas complementarias. Y es muy bueno que sea así y que se produzcan interacciones. Hay ejemplos relevantes de meteorólogos que han desarrollado trabajos muy notables en el campo de la climatología. Y de climatólogos que realizan investigaciones sobre modelización más propias de la física del aire. No hay que fomentar disputas ni conflictos de competencias. Al contrario, en la colaboración está el avance de estas dos disciplinas científicas. Tradicionalmente se ha dicho que el climatólogo estudia el pasado y el meteorólogo el presente y el futuro. Pero esto, como vemos en los últimos años ha cambiado mucho. Estaría bien, en el marco de los nuevos procesos de reforma educativa que está viviendo la universidad española, diseñar un programa de “Estudios del Tiempo y Clima” que formase a especialistas de esta materia en física, química, mateméticas, geografía, estadística e incluso en historia; además creo que el papel de estos especialistas  está llamado a cobrar un protagonismo cada vez mayor en el futuro en nuestro mundo globalizado. 

Existen muchas definiciones de clima. ¿Cuál es tu preferida?
Me gusta combinar dos definiciones que propusieron por un lado el climatólogo francés Pierre Pedelaborde a mediados del siglo XX (el clima es lo percibido y vivido por el ser humano más la explicación de sus causas) y el geógrafo y humanista español Jesús García Fernández, también en la segunda mitad del siglo pasado (el clima es el ambiente permanente que se da en un espacio geográfico y que se relaciona con la sucesión regular de tipos de tiempo en ese lugar). En otras palabras, creo que  el climatólogo debe interesarse en conocer las causas de los fenómenos atmosféricos por lo que tienen de procesos que afectan a las sociedades. 
 


Instalaciones del Laboratorio de Climatología. Instituto Interuniversitario de Geografía. Universidad de Alicante. Fotografía superior: Sala del Laboratorio. Fotografía central: Terraza del Laboratorio. Fotografía inferior: Clase práctica impartida por Jorge Olcina.

¿Hay mucha población en España que vive en una zona de elevado riesgo hidrometeorológico? ¿Puedes ofrecer algún dato en este sentido?
Las inundaciones y las sequías son los dos peligros atmosféricos más importantes en nuestro país. Hay, en efecto, mucha población expuesta a los efectos de estos dos riesgos hidrometeorológicos. Y hay también regiones españolas más expuestas que otras (litoral mediterráneo y Baleares, País Vasco y Canarias en relación con las inundaciones; sureste peninsular, principalmente, en relación con las sequías, aunque este fenómeno es más completo y tiene diferentes variantes que afectan a distintas regiones de nuestro país). El dificil dar un dato de población afectada por sequías e inundaciones concreto; pero se puede estimar que  al menos  tres millones de personas viven en áreas de riesgo potencial medio y alto frente a estos dos fenómenos.

 
Efectos del desbordamiento del barranco de Bonhivern en la ciudad de Alicante. La mala adaptación de los cauces fluviales a las tramas urbanas “desemboca” en consecuencias catastróficas cuando se producen precipitaciones torrenciales. Episodio de 30 de septiembre de 1997.

Muchas personas viven o veranean en el Mediterráneo, ¿cómo les afectará un mundo cada vez más cálido en sus vidas y sus propiedades?
El cambio climático debe preocuparnos, en mi opinión, por dos consecuencias físicas que puede traer consigo: una pérdida del confort climático y un aumento de la peligrosidad atmosférica por aumento de fenómenos extremos. Esos dos son las cuestiones que más me preocupan. Agricultura y turismo son las actividades económicas más expuestas y las que pueden tener efectos más directos de estos dos procesos. Por eso, conviene ser conscientes de lo que puede pasar, seguir investigando y mejorando  la modelización climática para tener bases cada vez más sólidas que permitan orientar las políticas de adaptación. En este último punto, nuestro país no ha desarrollado muchas acciones hasta ahora. Y tenemos que comenzar a realizarlas. El cambio climático puede ser una oportunidad de mejora de nuestra sociedad, de nuestro hábitos, de nuestra economía. Si no lo “vendemos” así, si nos quedamos sólo con la parte “catastrófica”  creo que no estaremos enfocando bien la cuestión. No quiere decir que el cambio climático vaya a ser positivo, ni mucho menos, sino que si comenzamos a trabajar en la mitigación y adaptación de nuestras ciudades y actividades económicas a sus efectos, las consecuencias previstas serán mucho menores y conseguiremos unos territorios más sostenibles.
Esta es para mi la clave de la actuación, pública y privada, ante el cambio climático: ofrecer un mensaje de posibilidades y no de desastres. Porque estamos ante un proceso de medio y largo plazo cuyos efectos se manifestarán muy progresivamente. No va a ser un tema de hoy para mañana. De ahí la mayor dificultad de su gestión y planificación. Es un tema sin rentabilidad política. Hay que trabajar para dentro de varias décadas, sin pensar en el rédito electoral. Es en defintiva un tema de ética ambiental. O trabajamos desde ya para evitar o aminorar sus efectos, aunque nosotros no los vayamos a ver, o dejaremos un mundo que será una muestra de la irracionalidad del ser humano y de su egoismo y prepotencia ante la naturaleza. 

¿Están aumentando los fenómenos meteorológicos extremos o es solo una falsa percepción?
Están aumentando, aunque el incremento es aún muy moderado. (entre un 5-10% según eventos, respecto a los que ocurrian en la década de los setenta del pasado siglo). Afortunadamente las victimas mortales se han reducido, aunque tendrían que  ser cero. Un país desarrollado y con legislación reguladora de las cuestiones territoriales, urbanísticas y ambientales como el nuestro, no debería permitirse ninguna victima mortal, si realmente se cumpliese la ley. Y, por contra, han aumentado los daños que ocasionan estos eventos extremos. Esto es una constante en todo el planeta, y también en España y nos habla de una mala planificación del territorio. 
Si como nos señalan los modelos de cambio climático se va a incrementar la parte natural del riesgo (mayor frecuencia de episodios extremos) el panorama no es muy favorable. Porque la parte humana del riesgo (exposición y vulnerabiidad) tiene una solución difícil y económicamente muy costora en aquellos territorios donde las cosas ya se han hecho mal. Y eso supone muchos años de espera hasta que se decida poner solución y dotarlas presupuestariamente. 

¿Qué esperas de la Cumbre del Clima que se celebrará a finales de año (2015) en París? ¿Eres optimista o pesimista ante esta Cumbre?
Pues, a la vista de lo ocurrido en Cumbres pasadas, no parece que podamos esperar grandes cambios. Y el problema es que el tiempo pasa y la sociedad percibe una falta de decisión política que puede terminar por restar interés a la sociedad por este tema trascendental. Ya no es sólo que se apruebe un nuevo Protocolo de emisiones, es poner en marcha un ambicioso programa de adaptación al cambio climático a nivel mundial, bajo los auspicios de la ONU.
Además hay un tema preocupante. Las excelentes espectativas que se han ido creando estos años en los Estados Unidos sobre la cuestión bajo la presidencia de Obama, pueden quedar totalmente frustradas el año que viene si se produce un cambio en el partido gobernante de aquel país. Estados Unidos, con la aplicación de las técnicas de fracking se ha convertido en una de las mayores reservas de petroleo y gas del mundo. Y esto no se relaciona bien con un proyecto de finalidad sostenible como el que es necesario para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.
Por tanto, no puedo ser optimista. Y el problema, como decía, es que el tiempo pasa y nos acercamos ya a la tercera década de este siglo, sin proyecto claro en este tema.
 



El entrevistado, posando en la terraza del Laboratorio de Climatología. Instituto Interuniversitario de Geografía. Universidad de Alicante.


¿Es correcta esa afirmación que dice que el desierto avanza en España?

No del todo. Aumentan los procesos de erosión y de artificialización del territorio. Pero no aumenta el suelo desnudo que es lo que podríamos entender desde la biogeografía como un desierto. Al contrario en los últimos treinta años ha aumentado la superficie forestada en nuestro país, incluso en las provincias de Almería, Murcia y Alicante que suelen presentarse como la antesala del desierto.  Pero no es así.  La vegetación mediterránea es una de las más recias del mundo y se regenera con una capacidad inimaginable.  Treinta años despues de un gran incendio, si no median otras circunstancias, tenemos ya un bosque regenerado. Y  veinte años después del abandono de una zona agrícola, ya hay una densidad muy alta de matorral ocupandola.
Sin embargo, los dos procesos anteriores si que me parecen preocupantes. Vivimos en un país con amplias áreas que tienen un nivel alto de erosión, por su constitución geológica y geomorfológica y su pendiente. En estas áreas hay que actuar y llevar a cabo programas de reducción de la erosión, que no han sido muy abundantes en nuestro país en las últimas décadas. Esto es preocupante. Y a ello se ha sumado la “artificialización” de amplias zonas por su transformación en zonas urbanas. Es otra forma de crear “desiertos”, en este caso de hormigón y asfalto. Hay que recordar que España ha sido durante el último boom inmobiliario, el pais de Europa donde más suelo se ha transformado. Y esto tiene también consecuencias en el aumento de las escorrentías en áreas urbanas y de zonas de inundación. 

¿Cuáles son los principales cambios que, previsiblemente, tendrá el clima en España a lo largo del presente siglo?
En mi opinión, lo más preocupante es la alteración de la circulación atmosférica que puede conllevar una atmósfera más cálida. Y el incremento de movimientos de masas de aire más enérgicos para tratar de compensar el balance energético en las diferentes regiones climáticas del mungo. Y el efecto que eso puede traer en el desarrollo de eventos meteorológicos más radicales y violentos. Y todo en un país globalizado, donde las actividades sobre el territorio van a seguir siendo muy intensas y por tanto, donde puede aumentar la vulnerabilidad y exposición de la sociedad española a los efectos del calentamiento. 
Creo que esto es lo más importante y de lo que menos se habla. Normalmente en los medios de comunicación se destaca la cuestión del aumento de temperaturas o de la reducción de lluvias que puede conllevar en unas regiones del mundo, y entre ellas en algunas de España, el calentamiento térmico planetario. Esto es sólo una parte, y seguramente no la más importante, porque el ser humano tiene conocimientos y herramientas para hacer frente a estos dos efectos. Pero es más dificil que una sociedad se acostumbre a sequías, temporales de viento o inundaciones más frecuentes.
Y luego están los efectos sobre los seres vivos que no son el ser humano, esto es,  vegetación y fauna, que ya están empezando a notar las consecuencias y que serán más evidentes en las próximas décadas, si no se hace nada por evitarlo. 
Y también el cambio en los paisajes, que es la esencia geográfica de los territorios, que normalmente no valoramos porque los tenemos ahí; pero que pueden cambiar en el futuro. Baste pensar en los paisajes  de montaña con nieve o en los paisajes de costa con playas y los cambios que pueden experimentar por falta de innivación y por la subida del nivel del mar.  O en el propio cambio de especies vegetales en bosques muy sensibles como el mediterráneo.

¿Se transmiten correctamente las ideas sobre cambio climático, calentamiento global, etc. a la sociedad? ¿Echa en falta más divulgación y entendimiento de estos asuntos en los medios de comunicación?

Creo que se ha abusado del mensaje catastrofista. Y esto ha sido contraproducente. Yo lo equiparo con el cuento del lobo, en el que se anunciaba que “venia el lobo”, pero el lobo no aparecia hasta que la gente no hacía caso y se olvidaba del asunto…pero de pronto aparecía el lobo y originaba el desastre.
Ha ocurrido, un poco, esto. De hecho los estudios sociológicos sobre el cambio climático publicados en los últimos años denuncian este problema. Parece que nos hayamos vuelto un poco insensibles  ante este problema.
Y todo ello es porque el cambio climático es, como se ha señalado, un problema de medio y largo plazo. Sus efectos no van a ocurrir mañana mismo. Y si se abusa del mensaje del miedo, del titular catastrófico, la gente, la sociedad, termina por cansarse porque no ve que lleguen ya los efectos del cambio climático.
Falta mucha educación para el riesgo y el cambio climático en nuestro país. Pero información sin extremismos. Montrando lo que realmente está ocurriendo, sin caer en el titular llamativo y la fotografía dramática.
Y aquí estamos todos implicados. Científicos, educadores, administración, políticos y, muy especialmente, medios de comunicación. En este último aspecto, el panorama que se observa desde hace tiempo no es muy aleccionador. Son contados los ejemplos de buena información y comunicación sobre esta cuestión en los medios. Y es una pieza básica para educar a la sociedad en el tema más importante que va a vivir nuestro planeta en este siglo. 
Hace unos años, en 2005, celebramos en la Universidad de Alicante, un curso de verano sobre “Comunicación social de los riesgos naturales”. Revisando estos días las conclusiones de aquel seminario, creo que siguen siendo actuales las pautas que alumnos y profesores elaboraron para comunicar estos eventos. Y son perfectamente aplicables, asimismo, a la cuestión del cambio climático.
 


Pautas para la comunicación de los riesgos naturales (2005). Curso de Verano sobre “La Comunicación Social de los Riesgos Naturales”, Universidad de Alicante


Vives en Alicante, ¿cómo te imaginas el clima de tu ciudad dentro de 50 años?

Me lo imagino menos confortable en verano. Con una temporada estival más prolongada, un invierno más corto y unas estaciones de paroxismo (primavera y otoño) con eventos atmosféricos más enérgicos. En definitiva, un clima con menos confort. De hecho ya se están notando síntomas en los últimas décadas. Más noches tropicales, lluvias más concentradas y poco aprovechables.
La cuestión ahora no es ofrecer una visión catastrófica de estas condiciones futuras. Es ir confirmando que esto va a ser así (investigación) e ir informando a la sociedad para que pueda prepararse y adaptarse.
Pero la sociedad, curiosamente, se está moviendo. Hemos estudiado, por ejemplo, las medidas de adaptación a las sequías y, en general, a la existencia de unos recursos de agua muy limitados, que en los últimos años han puesto en marcha muchos hoteles de la costa alicantina. Y sorprende ver como la iniciativa particular está yendo por delante de la respuesta de la administración. Sirva un dato como muestra. Los hoteles de Benidorm consumen ahora un 20% menos de agua que en el año 2000, y eso que el numero de turistas no ha dejado de crecer.  Esto son cuestiones que te hacen ser optimista en el futuro. Pero falta una respuesta mucho más enérgica de la administración en todas sus escalas. 

¿En qué proyectos estás trabajando en la actualidad?, ¿veremos pronto algún libro nuevo tuyo?
Pues, como sabes, me gusta afrontar retos distintos, siempre dentro del campo de investigación del tiempo y clima y del análisis del riesgo. Desarrollamos en estos momentos dos proyectos de investigación: uno sobre la evolulción histórica del clima en el mediterráneo español, en el seno del grupo de trabajo en Historia y Clima que lidera el prof. Armando Alberola, Catedrático de Historia Moderna en la Universidad de Alicante, que es hoy en día uno de los mejores expertos en este campo de España y Europa. Por otra parte, estamos también trabjando, en el Laboratorio de Climatología de la Universidad de Alicante, el aumento de la vulnerabilidad ante eventos extremos (inundaciones y sequías) que se ha producido en este territorio tan dinámico en las últimas dos décadas. Y esto en estrecha relación con las cuestiones de ocupación del territorio, abastecimiento de agua, realización de obras de mitigación, etc.
Pero en lo que más estoy disfrutando en los últimos años es en la recuperación de textos geográficos clásicos y de su filiación con la climatología y metorología. He disfrutado con la lectura de las Crónicas de Indias y especialmente con la del padre José de Acosta, que en mi opinión nos ofrece un primer manual serio de climatología tropical de la historia  Su Historia Natural y Moral de las Indias es un texto delicioso que recomiendo a todos los amantes del tiempo y clima. Por la claridad, sensatex y rigor  de sus ideas sobre la circulación atmosférica y sus efectos climáticos en el ámbito intertropical, en pleno siglo XVI. Y asimismo, he estado trabajando en un texto que me tenía intrigado desde hacia años y que finalmente he podido analizar: la Geografía Física del filósofo Inmanuel Kant.  En ella se contienen una serie de saberes sobre la circulación de vientos, el reparto de climas terrestres y los mecanismos de circulación general, que sorprende viniendo de una persona que tenemos como uno de los mayores pensadores de la historia, pero que en realidad, enseñaba geografía en sus clases universitarias.  La lectura de esta obra es la experiencia más gratificante que he tenido en los últimos años.
En los próximos meses habrá una novedad en esta línea de trabajo de recuperación de textos clásicos, que espero resulte interesante, porque desmonta algunos de los “mitos” que han existido en la ciencia climática, como la idea de la “chimenea ecuatorial” de Halley. En breve, se podrá consultar.
 


Portada de la edición del año 1591 de la Historia Natural y Moral de las Indias, del padre José de Acosta. Contiene numerosas referencias atmosféricas y climáticas referidas al ámbito intertropical.


¿Qué medidas deberían adoptarse para concienciar más a la población de la vulnerabilidad que tiene (que tenemos todos) a los fenómenos meteorológicos extremos?

Enseñar y enseñar. En las escuelas primero. Ha sido una barbaridad eliminar la asignatura de “Educación para la ciudadanía” en los planes docentes, porque era un vehículo idóneo para educar en el riesgo. Una sociedad mejor informada –y mucho más en esta cuestión-  es una sociedad más segura
Y luego  utilizando aquellos vehículos de comunicación que sean más eficaces y puedan llegar al mayor número de población. Por supuesto, los medios de comunicación, pero haciendo una labor de información que evite, como hemos señálado, el catastrofismo. Y también, las redes sociales que están llamadas a cobrar un protagonismo creciente en este tema.
En la difusión de las alertas, el empleo de la telefonía móvil moderna es imprescindible. Los mensajes de alerta tienen que llegar a todos los ciudadanos a través del móvil.  Recuerdo que en la inundación de Alicante de septiembre de 1997, las personas que murieron por la riada en la propia ciudad  lo hicieron porque salieron a primera hora de la mañana a llevar a sus hijos al colegio. No eran conscientes de lo que pasaba y salieron a la calle como cualquier día. Y se produjo la tragedia. Si hubieran recibido un mensaje en su móvil a las 8 de la mañana, informándo de que no salieran a la calle, podrían seguir vivas en la actualidad.
Hay también facetas que te sorprenden en la investigación sobre los riesgos naturales, pero sobre las que hay que profundizar en nuestro país. Por ejemplo, estamos desarrollando un proyecto para valorar la adaptación a las inundaciones en una población de Castilla y resulta sorprendente comprobar el calado que llega a tener un mensaje de protección de la población ante las inundaciones que se dé  mientras se oficia una misa. Porque hay un grupo de población mayor para la que este vehículo de información es muy efectivo.
En definitiva, cuando se trabaja en análisis y planificación del riesgo –y el cambio climático se ha convertido en un nuevo riesgo a gestionar- hay una máxima, que es además un principio de actuación ética: hay que impedir que muera gente. Los daños económicos, más o menos cuantiosos, siempre los vamos a tener. Pero lo que no debemos permitir es que muera una persona a causa de un evento atmosférico extremo. Ni ahora ni el el futuro. En un futuro con un panorama climático incierto.

Nota de la RAM.  Queremos agradecer a Jorge Olcina su amabilidad por esta interesante entrevista.

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