Meteorología (XII), situaciones especiales (y 2): la Sequía

En este trabajo se analizan y clarifican varios conceptos importantes, arrancando desde la idea básica que tenemos sobre la sequía. El lector verá que a lo largo del texto aparecen otros elementos y definiciones muy útiles y de actualidad

Fernando Llorente Martínez
[email protected]
Instituto Nacional de Meteorología
http://www.rumtor.com/meteorologia.html

Artículo de abril de 2004. Recuperado en febrero de 2012.

Nota de la RAM. En este trabajo se analizan y clarifican varios conceptos importantes, arrancando desde la idea básica que tenemos sobre la sequía. El lector verá que a lo largo del texto aparecen otros elementos y definiciones muy útiles y de actualidad.

LA SEQUÍA

Aunque no es un fenómeno meteorológico propiamente dicho, si se trata de una situación que acontece por circunstancias meteorológicas. La Real Academia Española de la Lengua, la define como: "Tiempo seco de larga duración"; y, a su vez dice del adjetivo "seco" en una de sus acepciones: "Tiempo en que no llueve".

Así que la precipitación es la clave de todo, ya que es la que riega los suelos, agua pluvial, proporcionando el tempero necesario para la germinación de semillas y el crecimiento de plantas; la que refuerza la fuente de los ríos en su zona de cabecera y aumenta el caudal que luego se represa en pantanos y embalses, agua fluvial, y por último, la que recarga y alimenta los pozos y manantiales, acuíferos subterráneos.

Ilustr. 1. Riego por inundación.Cortesía: http://www.elriego.com/dom/informa_te/riego_agricola/fundamentos_riego/riego_superficie.htm
Ilustr. 1. Riego por inundación.
Cortesía:
http://www.elriego.com/dom/informa_te/riego_agricola/fundamentos_riego/riego_superficie.htm

Cuando hablamos de sequía podemos referirnos a términos puramente ecológicos, con lo que tendremos una sequía fisiológica, que utiliza la variable agua líquida con relación a las plantas desde un doble punto de vista, el de su "disponibilidad" y el de su "idoneidad temporal". Según el motivo que provoque este tipo de sequía, se puede dividir en meteorológica, agrícola o hidrológica. Pongamos un ejemplo actual para diferenciar estos tres tipos; desde finales del mes de diciembre de 2003 y hasta mediados de febrero de 2004, en la zona centro peninsular las precipitaciones han sido, en general, muy escasas o nulas, por lo que hay una sequía meteorológica; pero como el otoño había sido muy lluvioso y la evapotranspiración de las plantas todavía no es muy intensa, el suelo mantiene un nivel suficiente de humedad sin que se produzca sequía agrícola; y por otro lado, la reserva de agua en los ríos o embalses es alta, por lo que tampoco hay una sequía hidrológica.

Pero también podemos hablar estrictamente desde el punto de vista meteorológico, y tendríamos la sequía meteorológica, donde se utiliza la variable precipitación, tanto desde el punto de vista de la "cantidad", como de su "oportunidad". Donde asimismo podemos considerar dos tipos, una sequía antropogénica o provocada, que es la que se produce cuando el hombre rebasa el gasto de agua por encima de las condiciones naturales medias, extendiendo sus demandas y necesidades más allá de los intervalos de riesgo; lo que puede suponer restricciones en el abastecimiento de agua a poblaciones y para las necesidades de riego. Y otra natural o atmosférica, situación que se manifiesta cuando las precipitaciones no se producen en la cantidad suficiente ni en el momento oportuno; o incluso, ante la falta del aporte de la humedad del aire por enfriamiento directo (rocío, escarcha, gotitas de niebla, etc.)

Hay cuatro factores principales que pueden agravar cualquier tipo de sequía, los cuales son:

  • Cultivos no específicos para los medios hídricos que tenga la zona en cuestión o la mala utilización de dichos recursos.
  • Tala incontrolada e incendios forestales, que provocan pérdida de humedad, aumento de la temperatura y hacen que el agua de las precipitaciones sea menos utilizada por el suelo, ya que correrá con más facilidad por la superficie y no tendrá tiempo de filtrarse para mojar capas más inferiores e incluso, en las zonas de más pendiente, provocará una pérdida de la parte más superficial del terreno influyendo en la degradación de los suelos.
Ilustr. 2. La plaga de los incendios forestales. Fuente: Fernando Llorente Martínez.
Ilustr. 2. La plaga de los incendios forestales. Fuente: Fernando Llorente Martínez.
  • Pastoreo abusivo, relacionado con el punto anterior, ya que contribuirá también al aumento de la fragilidad de la cubierta vegetal, lo que provocará, a la larga, una pérdida de suelo productivo y un aumento de la aridez de la zona.
  • Aumento de la población, con construcciones incontroladas, mayores consumos de agua y de alimentos, sobrepasando los límites naturales.
Ilustr. 3. Erosión por el pastoreo abusivo. Cortesía: http://www.fao.org/NEWS/GLOBAL/GW9907-e.htm
Ilustr. 3. Erosión por el pastoreo abusivo. Cortesía: http://www.fao.org/NEWS/GLOBAL/GW9907-e.htm

Centrándonos en nuestro país, tenemos dos zonas muy marcadas respecto al régimen de precipitaciones, la España húmeda: Galicia, cornisa Cantábrica, Pirineos y norte de las comunidades de Castilla-León, Navarra, Aragón y Cataluña, lo que normalmente se llama "tercio norte peninsular"; zonas que tienen lluvias bastantes regulares y abundantes en el espacio y en el tiempo. En el resto del país, que constituye la España seca, existe un régimen estacional de lluvias en los períodos de entre tiempo: temporales de lluvia de otoño y chubascos de primavera; mientras que son estaciones secas el verano (con calor, calimas y algunas tormentas) y el invierno (con frío, heladas y viento).

Si en cualquiera de nuestras comarcas, sean de una zona húmeda o de una seca, se produce una disminución importante de las lluvias, tanto en cantidad como en oportunidad, nos encontraremos ante el inicio de una sequía. Pero si esta situación, normalmente temporal, viene acompañada por temperaturas excepcionalmente altas o fuertes vientos, provocará una marcada evaporación y nos encontraremos ante una sequía progresiva; que producirá cambios en el color de la cubierta vegetal, influyendo en el albedo de los suelos, mayor pérdida de agua, y a su vez, un resecamiento del ambiente al barrer la humedad superficial, con mayores contrastes térmicos entre la noche y el día, lo que castigará la cubierta vegetal, aumentando el riesgo de incendios y los consiguientes efectos de pérdida de suelo cultivable debidos a la erosión provocada por el viento y los aguaceros.

Si esta situación catastrófica se prolonga año tras año, la sequía nos conducirá a la aridez, como ocurre ya en ciertas zonas del sureste peninsular o en las islas Canarias.

Finalmente, podríamos llegar a encontramos con la desertización, que es una aridez endémica que hace casi imposible la vida vegetal por falta de humedad, es el caso del desierto del Sahara.

Ilustr. 4. Desierto de Tabernes, provincia de Almería. Cortesía: Periódico La Voz de Almería y facilitada por: http://www.indalia.es/
Ilustr. 4. Desierto de Tabernes, provincia de Almería. Cortesía: Periódico La Voz de Almería y facilitada por: http://www.indalia.es/

Los largos períodos de tiempo con cielo despejado, ambiente soleado y aire seco -los que en la ciudad se llaman "buen tiempo"- pueden resultar trágicos para el campo al generar una peligrosa sequía.

Los "culpables" de estas situaciones son los anticiclones que se mantienen fijos y persistentes en una zona, bloqueando y desviando el avance de las borrascas que traen nubes y precipitaciones; esto provoca desarreglos generalizados en la circulación atmosférica, afectando a amplias extensiones geográficas. Esos anticiclones de bloqueo con cielos despejados y aire descendente -subsidencia-, actúan como auténticos "secantes" de la atmósfera, cómo ya hemos visto en otros capítulos. Los días despejados y fríos, con heladas, caracterizan la sequía invernal; los días despejados y cálidos, con calimas, la estival.

Nadie sabe cuando comienza a gestarse una sequía, que se presenta siempre solapadamente al establecerse tiempo estable de carácter anticiclónico con cielos despejados. Tampoco cuándo terminará, pues ello precisará de importantes y persistentes temporales de precipitación que mojen la vegetación y que calen los suelos.

Después de un largo período seco, la recuperación de humedad de la tierra no es inmediata sino que se va haciendo de forma progresiva, dependiendo mucho del tipo de planta, del carácter del terreno y de la cantidad y oportunidad de las lluvias. Se requieren cantidades de 100 a 150 litros por metro cuadrado y períodos de 25 a 40 días o más, para la recuperación de la humedad del suelo.

Es interesante conocer los “grupos” de días consecutivos sin lluvia o con precipitaciones inapreciables (inferiores a 0.5 litros por metro cuadrado) pues ello permite conocer la marcha de las lluvias del año y su repercusión en cultivos y pastos. Su distribución es muy aleatoria de un año a otro. Los períodos más largos suelen ser de 10 a 24 días en otoño e invierno, pudiéndose alargar de 48 a 70 días en verano; dependiendo, claro está, de la zona peninsular donde nos encontremos.

Por el contrario, el conjunto de días lluviosos aparece en grupos de 3 a 5 días. En el interior de la Península son más frecuentes los aislados de 1 a 2 días; y en las zonas húmedas no son raros los períodos de 10 días y más consecutivos.

Una sequía, con déficit de precipitación acusada, de dos a tres años de duración, no es insólita. Se trata de un hecho que se presenta con cierta frecuencia; y para poder contrarrestar los efectos que provoca y afrontarlos de manera que al efectuar las previsiones de reserva de agua se cuente con la posibilidad de esa penuria de lluvias, es necesario conocer en cada región los valores medios normales de la precipitación, así como sus excesos y defectos.

Con todas sus acciones perturbadoras, hemos visto que la sequía es una característica normal del clima. Las sequías son transitorias, llegan y se van, dejando su impacto y degradación sobre suelos, animales y vegetación; y lo que tenemos que hacer es intentar que estos períodos no provoquen sequías progresivas que puedan terminar con la desertización de la zona. Por ello, nunca deberíamos rebasar los límites que fija el clima, porque si lo hacemos nos podemos encontrar con situaciones de aridez irreversibles.

Esta entrada se publicó en Reportajes en 27 Feb 2012 por Francisco Martín León

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