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San Valentín: las parejas más famosas de la meteorología

Aprovechamos el día de San Valentín para presentaros algunas de las parejas más famosas de la meteorología: entre tormentas, huracanes y la luz de sol y las gotas de lluvia. ¿Las conoces?

Juan José Villena Juan José Villena 14 Feb 2018 - 16:47 UTC
Efecto Fujiwhara
Toma satelital de los huracanes Hilary e Irwin. Fuente: NASA.

En la meteorología también se dan relaciones de pareja. Todas esporádicas, porque si de algo adolecen es de inestabilidad. En ocasiones los ciclones tropicales trazan bailes de cortejo, las tormentas andan de la mano y los arcoíris se superponen. Aprovechando el día de San Valentín, vamos a analizar sus fugaces noviazgos.

El efecto Fujiwhara: cortejo entre dos ciclones

El efecto Fujiwhara, también conocido como interacción de Fujiwhara, sucede cuando dos ciclones tropicales, o vórtices, interactúan “orbitando” uno alrededor de otro, o bailando ambos. La danza debe su nombre al meteorólogo japonés Sakuhei Fujiwhara, que fue el primero que teorizó sobre esta peculiar conducta en los huracanes o los tifones.

Fujiwhara diferenció dos posibles comportamientos en este fenómeno. Cuando los dos huracanes tienen la misma intensidad tienden a orbitar ambos respecto a un punto central, trazando una trayectoria circular. Si, en cambio, uno es más potente que otro, el vórtice mayor continúa su trayectoria, sin modificarla, y es el más débil el que gira a su alrededor. En el segundo caso el más pequeño normalmente acaba disipándose o siendo absorbido por el más virulento.  

La última vez que se produjo este baile fue a finales del pasado mes de julio, cuando chocaron los huracanes Hilary e Irwin. El segundo, menos potente, acabó girando alrededor de Hilary. No dio la vuelta completa, giró en 90 grados su rumbo hacia el norte y continuó su camino sin desvanecerse. Una ruptura amistosa.

Storm-splitting: tormentas que van de la mano

Un Storm-splitting es un proceso que divide a una tormenta en dos núcleos que parecen ir de la mano. Hay veces que la corriente de viento ascendente –updraft- de un gran cumulonimbo no puede soportar el peso de la precipitación. Cuando esto sucede, la updraft es dividida en dos partes por una virulenta corriente que desciende. Esta escisión puede llegar a gestar dos tormentas con movimiento paralelo. El núcleo que queda a la derecha en ocasiones acaba convirtiéndose en una vigorosa supercélula. La “relación amorosa” acaba cuando el izquierdo se disipa, que es lo más habitual.

doble arcoíris
Imagen del, siempre espectacular, doble arcoíris.

El doble arcoíris

Cuando se abren los primeros claros tras un chaparrón, o antes de que empiece, el cielo muchas veces nos brinda un precioso arcoíris. Esta amalgama de colores surge del encontronazo entre la luz del sol y las gotas, por la refracción. Los rayos de luz solar inciden en la zona superior de las gotas, así una parte de la luz se refleja. Al cruzar el agua, los rayos cambian de dirección. Cada nueva trayectoria pinta el cielo de un color: los que se curvan menos crean el rojo y los que más el violeta.

Si la cortina persiste y el haz de luz es certero, los rayos que entrecruzan la parte inferior de las gotas crean el segundo arcoíris. Éste suele ser menos potente por el ángulo de salida de los rayos de sol, que es mayor. Los colores salen en orden inverso. El idilio acaba cuando remite la precipitación o se esconde el sol. 

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