Por nuestros océanos libres de plástico

Hoy es el Día Mundial de los Océanos y merecen un gran homenaje. Por todo lo bueno que nos ofrecen, a pesar de que los colmamos con 8 millones de toneladas de plástico al año. Va por ellos.

Carolina Morán Carolina Morán 08 Jun 2018 - 02:43 UTC
Océanos y mares, nuestros pulmones. Ayudan a regular el clima y proporcionan, entre otros beneficios, oxígeno y alimento.
Océanos y mares, nuestros pulmones. Ayudan a regular el clima y proporcionan, entre otros beneficios, oxígeno y alimento.

La cantidad de residuos de plástico en los mares y océanos no cesa de crecer, y es por ello que la Comisión Europea ha propuesto nuevas restricciones en su uso con el fin de prevenir la contaminación y mantener nuestras aguas limpias.

Lema 2018 de las Naciones Unidas: “Limpiemos nuestros océanos”

Así celebramos hoy el Día Mundial de los Océanos, limpiándolos y manteniéndolos libres de plástico. Un lema que ha planteado este año las Naciones Unidas con el objetivo de unir a la población mundial en la gestión sostenible de los océanos, los cuales son considerados una enorme fuente de alimentos, medicina natural y una parte esencial de nuestro planeta.

Y es que, según las Naciones Unidas, la polución por plástico está generando graves daños en nuestros recursos marinos. La organización internacional ha estimado que 8 millones de toneladas de plástico al año acaban en nuestros océanos, afectando -a su vez- a un millón de aves marinas y más de 100.000 mamíferos marinos. El problema reside en que todos ellos, tras su cadena de alimentación, terminan almacenando en sus estómagos cantidades turgentes de microplásticos, con el consiguiente consumo humano de todas estas partículas. Además, por cierto, del gasto anual de 8.000 millones de dólares en daños a nuestro ecosistema marino.

Como dato curioso, ¿sabías que fue el 5 de diciembre de 2008 cuando, la Asamblea General de las Naciones Unidas, decidió que sería a partir del 8 de junio de 2009 cuando se celebraría el Día Mundial de los Océanos?

Este día sirve para concienciar a la opinión pública sobre las consecuencias que la actividad humana tiene para los océanos y sus especies marinas.
Este día sirve para concienciar sobre las consecuencias que la actividad humana tiene para los océanos y sus especies marinas.

Guerra al plástico

La noticia del momento se la lleva, sin duda, la nueva Directiva sobre Plásticos de Uso Único que ha presentado la Comisión Europea (CE) en Bruselas el pasado 28 de mayo, como parte integral de la Estrategia de Plásticos y un elemento clave del Plan de Acción de Economía Circular, con el objetivo de reducir los principales productos de usar y tirar de plástico, y evitar, así, la contaminación en los océanos.

Esta nueva norma, por tanto, se centra en los diez productos de plástico de un solo uso que se encuentran con (demasiada) frecuencia en las playas, mares y océanos, tales como cubiertos y platos de plástico, bastoncillos de algodón o pajitas; y en los artes de pesca perdidos y abandonados. Los cuales, por cierto, representan el 80% de la basura marina. Esta propuesta evitará, además, un impacto medioambiental valorado -de aquí al 2030- en 223 millones de euros, y una emisión de 3,4 millones de toneladas de CO2.

El peligro de estos plásticos reside -debido a su lenta descomposición- en su acumulación en el medio y en las especies marinas (tortugas, focas, ballenas o aves), los cuales quedan enganchados en su cuerpo o dentro de su propio organismo. Es por ello que determinados productos plásticos, a partir de ahora, se consideren prohibidos o se planteen nuevas alternativas en sus materiales de fabricación y uso, haciéndolos plenamente sostenibles y reciclables. Como es la propuesta de salir con tu propia botella de agua y rellenarla o sustituir los cubiertos y platos de plástico en tu salida al campo por los de acero inoxidable.

Por su parte, Greenpeace, ha propuesto la creación de un “santuario antártico” con motivo de este Día Mundial, después de que una expedición de la propia organización a la Antártida haya localizado una abrumadora cantidad de plásticos y, además, determinadas sustancias químicas peligrosas (como las PFAS, sustancias perfluoroalquiladas) que afectan a la vida marina del lugar. Santuario, por cierto, de 1,8 millones de kilómetros de superficie, cinco veces más grande que Alemania y convirtiéndose (en caso de aprobarse el próximo mes de octubre) en la zona protegida más grande del planeta hasta ahora.

Publicidad