¿Fachadas de monumentos sucias? Es la contaminación del aire

Los gases contaminantes que emiten lo vehículos a motor y las actividades industriales producen un deterioro de los materiales utilizados en los monumentos históricos que, en muchos casos, es irreversible.

Carolina Morán Carolina Morán 03 Feb 2019 - 01:00 UTC
Catedral de Colonia, Alemania.
Los efectos de la contaminación: áreas de color blanco y costras de color negro y gris.

A menudo, cuando hablamos de contaminación atmosférica o contaminación del aire urbano, los principales impactos o efectos negativos a los que hacemos referencia son los referidos a la salud humana, la isla de calor urbana o la formación de lluvia ácida, pero ¿alguna vez te has planteado qué efecto tienen sobre los monumentos históricos o las fachadas de los edificios?

Dan la sensación de suciedad, pero las manchas negras de las fachadas esconden mucho más

El incesante tráfico rodado, unido a fábricas que no controlan sus emisiones, convierten el aire de las ciudades en un aire contaminado, cargado de partículas y gases, los cuales, además de afectar a la calidad de vida de las personas y su salud, tiñen y devoran poco a poco los materiales de nuestros monumentos históricos. La lluvia ácida es considerada la más destructiva, pues su contacto con ciertos materiales provoca que, por ejemplo, la piedra se disuelva y se originen grietas, además de deshacer la pintura. Es por ello, que tales partículas no solo alteran negativamente la apariencia del patrimonio, sino también su estructura.

Un estudio ya lo determinó, los efectos de la contaminación sobre los monumentos suelen presentar tres aspectos. Áreas más blancas de lo normal, las cuales están expuestas al impacto directo de la lluvia y donde la propia piedra sufre una disolución y, en consecuencia, no hay depósito sobre ella. Costras negras -conocidas en inglés como black crusts-, las cuales se forman en zonas donde no hay un impacto directo de la lluvia, pero donde sí reciben agua indirectamente, como en la parte baja de los rebordes de las ventanas, cavidades o ángulos. Y, por último, costras grises que -al igual que las negras- presentan depósitos de carbonillas y partículas emitidas por las distintas fuentes de combustión, pero con la diferencia de aparecer en zonas secas, o relativamente secas.

Por ello, el detalle que distingue a estas dos últimas es la cantidad de humedad ambiental necesaria para su desarrollo, la concentración de yeso y la interacción con la superficie del material. Actuando, como bien indica otro estudio, como reservorios de compuestos químicos atmosféricos, los cuales tienden a acumularse en las superficies frecuentemente mojadas por el agua de lluvia, pero no lavadas por ella.

Kaiser Wilhelm, en Alemania.
La lluvia ácida: disuelve piedra, deshace la pintura, origina grietas…

La fuente responsable del deterioro de los monumentos es el tráfico rodado

Multitud de investigadores han intentado comprender por qué numerosos monumentos históricos no se mantienen en las mismas condiciones, con el mismo paso del tiempo, pero en diferentes puntos. ¿Una de las principales hipótesis? El tráfico rodado. La Catedral de Sevilla es uno de los monumentos más analizados, y diversos estudios han llegado a la conclusión de que la catedral sufre, como la mayoría de los edificios históricos ubicados en entornos urbanos, de varios fenómenos de degradación y formación de costras negras relacionados con el alto nivel de contaminación.

Madrid es otro de los ejemplos que, por excelencia, sufren de contaminación ambiental debido a vehículos a motor, causantes de un grandísimo deterioro de su patrimonio histórico. Aunque no solo en nuestro país ocurre esta situación, alrededor del mundo también encontramos diferentes ejemplos de monumentos afectados por la contaminación atmosférica, donde la formación de lluvia ácida altera de forma muy significativa la estructura de diferentes monumentos, tales como el Buda Gigante de Emei, en China; el Acrópolis de Atenas, en Grecia; el Taj Mahal, en India; y las Grutas de Longmen, en China.

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