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La mayor amenaza para la Tierra en los próximos 100 años

Un nuevo estudio de la Universidad de Harvard concluye que el mayor riesgo de índole natural para los próximos 100 años en la Tierra no serán las erupciones volcánicas o los meteoritos. Está más a la vista.

Juan José Villena Juan José Villena 23 Oct 2017 - 18:32 UTC
Tormenta solar
Imagen de una llamarada solar. Fuente: NASA vía New Scientist.

De vez en cuando algún estudio nos recuerda el potencial del Sol para destruir nuestro devenir, tal y como lo conocemos. Hace unos días unos científicos de la Universidad de Harvard concluyeron que en los próximos 100 años el astro rey podría ser nuestra mayor amenaza. Muy por encima de los meteoritos o cualquier otra hecatombe de índole natural.

Si en la actualidad llegara una llamarada solar como la del evento Carrington, acontecida hace cerca de 150 años, las redes eléctricas, las comunicaciones satelitales o internet se colapsarían. “Normalmente pensamos que el Sol es un amigo y fuente de vida, pero también puede ser lo opuesto”, ha declarado Avi Loeb, investigador de Harvard, a la revista New Scientist.

Loeb y Manasvi Lingam, de la misma universidad, han estudiado las posibles consecuencias de la llegada de una gran llamarada solar a la Tierra. Los estudiosos han concluido que los eventos más extremos se producen aproximadamente cada 20 millones de años. El peor de los estallidos podría llegar a destrozar la capa de ozono, causar mutaciones en el ADN e interrumpir los ecosistemas. Una extinción en toda regla. Afortunadamente es el escenario menos probable.

A corto plazo, el Sol sí podría deparar tormentas como la vivida en 1859. El 2 de septiembre de aquel año un poderoso chorro de materia ionizada nos alcanzó inutilizando el sistema de telégrafos del mundo occidental. “Entonces no había mucha tecnología por lo que daño no fue muy significativo. Si ocurriera en el mundo moderno el daño podría ser de billones de dólares”, argumenta Loeb. “Una llamarada como esa hoy podría destrozar las redes eléctricas, los ordenadores o los sistemas de refrigeración de los reactores nucleares”, advierte.

Aurora Roma
El 2 de septiembre de 1859, en el evento Carrington, llegaron a verse auroras en Madrid o Roma.

Algunos trabajos previos han demostrado que existen un 12% de posibilidades de que ocurra un nuevo evento Carrington en la próxima década “pero nadie parece estar preocupado”, admite el científico. Los investigadores han descubierto que las tormentas solares pueden ser igual de letales que un gran impacto de meteorito.

Hace unas semanas Loeb y Lingam mostraron un sistema para protegernos de las tormentas solares: un enorme circuito de cables conductores entre nosotros y el sol que actuaría como escudo magnético. El problema es que su puesta en marcha requeriría de más de 100 mil millones de dólares, un coste inviable.

El evento Carrington

El evento Carrington hace referencia a la tormenta solar más poderosa jamás documentada en la Tierra. Su nombre homenajea al inglés Richard Carrington, el primer astrónomo que la observó. Este fenómeno disminuyó en un 5% los niveles de ozono en promedio, y hasta un 14% en las latitudes más altas. El cambio climático antropogénico, por ejemplo, ha necesitado un buen puñado de décadas para reducir en un 10% esta misma capa.

Por suerte las redes eléctricas a mediados del siglo XIX se prodigaban bien poco, porque habrían corrido la misma suerte que los telégrafos, ¡nocaut! En la noche de aquel 2 de septiembre se llegaron a ver auroras en los cielos de Roma o Madrid. Éstas fueron la parte más amable de esta fortísima llamarada, que hizo el trayecto Sol-Tierra en 17 horas y 40 minutos. Ese sería aproximadamente el tiempo disponible para tomar medidas en caso de un nuevo envite. 

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