La gran explosión de vida tras el accidente nuclear de Chernobyl

Pasados 33 años del grave accidente nuclear de Chernobyl, el abandono de las zonas habitadas a causa de la creación de una zona de exclusión en torno a la planta nuclear, ha provocado un espectacular florecimiento de la vida.

Pedro Gavidia Pedro Gavidia 03 Ago 2019 - 08:53 UTC
La vida silvestre se desarrolla con todo su esplendor en la zona de exclusión de la nuclear de Chernobyl. Fuente: Actualidad RT.

La vida silvestre está proliferando en abundancia en el área prohibida por el accidente nuclear de Chernobyl de 1986. En la actualidad, el acceso a la zona de exclusión de Chernobyl continúa restringido y, durante todo este espacio de tiempo, la ausencia de humanos ha provocado que la naturaleza se desarrolle con todo su vigor y esplendor.

Tras el desastre nuclear la población de la zona afectada abandonó sus hogares

Tras el desastre nuclear del 26 de abril de 1986, la URSS estableció una zona de seguridad (exclusión) de unos 30 kilómetros alrededor del reactor accidentado de la central nuclear de Chernobyl. Toda la población de la zona afectada, es decir, varios miles de personas, se vieron obligadas a dejar sus hogares, quedando una superficie más de 4.200 kilómetros cuadrados totalmente libres de la influencia del ser humano. Del total de dicho espacio, a Ucrania le pertenece algo más de la mitad, mientras que el resto está gestionado por Bielorrusia. Este último, lo ha convertido en la Reserva Radioecológica Estatal de Polesia, siendo una de las reservas naturales más grandes de Europa.

La ciudad de Prípiat ha sido colonizada totalmente por la vegetación natural tras el accidente nuclear.

La fauna y flora silvestre se ha adaptado para habitar en los lugares más contaminados

En la actualidad, la fauna está presente incluso en los lugares más contaminados de la zona, haciendo gala en algunos casos de respuestas adaptativas a los altos niveles de radiación. Por ejemplo, algunos tipos de ranas que viven dentro de la zona excluida, presentan tonalidades de piel más oscuras que las que habitan fuera de ella. Por otro lado, algunos insectos son más sensibles a los parásitos en las zonas más radioactivas, teniendo por lo general una vida más corta. Por su parte, las aves son en muchas ocasiones albinas y presentan algunas alteraciones fisiológicas y genéticas. La cuestión es que la flora y fauna silvestre ha tenido una resistencia a la radiación mucho mayor de lo que en principio se esperaba, ya que ha logrado adaptarse para hacer frente a la radiación sin sufrir apenas daños.

La ausencia del ser humano ha favorecido una fuerte expansión de la vida natural

La ausencia de humanos ha favorecido que la vida natural y silvestre abunde tanto en la zona de exclusión de Bielorrusia como en la de Ucrania. En la actualidad, en los ríos, lagos y frondosos bosques de la zona, las aves y muchas otras especies de mamíferos como los alces, corzos, ardillas, jabalíes, lobos grises, ciervos, linces, zorros y perros mapache son mucho más abundantes que en el pasado. Pero lo más sorprendente, es la proliferación de especies en peligro como los bisontes europeos y los caballos de Przewalski, que fueron introducidas para su conservación. Y por si fuera poco, se ha documentado la presencia de osos pardos, después de haber sido eliminados de estos bosques por los humanos hace más 100 años.

En definitiva, según las observaciones y estudios llevados a cabo, se da la curiosidad que la mayor densidad de especies tanto animales como vegetales y la mayor biodiversidad dentro del área de exclusión, se localiza en los lugares más radioactivos, precisamente los que evitan los seres humanos. Por lo tanto, podríamos llegar a cuestionarnos seriamente lo siguiente: ¿Qué es más dañino sobre el medio natural, la influencia humana o el mayor desastre nuclear de la historia? Aquí ya hemos dado algunas pistas….

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