Cielos azules y tormentas en los paisajes de Patinir, precursor del paisaje en la pintura
El pintor flamenco Joaquim Patinir (1480-1524) fue uno de los precursores del paisaje en la pintura, introduciendo en sus obras un azul envolvente y unas tormentas pintadas con gran realismo.

Joaquim Patinir (1480-1524) fue un pintor flamenco que vivió a caballo entre los siglos XV y XVI, del que no se conocen demasiados detalles de su vida. Tuvo su taller de pintura en Amberes y adquirió una gran fama en su época entre las clases más pudientes. Recibía encargos de la nobleza y la realeza europea y así llegó a convertirse en un pintor muy valorado.
Patinir fue un precursor del paisaje, ya que lo convirtió en el elemento central y más llamativo de sus lienzos. Los motivos religiosos de sus obras quedan relegados a un segundo plano. Para conseguir dar peso al paisaje eleva la línea del horizonte en sus tablas, quedando solo una franja de cielo pequeña, pero muy interesante por el tratamiento del color azul que da a la misma, así como la minuciosidad con la que dibuja los elementos atmosféricos.
Un sugerente azul celeste que nos atrapa
Las atmósferas azuladas de Patinir junto a los llamativos peñascos que también incluye en los paisajes son dos de las señas de identidad de sus composiciones. Su elevada posición social no le obligó a pintar mucho. Sólo se reconocen como suyos una treintena de cuadros, en parte de los cuáles los personajes están pintados por otros artistas de su taller. De ese conjunto de obras, únicamente cinco llevan su firma, lo que invita a pensar que son los únicos que pintó en su totalidad.
Su obra más conocida es, probablemente, El paso de la laguna Estigia, que podemos contemplar en el Museo del Prado. Está dominada por un sugerente color azul. Aparte de la estrecha franja de cielo –salpicado de nubes– y de la opalescencia de los montes y montañas del fondo de la parte izquierda, vemos en ella también la bella tonalidad azul que reflejan las aguas de la laguna que Caronte atraviesa en su barca. El cielo azul celeste con nubes de algodón de la parte izquierda contrasta con el cielo tormentoso y amenazante de la derecha: el paraíso y el infierno; el bien y el mal; el “buen tiempo” y el “mal tiempo”.

Otro cuadro notable de Patinir por su componente atmosférica es Paisaje con san Cristóbal y el Niño Jesús, que tras haber pasado la mayor parte de su “vida” en el Monasterio de El Escorial, puede verse en la actualidad en las Colecciones Reales, en Madrid. Fue pintado hacia 1521 y cumple con el canon del artista flamenco: línea del horizonte alta y preponderancia del paisaje.
El cielo que retrata Patinir en este cuadro es particularmente bello. La atmósfera y los paisajes del fondo están dotados de ese color azulado envolvente firma del artista. Las nubes blancas de la parte derecha son unos cúmulos dotados de gran realismo.
Lo mismo pasa con las nubes grises de la parte izquierda. De aspecto algo tenebroso, se intuye la presencia de una tormenta fuera de la escena, en el lado izquierdo. Esa división de dos tipos de cielo –uno a cada lado del cuadro– se repite en la mayoría de las tablas de Patinir y tiene un carácter simbólico.
Detalles finos en las tormentas
Merece la pena fijar nuestra atención en la fracción de cielo con “mal tiempo” en los cuadros de Patinir, y descubrir los detalles que el artista incorpora a las nubes tormentosas. Haremos la primera parada en Las tentaciones de san Antonio Abad. En esta pintura, como es norma en la mayoría de las composiciones del artista, la porción de cielo se reduce a una estrecha franja de su parte superior, que no representa ni la cuarta parte de las dimensiones verticales de la tabla.

En esa franja celeste, al margen de las figuras demoníacas que incorpora al nubarrón tormentoso, destacan las nubes anexas de color azulado menos oscuro, que habitualmente acompañan a la nube principal (el Cumulonimbus). El meteorólogo Manuel Mora, en sus detallados análisis meteorológicos de los cuadros del Prado, afirma que «las nubes bajas y oscuras asociadas al cumulonimbo nos recuerdan un wall cloud o nube muro, indicativa de tiempo severo (sic) y cuyo nombre técnico como característica suplementaria es murus (…)» Incluso baraja la posibilidad de que lo que Patinir pintó fue una banda nubosa denominada flumen, asociada a supercélulas.

Pero, sin duda, la tormenta por excelencia en los cuadros de Patinir es la que aparece pintada en Paisaje con san Jerónimo. La claridad celeste en las cercanías del horizonte que aparece en la parte central superior de este óleo sobre tabla, contrasta con los nubarrones y el cielo tenebroso del lado izquierdo, donde se aprecian, con gran realismo, las cortinas de precipitación que descargan de la parte delantera de un cumulonimbo.
Ante semejante despliegue de talento artístico, no es de extrañar que estos paisajes, impregnados de esa tonalidad azulada tan sublime y característica, que se funde con el color –también azul– de la atmósfera, captaran la atención de ilustres personajes amantes del arte como Felipe II, que reunió gran parte de la producción del artista en el Monasterio de El Escorial. Esas pequeñas franjas de cielo en los paisajes de Patinir son regalos para la vista, que no solo pintó un gran artista, sino un excelente observador meteorológico.
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