La NASA analiza nuevas muestras del asteroide Bennu y confirma que es más antiguo que la Vía Láctea

Los nuevos análisis de las muestras traídas por la misión OSIRIS-REx revelan que Bennu es un conglomerado de materiales que se formaron en distintos rincones del cosmos, desde el interior del sistema solar hasta estrellas ya extinguidas.

Asteroide Bennu NASA
Imagen en mosaico del asteroide Bennu, creada a partir de imágenes del asteroide captadas por la sonda espacial OSIRIS-REx de la NASA. Crédito: NASA/Goddard/Universidad de Arizona

El asteroide Bennu, objetivo de la misión OSIRIS-REx de la NASA liderada por la Universidad de Arizona, está compuesto por materiales que provienen tanto de nuestro sistema solar como de más allá de él. Durante miles de millones de años, su superficie y su interior fueron moldeados por la interacción con agua y por las duras condiciones del espacio.

Estos hallazgos provienen de tres estudios recientemente publicados en Nature Astronomy y Nature Geoscience, basados en el análisis de las muestras que la nave OSIRIS-REx trajo a la Tierra en 2023. El trabajo, coordinado por el Lunar and Planetary Laboratory de la Universidad de Arizona, involucra a científicos de todo el mundo.

“Es algo que simplemente no se puede hacer con telescopios”, explicó Jessica Barnes, investigadora de la Universidad de Arizona y coautora principal de uno de los artículos. “Es emocionante poder describir en detalle un asteroide del que hemos soñado obtener muestras durante tanto tiempo”.

Un origen violento y diverso

Bennu se formó a partir de fragmentos de un asteroide “padre” mucho mayor que se desintegró tras chocar con otro cuerpo, probablemente en el cinturón de asteroides entre Marte y Júpiter.

Ese asteroide ancestral estaba compuesto por materiales muy variados: algunos nacidos cerca del Sol, otros en regiones externas del sistema solar e incluso polvo estelar procedente de estrellas ya extinguidas.

El equipo liderado por Barnes y Ann Nguyen, del Centro Espacial Johnson de la NASA, encontró en las muestras granos de este polvo estelar, identificables por su particular composición isotópica. Estos restos, más antiguos que el propio sistema solar, se incorporaron a la nube de gas y polvo de la que surgieron los planetas hace más de 4.500 millones de años.

Asteroide Bennu NASA
Jessica Barnes trabaja en el Laboratorio Kuiper-Arizona para el Análisis de Astromateriales de la Universidad de Arizona.

“También hallamos compuestos orgánicos con firmas isotópicas anómalas, probablemente formados en el espacio interestelar, junto con sólidos que nacieron más cerca del Sol”, señaló Barnes. “Por primera vez podemos confirmar que todo ese abanico de materiales está presente en Bennu”.

Agua líquida en el corazón del asteroide

El segundo estudio reveló que los minerales de Bennu se transformaron en gran medida por procesos hidrotermales. Según los investigadores, el asteroide padre acumuló gran cantidad de hielo proveniente de las regiones externas del sistema solar, que se derritió con el tiempo debido al calor residual de su formación, a impactos posteriores y a la desintegración de elementos radiactivos.

“El agua líquida interactúa con los minerales a temperaturas cercanas a los 25 grados, condiciones muy suaves que favorecieron reacciones químicas”, explicó Tom Zega, director del Laboratorio Kuiper-Arizona y coautor del estudio. “Hoy observamos que alrededor del 80 % de los minerales en las muestras contiene agua en su interior, atrapada hace miles de millones de años”.

Cicatrices del espacio

El tercer trabajo analizó las huellas que dejaron los impactos de micrometeoritos y la acción del viento solar en la superficie de las partículas. El fenómeno, conocido como meteorización espacial, provoca la formación de diminutos cráteres y salpicaduras de roca fundida.

El estudio concluye que este desgaste ocurre mucho más rápido de lo que se pensaba, dado que Bennu carece de atmósfera protectora.

Claves para entender nuestro pasado

Los asteroides son auténticos fósiles cósmicos que conservan información sobre la formación del sistema solar. Sin embargo, los meteoritos que alcanzan la superficie terrestre no siempre son un reflejo fiel de esos materiales, ya que muchos se desintegran en la atmósfera o reaccionan con el aire y la humedad tras caer.

“Por eso son tan valiosas las misiones de retorno de muestras como OSIRIS-REx”, enfatizó Zega. “Nos permiten estudiar directamente materiales prístinos, sin las alteraciones que sufrirían en la Tierra”.

Los resultados obtenidos en Bennu, sumados a los de la misión japonesa Hayabusa2 en el asteroide Ryugu, ofrecen un panorama cada vez más rico y complejo sobre cómo se originaron los planetas y, en últim a instancia, cómo se dieron las condiciones para que apareciera la vida en la Tierra.