Incendios en Indonesia cubren de humo Singapur y Malasia

El cultivo de palma está detrás de los incendios que consumen a gran parte de Indonesia y amenazan a Singapur y Malasia. Si la lluvia no llega, la catástrofe medioambiental será enorme.

Enzo Campetella Enzo Campetella Juan José Villena 17 Sep 2019 - 14:34 UTC
Indonesia
Los incendios en Indonesia son imparables porque las lluvias no aparecen. / Imagen: Greenpeace

La quema de bosques nativos para dar paso al cultivo de palma es un problema que parece no tener solución en Indonesia. El problema tiene una fase inicial en los métodos que se usan para liberar tierras generando fuego que devora zonas selváticas a gran escala. De hecho una mezcla de corrupción e intereses económicos hacen que estas prácticas continúen más allá de las críticas internacionales.

Si a ese esquema impuesto sobre las tierras se le suma una sequía persistente, el panorama es desconcertante y desolador. Y es eso lo que está ocurriendo en gran parte de Indonesia. Según lo reportado por el diario El País, y tomando como fuente al Centro Meteorológico de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN), a mitad de septiembre hay 474 incendios activos en en Borneo (Kalimantan) y 387 en Sumatra.

Si la lluvia no reaparece en pocos días, lo más probable es que se desemboque en una gran catástrofe medioambiental, sumado a la ya catastrófica situación que viven los bosques de ese país. El aceite de palma está presente en una gran variedad de productos de consumo diario, aunque nutricionalmente no es una buena alternativa ya que es rico en grasas saturadas. Está presente en cremas, productos para untar, bollería industrial, platos de comida preparada, productos de limpieza, cosméticos y velas.

El aire está cada vez más contaminado

El 85% de cultivo de palma se concentra en Indonesia y Malasia, donde el impacto ambiental y social es enorme. La continua quema de bosques en Indonesia aporta enormes cantidades de dióxido de carbono a la atmósfera, y si bien el gobierno prometió controlar la actividad, lo cierto es que en la práctica hace muy poco.

Para poder controlar el poder imparable del fuego más de 9.000 efectivos han sido desplegados en gran parte de Indonesia. Los operarios se reparten en turnos de 12 horas y la mayoría se encuentra al borde de sus fuerzas. Y los pronósticos no son alentadores ya que la época de lluvias podría llegar en noviembre.

En 2015 una situación similar, con la ayuda de El Niño que estaba activo, consumió más de 2 millones de hectáreas. El problema colateral es que, por los vientos en la zona, el humo de estos incendios contamina el aire que avanza hacia el norte sumergiendo a Singapur y Malasia dentro de una nube tóxica. En aquel evento, la concentración de partículas PM2,5 (muy pequeñas y perjudiciales para la salud) superaron los 400 microgramos por metro cúbico. Para comparar, basta decir que para la Organización Mundial de la Salud (OMS) con solo 25 el aire ya no es saludable.

Miles de vidas en peligro

Al día de hoy alrededor de 23 millones de personas están siendo afectadas. Singapur está siendo muy afectada y cada día amanece envuelta en neblina y smog con la calidad de aire dentro del rango de insalubre. En Malasia, las autoridades han tenido que distribuir medio millón de mascarillas a sus residentes y se han cerrado colegios en varias provincias.

La comunidad científica calcula que la exposición prolongada a este aire tóxico podría provocar 36.000 muertes prematuras al año en Indonesia, Singapur y Malasia en las próximas décadas si no se detiene este modo de producción.

En Indonesia, en los primeros días de septiembre ardían más de 930.000 hectáreas. Si la falta de lluvia se mantiene, como indican los pronósticos, esa cifra podría escalar rápidamente. Lo cierto es que se mezclan los intereses de grandes empresas que avanzan con el cultivo, y pequeños productores que inician fuegos para “limpiar” campos, aunque muchas veces no logran contener el incendio que se inicia.

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