“En las secuencias de sequía la duración suele ser de 2 o 3 años”

Jorge Olcina, Director del Laboratorio de Climatología de la Universidad de Alicante, advierte que la sequía podría alargarse unos meses provocando más problemas en el regadío, restricciones y las clásicas guerras del agua.

Juan José Villena Juan José Villena 26 Oct 2017 - 14:38 UTC
Aspecto del embalse de Mansilla, en La Rioja, el martes. Foto de Agustín Sandoval.

La sequía está dejando un goteo de noticias que presentan un panorama desolador, sobre todo en el sector agropecuario. ASAJA en los últimos días ha presentado informes de pérdidas millonarias en el campo y la ganadería debido a la falta de agua. Esta semana las provincias de Jaén y Córdoba han cuantificado hasta en un 28% la pérdida en la producción de aceite, en Extremadura el cereal ya deja un agujero de 90 millones de euros y en Alicante peligran 29.000 hectáreas de cultivo por falta de riego.

Hace unas semanas el Gobierno no descartó más restricciones en 2018 si la ausencia de precipitaciones continúa. Jorge Olcina, Director del Laboratorio de Climatología de la Universidad de Alicante, ha señalado a Tiempo.com que la persistencia de este periodo dependerá de si se trata de un año seco o una secuencia de sequía. “En las secuencias de sequía, y todo apunta a que esta situación va a ser una de éstas, la duración suele ser de 2 o 3 años”, advierte. Este ciclo seco ya lleva con nosotros un tiempo, “se inició en la primavera de 2016 y desde entonces, con altibajos en las lluvias, no ha hecho más que agravarse”, confirma el geógrafo.

El clima de nuestro país de vez en cuando depara ciclos secos. Esta sequía, según Olcina, “entra dentro del comportamiento climático de nuestras latitudes medias, y especialmente del espacio geográfico ibérico”. Las épocas de ausencia de lluvias en nuestro país aparecen con regularidad, “normalmente cada 10 o 15 años”, apunta. La última gran sequía ocurrió a principios de los años noventa y la anterior data del arranque, también, de los ochenta.

Otra toma del embalse de Mansilla, en La Rioja, el martes. Foto de Agustín Sandoval.

“Lo cierto es que esta secuencia actual no ha respondido a la frecuencia estadística esperada. Tendría que haber ocurrido hace ya varios años y, sin embargo, se ha retrasado”, argumenta el catedrático. Ante la incidencia del cambio climático se muestra claro, “los modelos indican que este tipo de secuencias pueden ser más frecuentes en el futuro”.

Jorge Olcina es crítico con la falta de medidas adoptadas ante una sequía, estadística y climatológicamente, anunciada. “Hemos tenido bastantes años para que la administración iniciara un nuevo proceso de planificación hidrológica, conducente a la elaboración de un nuevo Plan Hidrológico, moderno y adaptado al cambio climático. Y ahora nos ha pillado la situación sin los deberes hechos”, lamenta.

Si en los próximos meses no llueve la situación irá complicándose con numerosas restricciones, problemas en el regadío y, probablemente, con episodios de guerras del agua a partir de la primavera. Esto último, “se podría haber evitado con un nuevo esquema de planificación hidrológica ya elaborado y que nos sirviera para las tres próximas décadas”, comenta el experto.

Datos “muy preocupantes” en los embalses

Los embalses españoles esta semana están al 37,7% de su capacidad total, cerca de quince puntos porcentuales por debajo de la media de la última década. En La Rioja y Castilla-La Mancha ya se sitúan al 16,2% y 18,4% respectivamente, unos datos “muy preocupantes” para el profesor. “La situación es delicada especialmente en aquellos territorios que no pueden echar mano de otras fuentes alternativas de abastecimiento, como la desalación. En la costa mediterránea, allí donde se ha instalado una desaladora, el suministro de las ciudades de la costa estará garantizado”, resalta Olcina.

En estos ciclos llaman especialmente la atención los embalses de la vertiente cantábrica, que parecen perder agua a un ritmo frenético cuando las precipitaciones no acompañan. “Son embalses de ciclo anual. Por eso, cuando no llueve con la regularidad que normalmente tienen las lluvias allí, lo sufren con especial intensidad”, explica el alicantino. “Ya se vivió en la sequía del País Vasco de 1988-90. Nadie pensaba que el Gran Bilbao se podría quedar sin agua para el abastecimiento, pero ocurrió”.

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