Día Mundial Sin Coches: motivos para buscar alternativas

Desde hace décadas el intento de visibilizar un creciente problema medioambiental ha llevado a la celebración del Día Mundial Sin Coches. Pero, ¿de dónde viene esta iniciativa? ¿Cuáles son exactamente los problemas que intenta hacer visibles?

Victor González Victor González 22 Sep 2019 - 16:20 UTC
bici ciudad
Apuesta por la bici, el patinete o el coche eléctrico para circular por la ciudad.

La idea tiene más de 40 años y lleva al menos estas dos últimas décadas celebrándose cada 22 de septiembre a nivel internacional. Si bien, ha sido estos últimos años cuando su repercusión se ha multiplicado. El objetivo es la visibilización del grave problema medioambiental asociado a la utilización masiva del automóvil, animando a todos los conductores a prescindir del vehículo, en especial en las grandes urbes, promoviendo el uso de otros transportes alternativos y de menor impacto.

Esta carga medioambiental asociado al uso del automóvil ha alcanzado tal relevancia que en poblaciones de gran tamaño ha obligado a adoptar algunas medidas que todos conocemos. Básicamente se basan en restringir el tráfico en zonas céntricas de las grandes urbes con la finalidad de reducir la contaminación en esas zonas

No tenemos un problema, sino dos graves y distintos

Por una parte, está presente la emisión de gases de efecto invernadero. Hay que tener en cuenta que estas emisiones proceden de la combustión y, por tanto, no es el automóvil el único causante de las mismas. Por supuesto la quema de combustibles fósiles en cualquier ámbito es hoy día la fuente principal de emisión de estos gases. Este problema es global, de gran alcance y también de acción lenta, tanto su evolución como sus efectos se manifiestan con el paso de los años. Uno de los aspectos más graves que tiene es que tampoco puede mitigarse instantáneamente. El planeta tardaría décadas en recuperar la concentración de estos gases que teníamos el siglo pasado, aunque su emisión se erradicase por completo.

tubo escape
La quema de combustibles fósiles se calcula que están detrás de la muerte de 7 millones de personas al año en el mundo.

Por otra, debemos hablar de gases tóxicos y partículas en suspensión. El dióxido de carbono es un gas de efecto invernadero pero no es un gas tóxico si lo respiramos. Sin embargo, los óxidos de nitrógeno, el ozono troposférico o las partículas en suspensión de menor tamaño sí lo son, y en este caso el automóvil es el responsable de la mayor parte de las emisiones de estos contaminantes en los núcleos urbanos. De hecho, según la Organización Mundial de la Salud (OMS) aproximadamente cada año 7 millones de muertes prematuras son atribuibles a la presencia de contaminantes derivados de la quema de combustibles fósiles en el entorno urbano. En este caso un menor uso del automóvil en las grandes ciudades disminuiría de forma eficaz e instantánea el problema.

Anticiclones y estabilidad atmosférica, aliados de la contaminación

Una de los mayores desafíos a los que se puede enfrentar una zona urbana, que emita una gran cantidad de contaminantes a la atmósfera, es que el aire de esa zona deje de renovarse. En la Península Ibérica hay depresiones y valles en los que aproximadamente un tercio de los días del año se produce inversión térmica en las capas más bajas de la troposfera. Esto supone al menos 100 días al año en los cuales el aire está estratificado y su capacidad de circular es muy limitada. Cuando un periodo anticiclónico garantiza la permanencia de estas condiciones durante varios días seguidos, la acumulación de contaminantes en las poblaciones afectadas puede aumentar progresivamente alcanzando valores muy perjudiciales en poco tiempo.

Por lo general, los periodos anticiclónicos invernales son los más proclives a generar condiciones idóneas para el estancamiento de las masas de aire. En esta época no sólo son frecuentes los periodos de altas presiones, sino que además la escasa insolación y el menor contraste de temperatura entre tierra y océano, atenúan las brisas locales.

Los vehículos eléctricos, ¿son una alternativa limpia?

Una alternativa eficaz siempre va a consistir en limitar a lo estrictamente necesario el uso de cualquier tipo de vehículo, sin embargo, el uso de vehículos eléctricos es una solución al problema de la calidad del aire en las zonas urbanas si se utilizan para sustituir a los motores de combustión interna. Pero, ¿qué pasa con los gases de efecto invernadero?

Obviamente podemos pensar que si la energía generada para cargar un vehículo eléctrico procede de la quema de combustibles fósiles, no tendremos una movilidad baja en emisiones. Aún así debemos recordar un dato importante: el rendimiento de un vehículo con motor de combustión es siempre inferior al 30%, y cuando se usa en trayectos urbanos puede llegar a caer incluso por debajo del 15%. Sin embargo, una central térmica, a parte de un sistema más eficiente de retención de gases y partículas sólidas, tiene un rendimiento muy superior, próximo al 55%. Teniendo en cuenta que los rendimientos de las baterías y motores de un vehículo eléctrico superan el 60%, llegaremos a la conclusión de que para recorrer la misma distancia en un entorno urbano, un vehículo eléctrico dejará menor huella de carbono que uno de combustión interna aunque las fuentes de energía no sean bajas en emisiones.

A todo esto hay que sumar el aumento de fuentes de energía bajas en emisiones, con un aumento constante de las renovables, que por supuesto ayudan a mejorar estas cifras y que deberían seguir siendo una prioridad. No debemos tampoco olvidar alternativas aún más limpias, y es que para movernos por ciudad a veces una simple bicicleta puede facilitarnos mucho las cosas.

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