Día Mundial del Refugiado ¿climático?

Cada 20 de junio se conmemora el Día Mundial del Refugiado, pero en un día como este no podemos olvidarnos de los refugiados climáticos. ¿Por qué esta figura jurídica no existe?

Maider Rodríguez Maider Rodríguez 20 Jun 2019 - 07:45 UTC
Día Mundial del Refugiado
El 4 de diciembre del año 2000 la Asamblea General de la Naciones Unidas declaraba el Día Mundial del Refugiado el 20 de junio.

Según ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, desde 2008 una media anual de 21,5 millones de personas se han desplazado a la fuerza a consecuencia de fenómenos como inundaciones, tormentas, incendios forestales y temperaturas extremas. La ONU diferencia entre varios tipos de personas desplazadas a la fuerza: los refugiados, los apátridas, los desplazados internos, los solicitantes de asilo y los retornados. Pero ¿dónde están los refugiados climáticos? ¿Acaso se han olvidado de ellos?

¿Por qué no se reconoce a los refugiados climáticos?

Los desastres consecuencia de fenómenos naturales también provocan desplazamientos, al igual que las guerras, las persecuciones o el terror. Normalmente son desplazamientos internos, teniendo derecho a todas las garantías de los derechos humanos por parte del Estado. Sin embargo, los desastres provocados por fenómenos naturales también pueden forzar el cruce de fronteras. En este caso, ninguna institución internacional o regional se encarga específicamente del sufrimiento de estas personas.

Son los llamados refugiados ambientales o climáticos. Un término que no tiene ninguna base jurídica en el derecho internacional de los refugiados. Además, en el caso de los desastres de aparición lenta, como la desertificación, es difícil distinguir entre desplazamientos voluntarios y desplazamientos forzados.

La Convención de Ginebra no reconoce las causas climáticas para conceder el estatuto de refugiado. La falta de alimento, agua, sanidad o sustento no sería suficiente para respaldar una solicitud de refugiado según la Convención de 1951. Existe una laguna legal ya que, al no ser reconocidos como refugiados, no tienen derechos en este sentido y difícilmente se puede analizar su situación y proponer soluciones.

Refugiados climáticos
Las migraciones climáticas son una realidad silenciosa.

Países como Suecia o Finlandia incluyen una categoría dentro de las personas que necesitan protección llamada “migrantes ambientales”. Es difícil cuantificar los desplazamientos que genera el calentamiento global, pero se cree que es cuatro veces superior a las migraciones provocadas por los conflictos.

El primer refugiado climático

Ione Teitiota, habitante de Kiribati, una isla del Pacífico Central amenaza por la subida del nivel del mar, intentó convertirse en el primer refugiado climático. Ione y su mujer migraron a Nueva Zelanda en 2007, debido a que el nivel del mar subía de manera vertiginosa y las aguas habían empezado a salinizarse haciendo la vida complicada en su isla natal. No obstante, tras cuatro años de lucha, en el año 2015 Nueva Zelanda le denegó la protección internacional y el estatuto de refugiado repatriándolos nuevamente a Kiribati.

Ante su casi inminente desaparición, Kiribati se ha visto obligada a comprar terreno en Fiyi para poder alojar a su población.

Algunos datos

Según el Banco Mundial, el calentamiento global podría expulsar de sus casas a 140 millones de personas en 30 años. Los principales responsables serían las sequías, la pérdida de cosechas y el aumento del nivel del mar, y las zonas más afectadas el África Subsahariana, Asia Meridional y América Latina.

Dentro del estudio realizado para el Banco Mundial se manejan tres escenarios. El más optimista, en el que seríamos más respetuosos con el clima, se desplazarían entre 31 y 72 millones de personas hasta 2050. El escenario intermedio, propiciaría entre 65 y 105 millones de migraciones y el más pesimista, con elevados niveles de emisión de gases de efecto invernadero, más de 140 millones de desplazamientos.

Estas migraciones, además, se podrían acelerar a partir del año 2050 si continuamos con el actual ritmo de emisiones y si no cumplimos con el Acuerdo de París de limitar el aumento de la temperatura media mundial a finales de siglo de dos grados. Una situación que supone un gran reto para la comunidad humanitaria internacional.

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